Hace tiempo que para mí MasterChef Celebrity se sucede más allá del cocinado en sí, e incluso de los enganches entre los concursantes. Eso son minucias, entrantes, nunca mejor dicho. Lo verdaderamente interesante está detrás, donde el ojo no llega, en lo que nadie se fija. Y el programa de este martes ha venido bastante cargado de emociones en lo que respecta a esto último: lo que ocurre en trastienda. Ya estaba dándome guantazos para arrancar el aburrimiento de mi alma cuando, en la prueba de exteriores, se ha producido el milagro. Esta fase del programa ha tenido lugar en Tarifa, Cádiz. Hasta ahí, todo normal. 

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No es la primera vez que el programa viaja por toda España para promocionar ciudades, pueblos y gastronomías varias. El problema, o lo sorprendente, o destacable o llamativo, como quieran, es que la prueba de exteriores se ha celebrado en el restaurante andaluz Carbones 13. Un local propiedad de Santi Carbones -así, al primer golpe de memoria, nadie cae en él-, y..., oh casualidad, redoble de tambores... ¡Raquel Meroño (45 años)! La vida y sus casualidades. ¿O son causalidades? 

Raquel Meroño hablando orgullosa de su chiringuito. TVE

Albricias, ¡la concursante de esta edición! -y, sí, aquella actriz de Al salir de clase, hagan memoria-, y su exmarido, Santi. Claro está, las redes se han encendido, y han chillado y puesto el grito en el cielo: ¡enchufismo descarado, trato de favor! "Ha pagado por promocionarse, está claro", han clamado unos desde Twitter. "Publicidad gratuita que ha dejado en bragas las donaciones de esta noche a oenegés", bufaban otros. 

Vaya por delante que yo no lo veo mal, pero, hombre, un poco de disimulo, de decoro, por aquello de que el percal no se note tanto. ¡Es que ha sido una autopromoción en toda regla, con luces y taquígrafos! Sin nocturnidad siquiera. No solo se ha promocionado el restaurante, sino que Meroño ha enumerado poco menos que la carta, las especialidades que allí se pueden comer, y han salido en pantalla su exmarido -se separó de Santi Carbones en 2018-, y sus hijas. Aquello parecía por momentos un reportaje en el ¡HOLA!. Que, oye, que digo yo que muy bien por Raquel, si tiene la oportunidad. Que la pobre, como ha contado, lo ha pasado muy mal.

Un temporal, llamado Emma, se llevó por delante su restaurante en 2018, y levantarse de eso es duro. ¡Eres una campeona, Raquel! Solo tú sabes lo que habrá detrás, en la trastienda, de esta promoción. Más tarde volveremos sobre esto. Ahora, ¡empecemos! Este martes, en la primera prueba, los aspirantes se han enfrentado a una prueba muy especial donde el azar ha tenido una importante dosis de protagonismo.

Los celebrities han tenido que mezclar técnicas de cocinado, con diferentes proteínas y acompañamientos, para terminar emplatando de la mejor manera posible. Pero dichos elementos no los han elegido ellos. Las ruletas de MasterChef han determinado qué platos elaboraba cada uno. La primera parte ha estado marcada por la visita de El Monaguillo para hacer girar las ruletas. Los dos mejores de la competición, que han sido Ainhoa Arteta (56) y Gonzalo Miró (39), se han enfrentado por conseguir el pin de la inmunidad en un segundo cocinado. 

Celia Villalobos y Ainhoa Arteta en montaje de JALEOS.

En cuanto a las guerrillas entre los concursantes, me quedo con esta frase de Arteta que no es baladí, ahí hay intríngulis: "La Celia (Villalobos) me la tiene jurada, quiero la inmunidad, no quiero que me pongáis de capitana porque tenemos mucho carácter y chocamos, chocamos". Vaya que si chocan, ¡no se aguantan! Es un secreto a voces, no solo en Twitter, sino también entre las bambalinas de esa grabación... ¡y en el mismo sentido común! ¡Más cosas! A la pobre Laura Sánchez (39) -sí, está concursando- se le ha olvidado emplatar, pero no me quedo con esto como cierre, no.

Me detengo en dos detalles para mí muy esclarecedores. La frase con maldad y retranca de Ainhoa Arteta sobre Gonzalo Miró y su plato cuando el jurado lo ha alabado hasta la extenuación - "otra vez con la mentira, es un infiltrado, lo tengo clarísimo"-, y con el enfado morrocotudo de Juanjo Ballesta (32) con Jordi Cruz (42). Sabía que él no es todo sonrisa, que en su alma hay espíritu guerrillero, de calle y bandas. ¡Es un chungo con licencia! No le ha hecho ninguna gracia la valoración que el jurado ha realizado de su plato, y se ha puesto a la defensiva y contestón. Y Jordi lo ha frenado en seco: "Cuando un cocinero profesional te dice algo, tienes que decir 'oído, chef', y se acabó". Juro que he pasado miedo por unos segundos. 

Juanjo Ballesta, muy serio, durante su discusión con Jordi Cruz. TVE

Y poco más. Que Celia Villalobos (71) es una cascarrabias, que siempre está de mal humor. ¿Usteden la han visto alguna vez reírse desde las tripas y con sinceridad? A lágrima viva. Tiene un mal humor instalado en el alma, y me da a mí que nadie la soporta. Solo su compañero Florentino Fernández, Flo (47), se aviene de vez en cuando y le hace una carantoña. (Por cierto, es curioso: Flo antes me hacía gracia, ahora ninguna. Me debí quedar en 7 Vidas). 

Y, bueno, sobre la prueba de exteriores, lo que dije antes: Raquel Meroño y su escandalosa autopromoción. El equipo rojo tenía que cocinar un tartar de atún con mahonesa picante, un arroz seco de pollo y verduras y un mojito de melón. El equipo azul, por su parte, ha elaborado una corvina frita con salsa de yogurt, un arroz caldoso con marisco y una piña con tequila y espuma de coco. Entre cocinado y cocinado, Meroño ha reflexionado, pareado incluido: "Cuando eres madre no puedes estar esperando una llamada de televisión. El chiringuito ha sobrevivido a todos los huracanes". Raquel, emprendedora y autónoma. Lástima que mis padres, por ejemplo, no puedan promocionar en Prime Time sus negocios.

Expulsados: Perico Delgado y Lucía Dominguín 

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