Benjamín Prado (Madrid, 1961) tiene un nuevo encargo para su profesor-detective Juan Urbano. En Todo lo carga el diablo (Alfaguara), la quinta entrega de esta serie que reconstruye episodios del pasado reciente de España y llega a su ecuador, el escritor se sumerge en las biografías de dos deportistas pioneras: Margot Moles y Ernestina Maenza, las primeras deportistas españolas en competir en unos JJOO de Invierno, los de Garmisch-Partenkirchen en 1936, en plena Alemania nazi.

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Pero Urbano deberá indagar la trágica vida de Caridad Santafé, un personaje de ficción que se suma a la aventura de las otras dos atletas. En esta novela, Benjamín Prado no solo saca lustre al progreso y los éxitos logrados por las mujeres en todos los ámbitos sociales antes del estallido de la Guerra Civil y su posterior borrado bajo los códigos morales e ideológicos de la dictadura franquista, también construye una trama policíaca sobre escándalos médicos con ecos del presente.

¿Por qué recuperar las historias de estas pioneras?

Sus hazañas eran muy desconocidas. Estas dos mujeres son las primeras españolas que participan en unos Juegos Olímpicos de Invierno, donde tuvieron una actuación heroica. Ha sido muy divertido contar eso: cómo pelean en condiciones infrahumanas contra las otras atletas que viven en la villa olímpica y ellas en una pensión. Las fotos de la pobre Ernestina vestida para hacer un eslalon gigante con una cazadorcita de cuero más bien para irse a tomar una copa por la Malasaña de los 80. Y me llamó la atención que esos personajes que deberían ser dos mitos hubieran desaparecido de los anales.

Margot Moles es un poquito más conocida, pero Ernestina, que era esposa del dibujante Enrique Herrero, no: es absolutamente desconocida. Empecé a indagar su historia y me pareció fascinante. He construido una especie de biografía fantasmal sumando todo lo que no se ha dicho de ella: los sitios de los que la han tachado, de los que la han recortado… Un trabajo de deducción, de inventar con datos. Un personaje real que he tenido que reconstruir como si fuera de ficción.

¿El personaje de Caridad Santafé en quién está inspirado? Me recuerda por algunas cosas a Ana María Martínez Sagi.

Sí, claro, a todo ese grupo. Es una época anterior a la Guerra Civil, la España de la Institución Libre de Enseñanza, la de las residencias de Estudiantes y Señoritas, y es un momento en que las mujeres empiezan a ocupar un lugar y pelean mucho por que así sea: en el ámbito académico, político, universitario, científico, artístico y también en el mundo del deporte. Se lucha por que se registren sus récords y aparecen atletas maravillosas como estas dos.

Dos mujeres, dos amigas, ideológicamente opuestas.

Margot Moles, republicana, Ernestina Maenza, de derechas, partidaria al principio de la sublevación. Las dos fueron borradas del mapa cuando, con la dictadura, el deporte femenino empezó a considerarse una indecencia, una exhibición perniciosa y pecaminosa del cuerpo femenino, que es donde esta gente pone todo el pecado: parece el epicentro de todas las tentaciones desde Adán y Eva. A una la proscribieron por razones ideológicas [Margot era esposa de un oficial del Ejército republicano], a otra por razones morales.

España no es un país guerracivilista

¿Fueron las mujeres las grandes perdedoras de la guerra?

Las mujeres pierden dos veces cada guerra: la misma que pierden todos los demás y una extra cuando se establecen los sistemas de control patriarcales en los que tienen absolutamente todo el derecho del mundo para quejarse. Estamos hablando de dos atletas de los años 30, pero es que en el siglo XXI y vendemos como una gran hazaña que se le haga caso al fútbol femenino, por ejemplo. En la novela se menciona por encima la muerte de Blanca Fernández Ochoa, la única atleta española en conseguir una medalla en unos JJOO de Invierno y que se murió pidiéndole a la Federación que le dieran un trabajo de lo que fuera… Las cosas obviamente han cambiado, pero otras tienen que seguir cambiando un poco más.

Hay casos como el de Clara Campoamor que están muy en boga en la actualidad, un referente feminista. Las otras, como Victoria Kent, ¿cree que son presas de las convicciones de la época y que por eso no se las reivindica tanto?

Lo primero que hay que reivindicar es la batalla moral. Estas dos mujeres y muchos personajes que salen en la novela son gente decente, buena, con talento. Muchos de ellos eran de derechas y seguramente lamentaron pronto haber apoyado un levantamiento militar de un asesino como Franco. Ellos pensaban en la restauración de la monarquía como gente conservadora. La novela tiene una reivindicación del temperamento moral, de la gente más allá de las ideologías. Que Margot y Ernestina estén ideológicamente en las antípodas, fueran amigas, se ayudaran siempre, es algo, por desgracia, bastante difícil de imaginar en estos momentos de tanta militancia en el peor sentido de la palabra.

Portada de 'Todo lo carga el diablo'. Alfaguara

Usted es defensor de la literatura didáctica. ¿Los escritores tienen que posicionarse ideológicamente con sus novelas y declaraciones?

No es una obligación, podemos hacerlo si queremos. No va a ser una novela o un poema mejor por el hecho de que sea más o menos comprometido. Lo que hago en esta serie es una recreación de distintos momentos de la historia del país contando historias que no se han contando o se ha hecho mal, poco. Mis novelas son didácticas pero empezando por mí: las escribo para aprender cosas.

