En octubre de 1492 el marinero Rodrigo de Triana, a bordo de La Pinta, era el primero en avistar el Nuevo Mundo. Así, la tripulación al mando de Cristóbal Colón llegaba a un continente hasta el momento desconocido por los europeos. Habían visto América. Lo que fueron incapaces de ver fueron todas las enfermedades e infecciones que traían consigo y que resultarían fatales para los indígenas.

Noticias relacionadas

A lo largo de los años y las constantes exploraciones en el interior del continente, los conquistadores combatían contra los nativos americanos sin saber que, más allá de las armas, la no inmunidad de los nativos era más letal que cualquier arma. El historiador Francisco Guerra escribía en una investigación realizada para la Universidad de Alcalá de Henares que "el equilibrio sanitario de los pueblos americanos con su medio ambiente quedó alterado a partir de 1492, tras el contacto con los españoles que eran portadores inconscientes de nuevas enfermedades". 

De hecho, el propio Cristóbal Colón cayó enfermo de gripe nada más desembarcar en La Isabela, la primera ciudad del Nuevo Mundo. También padeció el tifo exantemático a partir del 27 de septiembre de 1494, cuando navegaba camino de Santo Domingo por el canal de Mona. No se curaría hasta cinco meses después. Era evidente que los marineros que pasaban tantos meses surcando el océano no gozaban de la mejor salud. Así, enfermedades como la viruela o el sarampión se convirtieron en aliados de los españoles para la conquista de América.

Infección de viruela afectando a la población indígena.

Dependiendo de si se trataba de una simple gripe o de epidemias derivadas de picaduras, como la malaria o fiebre amarilla, la expansión se llevaba a cabo por vía respiratorio o por contacto directo. La falta de higiene y de las carencias médicas hacían de estas enfermedades una propagación rápida y letal.

¿Genocidio o pandemia?

Durante años, diferentes historiadores han obviado la gravedad con la que la viruela y el sarampión azotaban a las poblaciones indígenas. Se atribuía casi la totalidad de las muertes a la violencia europea. "La población de La Española superaba con mucho el millón y, posiblemente más que eso, en la época del primer desembarco de Colón: veinte años más tarde, era de aproximadamente 28.000 y, en 1542, de 200", escribe el periodista británico Chris Harman en La otra historia del mundo (Akal).

El colonizador convertido en sacerdote Bartolomé de Las Casas culpó en más de una ocasión los métodos de los colonizadores y los calificaba como "los mayores ultrajes y matanzas de personas". Sin embargo, las investigaciones más recientes responsabilizan por encima de los actos de Colón al contagio involuntario. Asimismo, tal y como explican el propio Guerra junto a María del Carmen Sánchez Téllez en Pestes y remedios en la conquista de América, la gripe hizo que se abandonaran los cultivos, se dispersaras comunidades nativas y hubiera un hambre generalizado. Las consecuencias fueron devastadoras allá donde se propagaban las enfermedades: Cuba, Puerto Rico o Jamaica fueron zonas afectadas.

Los remedios de la época no solo eran ineficaces, sino que eran totalmente inútiles para evitar la expansión. "Ni el vinagre o los sahumerios podían impedir el contagio en las pestilencias, ni los purgantes o las sangrías curar la gripe, la viruela, el tifus, el sarampión o la fiebre amarilla, que fueron los grandes asesinos de españoles e indios", explican los investigadores.

La gran victoria de Hernán Cortés 

No obstante, en términos militares, las enfermedades jugaron un valioso papel en favor de los colonizadores. Desde septiembre de 1520 hasta agosto de 1521 la ciudad de Tenochtitlan estuvo sitiada por los españoles liderados por Hernán Cortés. Ante la dificultad de adentrarse en la ciudad, apareció una inesperada aliada: la viruela.

De esta manera, Cuitláhuac enfermó y falleció en noviembre de 1520 —semanas antes de ver a su pueblo vencer a los españoles—. Había reunido un ejército de tres divisiones con un total de más de 500.000 soldados, miles de veces más numerosos que las fuerzas de Cortés. Pero los contagiados iban creciendo progresivamente y a la viruela se le sumaron la disentería y la fiebre tifoidea.

La lámina del Lienzo de Tlaxcalla en la que se representa la rendición de Cuauhtémoc ante Cortés

"Al quedar cercada la ciudad, estas enfermedades infecciosas se cebaron en los sitiados y Cuauhtemoc —sucesor de Cuitláhuac— se vio obligado a rendirse". La imprecisión de datos de la época y la falta de consenso entre los historiadores actuales dificulta conocer la realidad de hasta qué punto afectaron las enfermedades que llevaron consigo los colonizadores. El geógrafo Jared Diamond, por ejemplo, estima que un 95% de los nativos americanos murieron tras la llegada de Colón por las enfermedades que provenían del Viejo Mundo.

De todas maneras, Sánchez Téllez y Guerra concluyen que "el análisis de los factores sanitarios en el contexto del acontecer histórico tiene importancia fundamental" y que no se puede analizar lo sucedido a los nativos americanos obviando las epidemias que brotaron y a las que difícilmente podían poner freno.