Puzle de un mapa de España de los años 80.

Puzle de un mapa de España de los años 80.

Historia

Razones históricas por las que León quiere separarse de Castilla: de gran reino a región olvidada

El movimiento leonesista registró su mayor auge a principios de los años 80, antes de que se constituyese la comunidad autónoma de Castilla y León.

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"¡Qué maravilla, León sin Castilla!". El lema lo rezaba una pancarta que un señor bien entrado en años sostenía este viernes en la Plaza de San Marcelo, sede del Ayuntamiento leonés, donde al mismo tiempo se daba, con los votos de PSOE y Podemos, un nuevo paso para reivindicar "el derecho a la constitución como comunidad autónoma de la Región Leonesa", que estaría formada por las provincias de León, Zamora y Salamanca.

¿Qué quiere decir esto? ¿Otra parte del territorio español que pretender independizarse, como Cataluña? No exactamente. Así lo explica Esther Alonso, una de las integrantes de la asociación leonesista 'Conceyu País Llionés': "Los leoneses son españoles y no se quieren ir a ningún sitio, solamente no quieren estar con Castilla". Es un sentimiento de no pertenencia que, según sus partidarios, se manifiesta —de forma minoritaria— desde que la región de León, definida como tal desde 1833, tuvo que unirse a Castilla la Vieja en 1983.

De aquel enlace nació la comunidad autónoma de Castilla y León. En el propio nombre, algunos ya quisieron ver una anomalía: la existencia de una conjunción copulativa como la "y" conducía a la interpretación de una autonomía doble, compuesta por dos regiones, en la que León actuaría como "apellido" de Castilla. Sea defendible o no este argumento, lo cierto es que León —cuyo escudo luce en el segundo cuartel del símbolo heráldico español— ocupa un lugar muy relevante en la historia de España.

Un cartel en el que se ha cambiado la denominación de Castilla y León por la de Reino de León.

Un cartel en el que se ha cambiado la denominación de Castilla y León por la de "Reino de León". Futuro Región Leonesa

El Reino de León

Durante la Edad Media, en su momento más álgido, el Reino de León abarcaba prácticamente un cuarto de la Península Ibérica. Bajo sus fronteras se enmarcaban territorios como Galicia, Asturias, Extremadura, Castilla o el norte de Portugal, y se convirtió en una de las potencias hegemónicas cristianas que desempeñó un papel fundamental en la llamada Reconquista, con los reyes Alfonso VI y Ramiro II a la cabeza de estas empresas bélicas.

La génesis del Reino leonés se halla en el traslado, en el año 910, de la corte del Reino de Asturias desde Oviedo hasta la ciudad León, un lugar donde en el siglo I había establecido la VII Legión del Imperio romano una suerte de capital militar para Hispania que se prolongaría durante tres siglos. Aquella decisión fue acordada por el rey García I después del fallecimiento de su padre Alfonso III el Magno, quien ya había utilizado León como base para lanzar sus conquistas sobre el territorio musulmán.

Doña Urraca de León, pintada por Carlos Múgica y Pérez

Doña Urraca de León, pintada por Carlos Múgica y Pérez Museo del Prado

Durante los tres siglos de vida del Reino de León hubo guerras civiles, dos independencias —las de Portugal y Castilla—, unas fronteras muy elásticas y las regencias de algunos de los reyes más poderosos de la Europa de la época. Están Ordoño II y Ramiro II, némesis del califa cordobés Abderramán III; Alfonso V, impulsor del Fuero de León, el primero que se dicta en la Península y en el que se incluían preceptos como el derecho a la seguridad personal o el derecho a la propiedad privada; o Alfonso VI, conquistador de Toledo (1085) y emperador de Hispania.

Una lista a la que habría que sumar otros nombres destacados como el de Doña Urraca (1081-1126), la primera mujer en la historia de España en reinar por derecho propio, o el de Alfonso IX, impulsor de la Universidad de Salamanca y  encargado de convocar las Cortes de León de 1188, calificadas por la Unesco como "el testimonio documental más antiguo del sistema parlamentario europeo".

León seguiría gozando de una posición predominante, a pesar de las embestidas de Portugal y Castilla —de hecho, no habría un ejército leonés oficial en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), una de las más relevantes de la Reconquista—, hasta la muerte del rey Alfonso IX en 1230. La unión entre Castilla y León sería forjada por su hijo Fernando III, a pesar de que el rey leonés reconocía como herederas al trono a las infantas doña Sancha y doña Dulce, hijas de su primera mujer, Teresa de Portugal, y renegaba de su otro vástago.

De reino a región

A pesar de quedar integradas bajo una nueva entidad política y territorial como la Corona de Castilla, las Cortes de León permanecieron actuando de forma independiente; e incluso el postergado reino siguió empleando moneda y una lengua romance propias —el asturleonés, del que hoy todavía se conservan algunos coletazos— durante varios siglos.

La Junta del Reino de León se reuniría por última vez en 1808, estallada la Guerra de la Independencia, que a su vez constituiría la Junta Superior de León, dependiente de la Junta Suprema Central.

Mapa de España en 1841.

Mapa de España en 1841.

A la muerte de Fernando VII en 1833 y con la nueva división territorial de España, aprobada por decreto, León se convirtió en una de las 49 provincias españolas, y junto con las de Zamora y Salmanca, pasó a formar la región de León o Región Leonesa. Esta nomenclatura seguiría vigente hasta la entrada en vigor en 1983 de la comunidad autónoma de Castilla y León, que aunaba las citadas demarcaciones con las de Castilla la Vieja: Palencia, Valladolid, Segovia, Soria, Ávila, Burgos y Santander y Logroño, que terminarían apostando por comunidades uniprovinciales.

Durante todo el proceso preautonómico, iniciado en 1978 con la aprobación de la Constitución española, surgieron varios grupos leonesistas que, como ha sucedido este viernes, reivindicaron su especificidad de región histórica para constituirse en una comunidad autónoma independiente. Para entonces, solo la mitad de leoneses y castellanos apoyaban inequívocamente la autonomía única, enfrentados a los partidarios del movimiento 'León solo', y el debate llegó al Congreso y al Senado.

Curiosamente, en el terreno político, los parlamentarios del PSOE —ahora a favor de la (re)constitución de la región de León— fueron los que trataron de refutar con mayor énfasis las posturas leonesistas, defendidas por el grupo de Alianza Popular. Sin embargo, sería del diputado (por León) de UCD Rodolfo Martín Villa —que apostaba por capital en Tordesillas— el principal defensor de la integración de su provincia en el ente autonómico.

Las enmiendas a la totalidad del proyecto leonesista cosecharon sonoras derrotas en ambas cámaras. Ahora, este movimiento vuelve a resurgir cual ave fénix después de que se hayan aprobado en pleno consistorial los primeros pasos hacia una —utópica— "Región Leonesa". Porque una parte de León lleva décadas queriendo separarse de Castilla.