Los últimos días de vida de Adolf Hitler fueron todo un delirio. Se dedicaba a gritar a todo aquel que cuestionaba sus órdenes y después de cada arrebato de ira se paseaba de un lado a otro por el borde de la alfombra. Además, ordenaba ataques inviables desde su búnker en Berlín mientras que los soviéticos avanzaban poco a poco.

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El 30 de abril de 1945, el führer decidió poner fin a su vida. Poco después de las dos de la mañana, se despidió de los guardias, sirvientes y personal médico que aún se encontraban en el búnker. Junto a Eva Braun entró en su estudio: diez minutos después, su ayudante de las SS Otto Günsche y Martin Bormann abrieron la puerta. Ambos estaban desplomados en el sofá. Un fuerte olor a cianuro emanaba del cuerpo de la mujer. A su derecha, a Hitler, con la cabeza caída hacia adelante, la sangre le salía por un agujero de bala en su sien derecha; su pistola estaba a sus pies.

Mucho se ha escrito sobre las políticas de Hitler; su vida personal y su vida política. Sin embargo, poco se conoce de aquellos refugios, búnkeres, que fueron el hogar del líder nacionalsocialista durante gran parte de la guerra. Ahora, DMAX estrena el nuevo documental Los cuarteles de Hitler, donde en 10 episodios se recorren los cuarteles que se erigieron durante la Segunda Guerra Mundial en Polonia y Alemania, y de los que se muestra cómo se construyeron, qué función desempeñaban o cuál es su estado actual en la actualidad —a partir del 9 de junio a las 22.30 horas, cada martes—.

"Pasó más de 800 días en Wolsschanze, más de un año en su residencia de Berghof... ¡Solía decir que sus planes más importantes se le ocurrieron allí mismo! Durante el aseo matutino o tomando té con pasteles (le encantaban los dulces) ideaba todo tipo de planes demoníacos", explica el periodista y escritor Łukasz Kazek en una entrevista concedida a EL ESPAÑOL. De la mano del polaco se recorren los refugios del führer desvelando todo tipo de anécdotas que hasta ahora se habían quedado en el olvido.

Un Hitler mundano

Así como los documentales siempre exponen las imágenes de un Hitler enfurecido y agresivo en sus discursos, su vida dentro de los refugios se acercaba a una ilusión de normalidad. Mientras millones de soldados y civiles fallecían en un conflicto que él había iniciado, el dictador se dedicaba a actividades de la vida cotidiana a la espera de noticias desde el frente.

La lectura o la cría de ovejas daban al führer una imagen que se asemejaba a la de los ciudadanos mundanos alemanes. "Los alemanes decían que el führer era como ellos, no era un príncipe o un millonario", explica Kazek a este periódico. Sin embargo, esta estrategia claramente propagandística no tenía calado en la totalidad de la población.

La Guarida del Lobo.

Hubo grupos alemanes que trataron de atentar contra Hitler; alemanes que amenazaron su tranquilidad en el búnker para saber que no todos lo apoyaban. Concretamente, el primera episodio de Los cuarteles de Hitler está dedicado a la Guarida del Lobo, el refugio en el que sufrió uno de los atentados que podía haber acabado con el Tercer Reich. El Coronel Claus Von Stauffenberg, en la conocida como Operación Vlaquiria, detonó una bomba de gran calibre a un par de metros de Hitler, pero una patada inoportuna alejó el maletín que lo portaba haciendo que explotara varios metros más lejos de lo pensado y provocándole heridas leves.

El plan consistía en dar un golpe de estado mediante el ejército de reserva. No obstante, el propósito no era instaurar una democracia. La operación fue efectuada por miembros de corte derechista, muchos aristócratas, que simplemente querían terminar con Hitler. "La gente local es una mafia increíble; muchos son judíos y mestizos. Son una nación que se siente bien solo bajo la batuta. Miles de prisioneros contribuirán a nuestra agricultura", consideraba Stauffenberg de Polonia.

¿Lugar de culto?

De esta manera, Los cuarteles de Hitler recupera aquellas construcciones casi olvidadas que no fueron destruidas y todavía se pueden visitar. Ante el temor de que estas edificaciones se conviertan en un lugar de culto, como ha podido suceder con El Valle de los Caídos en España, Łukasz Kazek defiende que Polonia es consciente de lo ocurrido en Europa entre 1939 y 1945. "Casi todos mis amigos han perdido al menos un miembro de su familia durante la guerra", comenta.

"Cuando los turistas en Polonia visitan el castillo de Ksiaz o los barrios subterráneos sin terminar de Hitler en las montañas del Búho, aprenden principalmente sobre los crímenes cometidos por el Tercer Reich", afirma el polaco. "Nunca he visto estos lugares tratados como lugares de culto para Hitler y su séquito", añade.

De todos modos, comprende que Polonia, "al igual que España", tiene un denominador común en política que a veces tiende a la derecha. Esto se debe, tal y como relata a EL ESPAÑOL, por la gran influencia de la Iglesia en ambos países. "La historia a veces se repite. Creo que conocerla puede ayudarnos a evitar que los errores pasados vuelvan a suceder", considera.