Sevilla

Reguetón se escribe con H (de Historia). El título de la ponencia es sumamente llamativo, lo más rompedor dentro de un programa académico desbordado por asuntos institucionales, cuestiones gramaticales o debates literarios. ¡La música se ha colado en el Congreso de las Academias de la Lengua Española! Un poco de ritmo para animar la jornada de informes y análisis lingüísticos. O al menos intentarlo.

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El responsable de semejante propuesta es Gervasio García, miembro de la Academia Puertorriqueña de la Lengua, profesor jubilado de Historia en la Universidad de Puerto Rico, quien lanza la siguiente proclama: "El reguetón es un grito de protesta". Lo justifica recordando lo que sucedió en su país este verano, cuando el gobernador Ricardo Roselló se vio obligado a dimitir por una serie de protestas masivas desencadenadas tras revelarse en el epicentro de un escándalo homófobo.

Al frente de esas riadas de personas indignadas no había políticos, sino que estaban músicos, reguetoneros como Bud Bunny o Residente, también Ricky Martin. "Es insólito que un grupo de personas que ha sido ninguneado, despreciado, se convierta en la voz de protesta de un país", señala el historiador. "El reguetón es la crónica del momento, lo agarran y expresan el sentir, la preocupación de un sector grande de la masa popular. Transmiten a través de su música los problemas cotidianos". Como hicieron cantautores de la talla de Víctor Jara o Silvio Rodríguez.

Lo dice un académico: este estilo musical ha mutado de la identificación con el "machismo universal" a un altavoz para combatir las risotadas del poder. "Habría que diferenciar entre un primer reguetón, el de los bajos fondos, en los que aparecían mujeres lagartijas acosadas por machos, con letras de una vulgaridad olvidable; y otro que estudió música, en el que podemos incluir a Residente (ex de Calle 13), Teo Calderón —en la línea de Rubén Blades— o incluso Daddy Yankee, aunque este sea más pegadizo y no tenga una crítica social tan pronunciada", explica García.

Al historiador puertorriqueño no le interesa el reguetón más allá de que ha sido capaz de derribar a un Gobierno —que no cosa menor— y comenzó a tratarlo de forma genérica cuando sus alumnos le propusieron analizar en clase La gasolina. "No lo vi como exabrupto, sino como una expresión social", asegura a pesar de que la canción incluya rimas como: "Mentirosa, tú sabes mas que nadie que tú eres loca / Ahora baila y quítate la ropa".

"Muchas de esas letras son bien machistas, pero luego eso ha ido cambiando. Es importante para mí hacerlo notar", concreta García. ¿Y sobre el discutible uso del lenguaje? "A mucha gente le escandaliza lo soez, pero se escoge selectivamente y con las palabras juntas. No están constantemente hablando mal". 

Brota el reguetón de América Latina —aunque hay países como Cuba en donde este estilo musical no está muy bien visto por el Estado; tampoco le agrada al escritor Leonardo Padura, como recuerda García— y se expande por todo el mundo. En España copa las listas de éxitos musicales, suena en todos los lados y lo cantan hasta los niños. Y no hace más falta que recordar el pelotazo de Lo malo, que Ana Guerra y Aitana recogieron con escepticismo y terminó convirtiéndose en su mayor éxito. La nueva vida del reguetón arranca en un congreso de la lengua española.