Los artistas holandeses del siglo XVII fueron los mayores fanáticos del selfi. Rembrandt es modelo en el género del autorretrato: en sus pinturas se observa desde su juventud a la vejez. Otros artistas sólo prefirieron mirarse una sola vez, como Judith Leyster. La exposición Autorretratos holandeses - Selfies de la Edad de Oro, que se presenta en el museo Mauritshuis de La Haya hasta enero, reúne 27 ejemplos del asunto.   

La exposición juega con el nuevo concepto de selfi y lo compara con la antigua tradición artística de quien se retrata a sí mismo. En un autorretrato el artista se presenta a sí mismo, muestra lo que encuentra importante a su alrededor, presenta su profesión, su estatus y posición el mundo. Con su mirada inquisitiva, el autor parece estar mirando directo al espectador.

No fue sólo un retrato del pintor, fue también una declaración de su trabajo

Ahora un autorretrato es muy fácil de hacer: “En cualquier lugar o momento del día, docenas de veces seguidas si se quiere. En el siglo XVII esto era inimaginable”, explican los responsables de la exposición. “El selfi moderno se hace con facilidad, a veces incluso sin cuidado. Pintar un autorretrato en el siglo XVII requería un largo entrenamiento y una artesanía considerable”, añaden. Las diferencias son significativas, pero una cosa se mantuvo sin cambios: los protagonistas deciden cómo presentarse. “Hoy los autorretratos son muy populares. Esto significa que millones de personas piensan a menudo en cómo quieren mostrarse a los demás”.  

Un autorretrato en el museo de La Haya Museo Mauritshuis

El autorretrato de los artistas flamencos surgió como respuesta a la competencia feroz, que amenazaba por el aumento en la producción de la pintura. “Puso cara al artista y a su trabajo", dicen desde el museo Mauritshuis. “No fue sólo un retrato del pintor, fue también una declaración de su trabajo”. Estas obras muestran quién era el artista y cuáles sus capacidades.

Eran la carta de presentación del autor: “Son retratos de una calidad extrema, en ellos se puede ver cómo el pintor se quiso presentar al mundo”, dicen en el Museo Mauritshuis. Con ellos demostraban su talento para lograr un buen parecido y su forma de representar en lienzo.  

Obra de Huydh Pietersz Voskuyl.

Un ejemplo del concepto “tarjeta de visita” es el autorretrato de Huygh Pietersz Voskuyl, imagen seleccionada por los responsables para dar a conocer la exposición. "Muestra muchos pequeños detalles, como la barba o el pequeño bordado en la camisa, incluso una especie de pared con paneles de madera falsa detrás de él ", dice Emilie Gordenker, directora del museo. "Se puede ver la destreza con la que pintó. Esto habrá sido, sin duda, una muy buena publicidad para lo que podía hacer", añade.

La exposición está diseñada para que el visitante se vea cara a cara con los artistas y, además, se encuentre con su propia imagen. Las paredes son de espejos para que el espectador se ponga a sí mismo en el punto de mira y sea consciente de su propia presentación al mundo exterior. Además, quien desee puede tomarse una foto con las obras. Desde el museo invitan a hacerlo: “Una visita a la exposición de autorretratos holandeses no está completa sin un selfi propio”. 

Leyster

Desde el museo de La Haya destacan los tipos de autorretrato que se ven en los autores flamencos. En primer lugar, el comercial, representado por Judith Leyster, que aparece con sus atributos comerciales (paleta, pinceles y caballete con una obra de su autoría). La pintura forma parte de la categoría más común en los autores holandeses. Otro caso diferente es el de Arie de Vos, que aparece representando el papel de cazador. Jan Steen, también presente en la exposición, se representa a sí mismo como músico. Y, por último, el que se representa con un estatus social, como Gerard ter Borch, que se pinta como un caballero de la clase media alta holandesa. 

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