Sevilla

Xiara Mercado, una integrante puertorriqueña de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, se encontraba en un Starbucks esperando a que le sirvieran un café. Vestía su uniforme militar y mientras tanto atendía una llamada telefónica. En español. Al salir del establecimiento, una mujer la agarró del hombro y le dijo: "No deberías estar hablando español, eso no es lo que representa ese uniforme… Es desagradable".

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La escena aconteció este verano en la America First de Donald Trump, pero no era la primera vez que la joven militar se convertía en la protagonista indeseada de un acto de discriminación por el idioma: también en el seno de las Fuerzas Armadas un oficial cuestionó la autenticidad de su permiso de conducir por haber sido expedido en Puerto Rico, su país, donde el español ya es lengua oficial. Y no resulta extraño que le pidan hablar "estadounidense".

Precisamente sobre eso, sobre el aumento del repudio al español desde la llegada de Trump a la Casa Blanca, ha versado la ponencia que Silvia Betti, correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE) y profesora en la Universidad de Bolonia, ha compartido en el XVI Congreso de la ASALE, titulada "Tienes que hablar americano". El rechazo público del español en los Estados Unidos.

"Esto es lo que le dice una profesora universitaria a sus alumnos, cuando sabemos que el americano no es una lengua", explica la experta en sociolingüística del español en EEUU a este periódico. "La situación es que ahora, con el hecho de que Trump legitima el odio al español y lo hispano, la gente común se siente respaldada a hacer lo mismo". Y así se registran diariamente ataques racistas e insultos, en supermercados, tiendas e incluso instituciones educativas, contra los hispanohablantes por no utilizar el inglés.

Pero por mucho que el presidente estadounidense haya eliminado el español de la página web de la Casa Blanca, las predicciones de futuro auguran que para el año 2020, y según los datos de la Oficina del Censo sobre los cambios demográficos en EEUU, la población hispana de este país, es decir, los grupos con más probabilidades de hablar español, crecerá un 115%, hasta los 119 millones de personas. Incluso se calcula que para 2055 los latinos superen en número a la comunidad blanca angloparlante.

¿Y cuáles son los mecanismos de defensa que despliega la ANLE? "Nos estamos moviendo para intentar preservar, fortalecer y cuidar el español en este país a través de una serie de actividades como publicaciones de revistas, boletines, congresos, libros... para fomentar y dar a conocer al público medio la presencia de este idioma fundamental", explica Betti, directora de la revista Glosas, que se ocupa de forma específica del español en Estados Unidos o del español de Estados Unidos, que ya empieza a ser visto por los académicos como una variedad lingüística más.

En este sentido se utilizan términos o construcciones léxicas y gramaticales como "lonche" (lunch en inglés, almuerzo), "aplicaciones" (applications) en vez de solicitudes, "llámame para atrás" (call me back, que significa devolver una llamada), que son calcos literales del inglés.

Un idioma, una nación

El principal foco de rechazo al español se encuentra en el Midwest, la región más conservadora de EEUU. "Se produce una situación muy peculiar", expone Betti, también especializada en el estudio del Spanglish, un término adoptado no hace mucho por el diccionario de la RAE, y no sin controversias. "En los departamentos de las universidades se enseña el español, pero como lengua extranjera, y no se puede decir que el español es una lengua extranjera. Fue la primera lengua europea que se habló en estos territorios, pero el estadounidense medio no lo sabe".

Esto está ligado a un cierto pensamiento supremacista, que incluso Benjamin Franklin o Theodore Roosevelt ya abrazaron al asegurar que en EEUU solo tenía cabida una lengua: el inglés. "No es algo exclusivo de Trump, pero él, con su manera de hacer las cosas, ha legitimado una situación muy fuerte", añade la correspondiente de la ANLE. "Se asocia el español con la figura del migrante, del indocumentado, de la persona sin recursos, de la señora de la limpieza… mientras que hay hispanos que estudian en Harvard o en las universidades de la Higher League".

Es, en definitiva, una cuestión de desconocimiento, como sucede en aquellos lugares en los que se están derribando estatuas o borrando los nombre de Cristóbal Colón o Fray Junípero Serra. "Esperamos que estas academias vivan, sigan con fuerza, se reconozcan… que se conozca y se sepa que existe una Academia Norteamericana —engloba también a Canadá— y podamos seguir con nuestra labor, que no es otra que preservar y fomentar el idioma español en EEUU", concluye Betti, esperanzada por el las posturas que se puedan adoptar en el Congreso.