Cuando los españoles llegaron a América no solo se encontraron con un nuevo y enorme continente. Allí vivían indios y diferentes clanes, muchos enemigos entre ellos, cuyas creencias eran diametralmente opuestas a las de los recién llegados españoles. El idioma y las costumbres eran diferentes a los de aquellos viajeros que buscaban construir un nuevo mundo bajo la corona española.

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En concreto, los conquistadores se sorprendieron enormemente por las prácticas sexuales de los aztecas. El imperio estaba compuesto por distintos clanes que se sometían a las ordenanzas de un emperador y aunque cada clan tenía sus propias características todos respondían de forma relativamente homogénea a las cuestiones rutinarias.

De estas prácticas poco se conoce, muchas veces incluso se contradicen los escritos. La mayoría de los relatos provienen de los cronistas españoles que, guiados por la moral cristiana, aborrecían y condenaban el vicio de los aztecas. "Tenían excesos carnales, hijos con madres, hermanos con hermanas y tíos con sobrinas, hallarónse muchos que tenían este vicio de esta torpedad; pues de borrachos no les sé decir de tanta suciedad que entre ellos pasaba", escribió el conquistador Bernal Díaz del Castillo sobre los huatecos, invadidos por la cultura azteca.

Asimismo, las prácticas homosexuales y orgiásticas de los indios eran condenadas por los españoles que observaban incrédulos ante la innumerable cantidad de esculturas fálicas y sexuales del pueblo americano. La diferencia respecto a la religión católica radicaba en que los dioses aztecas sí estaban ligados directamente con el erotismo, por lo que la sexualidad gozaba de una mayor libertad que en Europa. La diosa Tlazoltéotl, por ejemplo, representaba la lujuria y los amores ilícitos. Los españoles, de esta manera, trataron de eclipsar y esconder las prácticas más abominables desde el punto de vista cristiano.

No obstante, no todo lo que sucedía en el Imperio azteca era libertinaje. Tenían sus propias normas acerca del sexo. El escritor Mark Forsyth, en Una borrachera cósmica (Ariel), explica cómo uno de los emperadores criticó el pulque —el vino de los nativos— por temas morales: "Ante el adulterio, la violación, el libertinaje de las jóvenes, el incesto, el robo, el crimen, las maldiciones (...) siempre está la embriaguez". Además, las mujeres debían permanecer sumisas ante sus respectivos maridos. La poligamia, por su parte, estaba aceptada entre los hombres. Escribía Francisco López de Gómara que los emperadores Moctezuma y Nezahualcoyoti tuvieron hasta dos mil concubinas a su disposición.

La tradición azteca, así como sus dioses, su forma de vivir y su imperio fue destruido en el siglo XVI por los españoles que se habían aliado con los tlaxcaltecas y totonacas y con el paso de los siglos la evangelización del continente americano fue impulsada por las diferentes coronas del viejo continente.