En una tumba de mármol en la iglesia de la Santa María della Steccata, en Parma, con la inscripción mayúscula de la leyenda "Alexander" y escoltados por su morrión y su espada, descansaban hasta hace unos días los restos mortales de Alejandro Farnesio, sobresaliente figura militar del reinado de Felipe II. En pasado porque el cuerpo ha sido exhumado por un equipo de expertos para realizarle una autopsia que dilucide el hasta ahora inédito debate de la causa de su fallecimiento: si fue por la fatiga de emplear toda una vida batallando por media Europa o provocado por el veneno de alguno de sus enemigos.

Noticias relacionadas

Farnesio, "uno de los mejores generales de su tiempo", en palabras del prestigioso hispanista Henry Kamen, fue el comandante militar que más victorias le reportó al rey Prudente —o imprudente, según Geoffrey Parker—, desde la batalla de Lepanto hasta la guerra de religión en Francia y la inflexibilidad que demostró con los rebeldes protestantes durante sus más de diez años como gobernador de Flandes. El único borrón en su expediente, más por la pésima comunicación de la empresa que por su responsabilidad directa, fue el intento frustrado de unirse a la Gran Armada de 1588 e invadir Inglaterra.

El tercer duque de Parma, bisnieto del papa Paulo III y sobrino del propio Felipe II —su madre, Margarita de Austria, era hija ilegítima del emperador Carlos V—, falleció en la noche del 2 al 3 de diciembre de 1592 a los 47 años. Según escribe su biógrafo Luis de Carlos en Alexander (Crítica), sufrió una crisis cardíaca en la abadía de Saint-Vaast, en la localidad francesa de Arras. Pero los expertos italianos dan pábulo a la sospecha —hasta ahora sin aportar ningún documento revelador—, de que Farnesio pudo haber sido envenenado por la animadversión que sus éxitos militares y políticos habían suscitado.

Retrato de un joven Alejandro Franesio, pintado por Sofonisba Anguissola. Museo Nacional de Irlanda

Los historiadores Giuseppe Bertini y Anna Zaniboni han sido los impulsores de esta iniciativa —coincidente en el año en que Parma es la capital italiana de la cultura—, en colaboración con los profesionales del Instituto de Medicina Legal del Hospital Mayor de Parma y la policía científica. "El proyecto nació para dar la justa atención al personaje más importante de la historia parmesana", ha señalado Zaniboni. La exhumación de Farnesio y su esposa, María de Portugal, ambos enterrados en un féretro de madera conservado en otra caja de cobre, fue una operación delicada que llevó varias horas.

¿Pero en qué evidencias históricas se basa esta línea de investigación para acometer el desentierro más de cuatro siglos después? Según los historiadores parmesanos, en declaraciones a la prensa local, los triunfos de Farnesio "despertaron una fuerte envidia entre sus amigos, comenzando por el propio Felipe II". Y eso es todo. Parece que su único respaldo es una operación similar realizada con Cangrande della Scala, gobernante de Verona en el siglo XIV, cuyo análisis arrojó vestigios de veneno.

"Me ha sorprendido bastante la noticia, es una hipótesis novedosa porque hasta ahora nadie había insinuado esa posibilidad", explica a este periódico Luis de Carlos, autor de la última biografía sobre el militar. "Siempre se ha entendido que Farnesio falleció de muerte natural, desconozco si estos historiadores habrán hallado algún documento inédito".

Enfermedades y heridas

Al duque de Parma, que debía sumar sus Tercios de Flandes al resto de la flota española en Calais, se le había señalado como el responsable del desastre de la Gran Armada y de traidor al rey —a quien había advertido de la inviabilidad de la empresa—. Desde ese momento, sus enemigos no cesaron de aumentar tanto en los Países Bajos como entre los agentes españoles en Francia. Esto, sumado a sus cada vez más frecuentes discrepancias por correspondencia, provocó que Felipe II tomase la decisión de apartar a Farnesio del gobierno de Flandes y el 20 de febrero de 1592 hizo redactar una carta —que nunca leería— en la que le llamaba a España.

'Farnesio, por España, cabalga y carga', de Ferrer-Dalmau.

Para aquel entonces, la salud de Alejandro Farnesio, que padecía de gota e hidropesía, ya estaba bastante debilitada. En abril de 1592, durante su segunda intervención en territorio galo para apoyar militarmente a la Liga Católica, fue herido en Caudebec por una bala de arcabuz que se alojó en un antebrazo, por lo que tuvo que someterse a una dolorosa operación quirúrgica. La herida se infectó y la condición del duque de Parma, con fiebre elevada, se agravó, obligándole a guardar reposo en cama.

Regresaría a Flandes para tratar de recuperarse, aunque nunca lo lograría antes de volver a ser convocado por Felipe II para mediar en Francia sobre la coronación del nuevo monarca. Según un testigo que le vio salir de Bruselas unos días antes de su muerte, Farnesio "se iba cayendo del caballo, y a no llevar dos lacayos a los lados que le iban teniendo, diera muchas veces en el suelo". Los relatos históricos refieren una salud pésima del prestigioso militar y en ningún momento mencionan una hipotética conspiración para asesinarle.

"El caso me recuerda a todas las especulaciones que hubo sobre la muerte de Juan de Austria", recuerda Luis de Carlos. "Me parece interesante que con medios modernos se analice el cadáver y ver los resultados. De descubrirse el envenenamiento, se abriría el debate sobre quién lo pudo hacer: los protestantes franceses, los rebeldes holandeses... o el propio Felipe II para quitárselo de en medio". La historia de este brillante militar del siglo XVI busca culminar su final.