Fotograma de O que arde.

Fotograma de O que arde.

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La Galicia vacía (y quemada) que nadie mira y conquista Cannes

Olivier Laxe se coloca como el favorito de la sección Un certain Regard con 'O que arde', un retrato hermoso de la vida rural gallega.

Cannes

Galicia es una de las comunidades más afectadas por los incendios. Su zona rural es una de las más olvidadas. Para la opinión pública y las autoridades, sus pueblos solo interesan cuando sale en las noticias porque un fuego ha arrasado todo. Después vuelven a desaparecer del mapa. Detrás de las noticias, de los titulares y de los datos también existe una persona. Incluso en la figura del pirómano hay un ser humano que siempre se trata en los medios como un ser informe lleno de maldad.

Olivier Laxe, uno de los niños mimados de Cannes, nació en París, pero se crió en Galicia, donde nacieron sus padres. En su tercera película, O que arde, ha puesto su particular y poética mirada en esos pueblos olvidados por Galicia que sufren la furia de las llamas. Lo hace con un punto de vista diferente, el de un pirómano que sale de la cárcel y vuelve a casa de su madre, y con dos de las escenas más potentes que se han visto en Cannes, el prólogo a la historia -con una máquina limpiando el monte de eucaliptos-, y el final, un incendio captado como nunca antes se había visto y para el que investigó cómo trabajaban las brigadas antiincendios.

Con estos dos personajes, para los que ha recurrido a actores no profesionales, Laxe construye un drama sobre el mundo rural, las relaciones materno filales, la España vacía y cómo las comunidades necesitan alguien a quien culpar y a quien atacar. Cuando un nuevo fuego asole la zona todos tendrán claro que Amador, el protagonista, será el culpable. Olivier Laxe capta todo eso sin prisas, dejando respirar cada plano, captando la belleza en cada gesto, en la rutina de una España que deja de existir y que parece que sólo hay una forma de revitalizar, con el turismo.

El director Olivier Laxe.

El director Olivier Laxe. EFE

O que arde es la primera película en gallego en 72 años de festival, y lo ha conseguido sin apoyo de la televisión pública española, algo que Laxe considera que tendría que ser fundamental para que este cine sobreviva y crezca. “En esta película he logrado el 60% de financiación de otros países de Europa, y es la primera vez que me financia Francia, que luego la gente dice que venimos a Cannes porque hay dinero fancés y no es así. Está muy difícil la cosa. Ninguna película de Albert Serra ni ninguna de las mías han estado apoyadas por la televisión pública, que es de todos, y eso es muy grave y no pasa en otros países. Sin las televisiones no se puede hacer cine, pero está esa idea de que el público es inmutable… se dice ‘esto es lo que quiere el público’, y no es cierto. Nosotros esculpimos el público, crecen con nosotros como realizadores y podemos crear el espectador que queramos”, ha contado a EL ESPAÑOL desde Cannes, donde las quinielas le colocan como favorita en Una cierta mirada.

Laxe nació en París, peros sus padres son gallegos emigrados y él siente sus raíces en la tierra española a la que se fue a vivir para preparar este filme. “Me considero gallego, pero creo que los artistas somos unos extranjeros, necesitamos distancia para ver las cosas, porque de cerca no se ve de nada. Hay que distanciarse y hacer un viaje largo, el cineasta es como un Prometeo que va con la antorcha apagada y va lejos a por un fuego, y ese fuego es decirle al espectador: mira esta luz que he encontrado”, apunta.

Nosotros esculpimos el público, crecen con nosotros como realizadores y podemos crear el espectador que queramos

Los gallegos han aprendido a convivir con el fuego, y con los incendios. Y para Olivier Laxe lo hacen “de manera muy zen, que es como nos tomamos todo en Galicia, aceptándolo con ese desapego, que decimos, si es así es por algo. No entendemos por qué pasan las cosas, pero por algo será, y eso he querido recoger”. Su película tiene una mirada limpia, que no juzga a su personaje, un supuesto pirómano, sino que intenta entender lo que hay más allá, por eso “no busco culpables, sino lo contrario, entender la complejidad del mundo y que ante esa complejidad hay que ser cautos, tolerantes y amorosos”.

Pero por desgracia, la sociedad no está preparada para ser tolerante, al revés, lo que hacen es “juzgar y encasillar”. “Estamos en una sociedad que busca sangre, y yo participo en esa rabia colectiva. Todos somos un poco culpables”, opina Laxe que también cree que lo que se ha hecho con los montes es “atroz, un holocausto”, y que tiene que ver con esa España vacía que tanto mencionan los políticos.

Fotograma de O que arde.

Fotograma de O que arde.

“Es ese mito del progreso que nos hemos creído todos. La mitad de los pueblos abandonados de España están en Galicia y están sufriendo mucho. Y a la hora de culpar por los incendios… ¿quién se encarga del campo? Nadie, porque no hay nadie, y en verano con dos semanas de sequía eso es un polvorín. Además está la industria del fuego, hay intereses, accidentes. Sí que hago una crítica a la modernidad, pero sin romanticismo,. Hay que mirar al futuro con esos valores, enraizarnos en la tradición, que creo que tenemos esa suerte de conectar con el campo que nos hace ser mas sanos que en el resto de Europa y eso hay que protegerlo”, zanja sin darse cuenta que también habla de su cine, un tipo de película que hay que proteger como a los montes del fuego de las multisalas y las megaproducciones.