Netflix lo quiere todo. Quiere producir las mejores series, adquirir las más populares del resto de cadenas, comprar películas de éxito, producir las suyas propias… Netflix quiere que no te levantes del sofá de tu casa, que lo conviertas en tu propia sala de cine, de series, de documentales, de monólogos y hasta de conciertos. Su lista de adquisiciones es cada vez mayor, y su catálogo empieza a ser inabarcable y a estar supeditado a un algoritmo que te recomienda lo que cree que te puede gustar.

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Pero la ambición de Netflix no se queda ahí. Netflix quiere dinero, pero también prestigio, premios y loas. Netflix quiere el Emmy y quiere, de una vez, su Oscar. Quiere hasta comprar cines y quiere demostrar que es el estudio más potente de Hollywood y que puede cambiar las dinámicas de exhibición y distribución de películas.

Para ello ha desarrollado una política de producción original ambiciosa y muy cara. 13.000 millones para nuevo contenido y fichando a los mejores directores de Hollywood. Este año ya han llegado los hermanos Coen y Alfonso Cuarón con Roma, la mejor película del año y producida por Netflix, pero es que el año que viene llegará Martin Scorsese, J. C. Chandor o Ava DuVernay. Esto significa que estrellas como Meryl Streep, Ben Affleck o Ryan Reynolds estrenarán sus nuevos filmes directamente en tu casa… o no.

La burbuja de Netflix también ha llegado a los precios de las producciones. Comenzaron con títulos pequeños, de poco coste y fácil amortización, pero han ido subiendo y subiendo. Bright, con Will Smith como cabeza de cartel ya superó los 100 millones de presupuesto, y lo nuevo de Michael Bay (autor de Transformers) ya se ha tasado en más de 200 millones de dólares Las cifras de la compañía marean y dejan en ridículo a las de los estudios tradicionales , ya que en 2019 se espera que estrene 90 películas originales, tres veces más que cualquier estudio rival.

¿Dónde las vemos?

La llegada de Roma ha supuesto también un terremoto al mercado de la exhibición y la distribución. Tras la polémica en el Festival de Cannes, donde el filme fue retirado por no comprometerse a estrenar en salas francesas antes de su llegada a la plataforma.

Los rumores de lo ocurrido después son para todos los gustos. La mayoría apuntan a que Alfonso Cuarón, el director, impuso su decisión de estrenar el filme en salas comerciales y no sólo en un par para poder ir a los Oscar. De hecho, el mexicano se ha implicado de forma personal en que la película, todo un evento en México, llegue a cuantos más cines pueda debido a la negativa de las dos principales cadenas de salas a proyectarla por no cumplir los tiempos establecidos entre las ventanas de exhibición (el tiempo que pasa entre que un filme llega a cines y a cualquier servicio de pago doméstico).

En España ha pasado lo mismo. A pesar de las expectativas, de los premios y de ser la película del año, Roma ha llegado a sólo cinco salas. Cinesa ha dejado claro que cualquier estreno que no respete los tiempos no se podrá ver en sus locales. La ironía es que en España no existe un tiempo marcado por ley y todo responde a un pacto no escrito entre diferentes actores del sistema. Por su parte Roma sigue llenando esas cinco salas de público adulto y cinéfilo mientras ya se puede ver en casa en Netflix.

Netflix ya ha claudicado en su primera decisión: nada pasa por salas. Ha entendido que algunas de sus producciones necesitan las salas para llegar a otro tipo de público. La siguiente será The irishman, lo nuevo de Martin Scorsese en la que lleva un año enfrascado. Si quiere ir a Cannes tiene que estrenar en salas, igual que si quiere ir a los Oscar, y si pretende que un público adulto que va al cine casi todas las semanas la vean. Su siguiente paso será encontrar un equilibrio entre el tiempo de exclusividad que da a las salas para que no sean tan pocas las que acepten sus normas. Sólo diez días, como con Roma, se ha demostrado que es poco tiempo.

Ambas partes tendrán que ceder, o al menos de momento, ya que muchos prevén que el siguiente paso empresarial de Netflix será comprar sus propios cines para emitir sus películas sin que tenga que establecer alianzas y esperar tiempos para ponerla en su plataforma. Según Los Ángeles Times ya se han establecido movimientos en Los Ángeles y Nueva York para poner sus películas en los cines Landmark, aunque más como empuje de cara a los Oscar que como cambio de estrategia, ya que de momento sigue apostando por el 'day and date', también en nuestro país. Eso significa que las salas tengan las películas, pero el mismo día que salen en streaming, algo que sigue echando para atrás a la mayoría de exhibidores. La próxima parada en la pelea: Cannes 2019.