También recorre el tema de los hospitales psiquiatricos de la dictadura. Una cuestión bastante olvidada y terrible para las mujeres.

Y no solo para lo fue para ellas, aunque es verdad que siempre son más débiles en un sistema que las convertía en seres de segunda clase, supeditadas por completo a la autoridad y tutoría legal del marido. Un fenómeno increíble que duró hasta los años 80.

¿La Guerra Civil se puede abordar en la ficción de forma ecuánime o hay que escribirla de forma maniquea?

La elección en esta novela de los personajes también es una cierta declaración de intenciones. He querido elegir una de cada bando para explicar que siempre ha habido gente que ha trabajado por que se respetasen las ideas que no se comparten. Yo soy muy militante de mis ideas, pero siempre defiendo que los demás expresen las suyas sin violencia, con argumentos.

La elección de los personajes y la historia delata bastante lo que pienso yo al respecto: en la Guerra Civil no tengo ninguna duda de quiénes eran los buenos y los malos, los legítimos y los ilegítimos. El malo siempre es el golpista, de cualquier signo, pero tampoco tengo ninguna duda de que hubo muchas personas de derechas que eran buena gente, que no querían que pasara lo que pasó, pero fueron devorados por un monstruo. El 90% de ellos quedaron decepcionados por el fascismo, que para empezar les engañó y no vino a reinstaurar ningún rey sino a inventarse uno.

Vivimos en un país donde los niños de 14 años no tienen la más remota idea de quién era el tal Franco

Pérez-Reverte ha dicho esta semana que los políticos han reabierto la herida de la guerra, y que solo la aproximación a la parte humana resolverá el discurso partidista. ¿Cómo lo ve usted? ¿Hay solución a esta cuestión que parece tan enconada?

Yo creo que está resuelta. Vivimos en un país donde los niños de 14 años no tienen la más remota idea de quién era el tal Franco. Y afortunadamente lo han sacado de su monumento funerario. Lo que no está resuelto es la caradura de quienes intentan utilizar algo tan lejano, tan fuera de la relación con la realidad, como la Guerra Civil. Yo combato esa idea de que España es un país guerracivilista, el de los personajes de Goya dándose garrotazos. La gente con la que trato no es así, me parecen cuatro caraduras agitando banderitas para enfrentar a la gente y para sacar ellos beneficio.

Dicho esto, me parece una tragedia la resurrección de la ultraderecha en España porque creo que somos un país, por lo general, bastante moderado. Desde que se reinstauró la democracia, siempre ha ido gobernando aquel que convenció a la mayoría de la gente de que estaba en el centro. Entonces es alarmante que haya regresado una ultraderecha tan estúpida porque no dice más que estupideces. Me encantaría que el PP tuviera la sensatez de alejarse de esta gente. No se merecen sus votantes estar de la mano de Vox.

Ese partido también ha emprendido una campaña para quitarle las calles en Madrid a Largo Caballero e Indalecio Prieto. Más de cien historiadores han salido en tromba para rebatir sus mentiras. ¿Hay un intento de rescribir la historia desde la política?

No saben hacer otra cosa: cuando no tienes proyecto miras para atrás. Como proyecto de país, político, económico no tienen ninguno, pues se dedican a agitar fantasmas del pasado. España es un país absolutamente democrático, entre otras cosas gracias a personajes como los de mi novela, de derechas y de izquierdas, gente que peló siempre por la concordia y el acuerdo. Habría que intentar que no llegase a político el más tonto de cada casa.

Me parece una tragedia la resurrección de la ultraderecha en España

En su discurso se respira una visión bastante optimista del país.

España es un país de puta madre, extraordinario; y en el ámbito de cultura ni te cuento. Es la nación de Cervantes, de Quevedo, de Góngora, de Picasso, de Goya… Estaría muy bien que se cuidara un poquito más la cultura. No se me ocurre que ningún otro ministro o ministra de ninguna otra Cartera salga a decir, como dijo el de Cultura según lo nombraron, que la cultura no es tan importante. Un desastre, como siempre.

No se dan cuenta de que no todo el mundo es Serrat —tiene sus músicos, sus iluminadores, el que conduce la furgoneta que le transporta, quien vende las entradas…— y de que la cultura contribuye al PIB con bastante dinero, da trabajo a muchísima gente. Es otra cosa que nos queda por arreglar: conseguir que a la cultura se la tomen en serio los políticos, pero no solo para utilizarnos de jarrón, sino para apoyarla de forma estructural. Un país con más talento que este es difícil encontrarlo.

Esta novela también transcurre por un escándalo médico. Si Juan Urbano viviese en el presente, ¿qué le encargarían investigar? ¿Qué es lo más surrealista de lo que estamos viviendo?

Juan Urbano vive tan en el presente que, como el libro se iba a publicar en mayo, tuve un tiempecito para volver a revisarla y añadirle al final una mención a una pandemia que parece que se empieza a hablar de ella en China, que podría causar miles de muertos# y está la familia González y Uribe pensando a ver cómo se meten ellos a la fabricación de vacunas. Un negocio en el que se cometen muchos abusos, con unos movimientos de capital tremendos. A Juan Urbano le quedan por investigar otros cinco caso más, ya veremos cuáles son.