El thriller de venganza suele desprender aroma a Varón Dandy. A macho testosterónico. Ese Liam Neeson tomando la justicia por su cuenta porque unos malos malísimos le han hecho alguna salvajada, o la típica pareja de policías que ahogan sus penas en el bar tras una larga jornada de patear el culo a los matones del barrio.

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Los estereotipos cipotudos se han trasladado durante décadas, y en plena época del Me Too algo ha cambiado en el thriller. De hecho es curioso que dos películas españolas recientes hayan dado un giro a los estereotipos de este tipo de género para convertirse, cada una a su modo, en dos reflexiones contra los abusos de poder y el machismo de la sociedad.

En Tu hijo (el 2 de marzo en Netflix), Miguel Ángel Vivas mostraba al espectador todos los prejuicios de clase y género existentes en la sociedad con una propuesta sencilla en un primer vistazo, pero con un giro final que obligaba a revisarnos. Aquel José Coronado a lo Charles Bronson, traumatizado por la paliza dada a su hijo perfecto, era el prototipo ideal para que los espectadores empatizaran con su causa. Pero quizás no debía ser así.

Algo parecido, aunque de forma menos brillante y efectiva, ocurre con Feedback, debut de Pedro C. Alonso producido por Jaume Collet Serra. Un locutor de radio se ve secuestrado en la emisora donde trabaja. No puede desconectar la emisión. Lo que buscan es una confesión a lo que ocurrió en un hotel hace años con su compañero presentador. A través del género (con guiños incluso al gore) habla del machismo de la sociedad, pero sobre todo del abuso de poder y de la inviolabilidad de ciertas personas como el Jarvis al que da vida de forma brillante el británico Eddie Marsan.

El director español comentaba en un encuentro con periodistas que cree que ahí radica “el poder del género”, en hablar de tramas importantes sin necesidad de ser moralizantes. En su caso le interesaba realizar una “mirada al poder”. “No podemos acostumbrarnos a que el poder sea algo abstracto, que está en rascacielos, porque todo el mundo tiene poder sobre alguien, todos tenemos una cuota de poder, y la ejercemos".

"La irresponsabilidad es lo que provoca la corrupción, porque la corrupción no surge como el moho, aunque se extiende como el moho, pero viene de algo y viene de una irresponsabilidad y hay que hablar de eso. No es pensar sólo en banqueros y en poderosos, sino en el poder que tenemos todos, o el que tiene un padre sobre un hijo, que es un poder total y que puede corromperse, y eso es perfecto para hablar de estas sin necesidad de adoctrinar”.

No podemos acostumbrarnos a que el poder sea algo abstracto, que está en rascacielos, porque todo el mundo tiene poder sobre alguien, todos tenemos una cuota de poder, y la ejercemos

Para su protagonista, Ivana Baquero, la niña de El laberinto del fauno, es difícil hablar de este tema sin reventar las sorpresas de la película, pero cree que es importante que se hable de estas cosas. “Hay cosas que reivindicar, y sacar a la luz… no quiero desvelar mucho pero me interesaba este personaje porque tras esos sucesos traumáticos hay una pregunta, y es qué falló en la sociedad y en el sistema para que ella no recibiera ayuda, para que no pudiera superarlo… por eso hay cosas que hay que sacar a la luz, pero creo que cada mujer vive su proceso y a veces es importante perdonar de alguna manera para poder superar”, explicaba.

A Eddie Marsan le ha tocado un personaje que domina a la perfección. El del lobo con piel de cordero. En esta ocasión un reportero en contra del brexit, moderno y tajante en sus editoriales pero con un lado oscuro que irá saliendo según se tense la situación, aunque a él no le de miedo interpretar a personajes desagradables. “He retratado a Himler y a otros cabrones, me he meado en Olivia Colman… estoy acostumbrado, pero lo importante es no retratarles como cabrones, sino pensar en qué es lo que quieren lograr. Nunca pensé en Jarvis como una mala persona, sino en alguien con un secreto que se ha convertido en un activista para compensar su pasado”, decía el británico.

Un interesante debut que demuestra que el Me Too ha tenido un efecto transversal que ha llegado a la ficción. Las películas, y muy especialmente las de género, hablan del machismo, del abuso de poder y del patriarcado y sus efectos en la sociedad.