“La historia ama las paradojas”, escribió el dramaturgo comunista Bertolt Brecht en una de sus cartas. Y tendría razón, porque lo que no podía haberse imaginado el intelectual y activista alemán es que hoy, en pleno julio de 2019, iba a ser citado por el líder de una formación de extrema derecha española, Santiago Abascal. El padre de Vox se ha referido, en su discurso de la sesión de investidura, a un poema llamado Solución, aunque lo ha citado a trompicones.

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“Ustedes comparten un particular entusiasmo por el llamado multiculturalismo, que no es más que liquidar la identidad de España introduciendo culturas remotas con diferentes lealtades, con diferentes visiones del mundo, con diferentes y a veces abominables ideas sobre la mujer, o que ni siquiera contemplan una diferencia entre las leyes civiles y las ideas religiosas”, ha enunciado. “Me recuerda al poema Solución, de Bertolt Brecht, que es de los suyos”, ha lanzado Abascal en dirección a los socialistas, generando estupor entre las filas. Se refería a estos versos:

Tras la sublevación del 17 de junio
la Secretaria de la Unión de Escritores
hizo repartir folletos en el Stalinallee
indicando que el pueblo
había perdido la confianza del gobierno
y podía ganarla de nuevo solamente
con esfuerzos redoblados. ¿No sería más simple
en ese caso para el gobierno
disolver el pueblo
y elegir otro?

Sin duda, se trata de una pieza satírica, como también se ha molestado en detallar Abascal. Brecht la escribió tras las protestas berlinesas de la primavera de 1953, que fueron brutalmente reprimidas por las autoridades de la República Democrática Alemana. Se planteaba entonces, con ironía, si no sería más sencillo -para resolver las discrepancias- que el Gobierno difuminase el pueblo y formase otro nuevo. Era una broma amarga. “Ese disparate multicultural de elegir un pueblo nuevo es lo que parecen proponer muchos aquí, cuando ya ha fracasado en toda Europa”, ha cerrado Abascal.

Referencias de izquierdas

Es cierto que al líder de Vox le gusta ponerse exótico en sus referencias. Ya mentó, sin mentar, a uno de los grandes poetas ‘rojos’, Miguel Hernández, en marzo de este año, en un acto celebrado en el antiguo Pachá de Madrid; un evento diseñado para atraer el voto joven. Refiriéndose al colectivo que organizó el encuentro, explicó que ellos eran “los artífices de que Vox haya resistido” tras “años de travesía por el desierto”. Y lanzó la perla: “La juventud siempre empuja, la juventud siempre vence y la salvación de España de su juventud depende”. No citó al autor, pero estos versos son de Miguel Hernández y pertenecen al poema Llamo a la juventud.

“Si cada boca de España, / de su juventud, pusiese / estas palabras, mordiéndolas, / en lo mejor de sus dientes: / si la juventud de España, / de un impulso solo y verde, / alzara su gallardía, / sus músculos extendiese / contra los desenfrenados / que apropiarse España quieren, / sería el mar arrojando / a la arena muda siempre / varios caballos de estiércol / de sus pueblos transparentes, / con un brazo inacabable / de perpetua espuma fuerte”, escribió el maestro de Orihuela. La diferencia, claro, es que estos versos fueron escritos en 1937, en plena guerra civil española.

Contra la guerra y el fascismo

Una cita de Brecht resulta igual de sorprendente, teniendo en cuenta que el dramaturgo fue un niño rebelde que siempre huyó del recato y de la disciplina, a la vez que detestaba el espíritu bélico que Abascal tanto aclama. De hecho, ya en la escuela, el joven Brecht criticó la guerra basándose en un ensayo del poeta Horacio Dulce y honorable es morir por la patria. Ahí señalaba que perder la vida por un país era ceder a “una propaganda dirigida” en la que sólo “los tontos” caen. Por ese trabajo fue expulsado del centro, pero finalmente su padre y su profesor de religión mediaron.

Brecht no sólo revolucionó el teatro, sino que lo hiló rigurosamente a su sentir político y social. Nunca intentó ser imparcial; de hecho, con el tiempo, las compañías y las lecturas, se transformó en un comunista convencido, aunque nunca se casó con ningún partido. Fue terriblemente crítico con el capitalismo -lo consideraba el gran germen del fascismo- y con el orden burgués.

“Los demócratas burgueses condenan con énfasis los métodos bárbaros de sus vecinos, y sus acusaciones impresionan tanto a sus auditorios que éstos olvidan que tales métodos se practican también en sus propios países”, lanzó. Cuando Hitler llegó al poder, sus obras comenzaron a ser interrumpidas por la policía y censuradas; él fue acusado de alta traición. Sus libros fueron quemados. Acabó abandonando Berlín con su familia y amigos y ubicándose en Dinamarca cinco años.

"El odio contra la bajeza desfigura la cara"

Recuerden uno de sus poemas más legendarios, A los hombres futuros, escrito desde el exilio: “Cambiábamos de país como de zapatos / a través de las guerras de clases, y nos desesperábamos / donde sólo había injusticia y nadie se alzaba contra ella. / Y, sin embargo, sabíamos / que el odio contra la bajeza / también desfigura la cara. / También la ira contra la injusticia / pone ronca la voz. Desgraciadamente, nosotros, / que queríamos preparar el camino para la amabilidad, / no pudimos ser amables. / Pero vosotros, cuando lleguen los tiempos en que el hombre sea amigo del hombre, / pensad en nosotros con indulgencia”.

En EEUU también fue rechazado, incluso perseguido. Sus ideas políticas eran espinosas. Huyó del país sin llegar a estrenar La vida de Galileo en Nueva York. Después de varios viajes más, y tras recibir el Premio Lenin de la Paz, murió en Berlín del Este. Se fue del planeta y nunca dejó de estar alerta: “Señores, no estén tan contentos con la derrota de Hitler. Porque aunque el mundo se haya puesto de pie y haya detenido al bastardo, la puta que lo parió está de nuevo en celo”.