"¡Eso, eso, que lo explique!", aplaudían y gritaban los diputados del PP. Pero no a su líder, sino al de Unidas Podemos. Cuando Pablo Iglesias se encendió en su última réplica y exigió que Pedro Sánchez dijera qué ofrecía a cambio de pedir sus votos, el candidato permaneció callado. Y renunció a su derecho a una última intervención. Era la segunda vez que se quedaba sin palabras el candidato en la misma tarde en la que estaba pidiendo al Congreso de los Diputados su confianza para permanecer en Moncloa. Pero su manera de pedirla tuvo la rara habilidad de cabrear a la oposición y a sus "socios preferentes".

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Porque a unos les pedía la abstención -"no bloqueen la constitución de un Gobierno que le dé estabilidad a su país"-, la abstención que él les negó en 2016 pagando incluso el precio de su dimisión y caída a los infiernos. Y a los otros les reclamaba los votos sin ofrecerles nada, nada al menos de lo que pide Iglesias con el aval de sus 42 diputados y 3,7 millones de votantes.

Al líder del PSOE se le vieron las costuras de los argumentos con Albert Rivera y con Pablo Iglesias, los dos líderes que más le apretaron en la tarde de este lunes. El liberal, mostrándole sus vergüenzas por los pactos con "los independentistas y hasta los batasunos". Y el morado demostrando que su formación le ha puesto muy fácil pactar cediendo en todo menos en "aquello por lo que nacimos y estamos aquí", las políticas sociales. Y con los dos no supo qué decir en su último turno. Cuando el presidente de Cs y el secretario general de Podemos ya utilizaban epítetos y torcían el gesto de enfado.

En este vídeo de más arriba se ve a Iglesias indignado, desvelando conversaciones privadas de Moncloa -que hasta el momento algunos periodistas ya sabían, pero bajo condición de confidencialidad-, y reclamando "respeto". Pero la temperatura en la cámara era ya tan alta que, en ese momento, un diputado del PSOE se llegó a mofar de él: "¡Pobrecito!". E Iglesias, al que se le notaban las bridas de una estrategia bien preparada que le sujetaban para no desbocarse, volvía a explicar que una coalición es "un acuerdo integral", que incluir independientes "es cosa de quien tiene mayoría absoluta" y que hacer un gobierno con 123 diputados exige que los 42 de tu "socio preferente" tengan competencias que desarrollar.

El presidente en funciones no le podía sostener ni la cara. De hecho, sólo ase volteaba en la dirección del líder de Podemos cuando Josep Borrell, dos sitios a su izquierda, le apuntaba algo y no le quedaba más remedio que mirar.

In crescendo

Todo había empezado media hora antes, con un Pablo Iglesias muy calmado. Algo sorprendido por no haber escuchado un sólo guiño en la mañana a su formación, pero dispuesto a explicar, él sí, su programa de coalición desgranando todas las cesiones que ha ido haciendo su grupo para evitar las "excusas" del PSOE para no pactar con Podemos.

La "radicalidad" del programa, "a la que renunciamos" de manera expresa; "Cataluña", que "ni siquiera ha nombrado en su discurso" y que además se cayó con el compromiso de respetar "el liderazgo del PSOE en los temas de Estado"; y la última excusa fue la presencia del propio Iglesias, "y nuestra respuesta los dejó descolocados".

Pablo Iglesias aplaudido por su grupo en el Congreso. Efe

Luego terminó sus reproches, sin crispación, pero mostrando hartazgo: "No podemos aceptar ser mera decoración en su Gobierno", le dijo, recordándole las razones por las que quiere formar parte de un gobierno de coalición. "Para que haya sueldos dignos, para que de verdad haya una transición ecológica, para que haya garantías de que se baje la factura de la luz, y para que haya competencias en los Ayuntamientos para bajar los alquileres abusivos".

"Mediten lo de votar con Vox"

Claro, que Sánchez en su réplica no pudo decir nada. Dijo que sí a todo eso, que él estaba dispuesto a "arriesgar" para hacer un gobierno de coalición a pesar de que se lo puedan "reprochar"... pero que no pensaba hacerlo "a la manera que exigen ustedes". Y ahí se armó la marimorena, porque el presidente se puso estupendo y conminó a Unidas Podemos a "meditar bien" su voto, no fuera a ser que acaben sumándolo al de Vox. 

La patada en la espinilla molestó tanto en Podemos que, dos horas después, a la salida del debate y tras intervenir Abascal, aún escocía en algunos de sus diputados. Por eso, Iglesias empezó a incendiar su discurso y subió de nuevo al atril indignado, y cometió su primer error: entró al trapo del uso que había hecho Sánchez de la intervención de Jaume Asens -portavoz de En comó-Podem-, con quien Iglesias había compartido el tiempo de su primera intervención.

Jaume Asens, portavoz de En Comú-Podem en el Congreso. Efe

El tono pro referéndum de autodeterminación del abogado catalán fue afeado por el candidato: "¿Ven como sí que hay un grave problema con ustedes?". E Iglesias cayó en la trampa: "Deben ustedes reconocer al menos que Cataluña es un problema de Estado, nosotros les planteamos tener una estrategia desde el diálogo, no desde en derecho penal". Iglesias se calentó y acusó al PSOE de "renunciar a las vías democráticas" al apoyar el artículo 155 en Cataluña.

Satisfecho, el presidente echó sal en la herida y después vinagre: "Mire, yo puedo arriesgarme a hacer la coalición con ustedes, pero si no llegamos a un acuerdo, hay varias alternativas". Sánchez habló de un posible acuerdo de investidura -imposible-, o bien de legislatura -descartado por Iglesias en su primera intervención-... o si no, incluso "si van a votar no todavía pueden ustedes pactar con PP, Cs y Vox, porque con ustedes suman".

Las risas y los aplausos de la bancada socialista fueron la gota que colmó el vaso y con la que volvemos al inicio de este artículo. Al Iglesias desatado. "A todo nos dicen ni hablar, ¿para qué nos quieren, qué nos ofrecen? Mire, señor Sánchez, si no llegamos aun acuerdo es muy posible que usted no sea presidente nunca".

Ahí también hubo diputados del PP a punto de aplaudir, alguno lo confesó a la salida. La investidura de Sánchez se aleja. Este martes es imposible, y a toenor de cómo están las cosas, el jueves Unidas Podemos está tan molesto que se acerca más al no que a la abstención. Sobre todo, porque nada indica que ahora se vaya a sacar mejor pacto que con un verano de por medio... que calme los ánimos.