Joaquín Prat y la azafatas de 'El Precio Justo'

Joaquín Prat y la azafatas de 'El Precio Justo' TVE

Televisión ¡A JUGAR!

¿Se acuerda de 'El Precio Justo', el programa que regalaba desde un coche hasta un bonsái?

Una retaíla de premios, un presentador carismático y 200 concursantes dispuestos "¡a jugar!". Joaquín Prat dejó una importante huella en la historia de TVE con este memorable concurso.

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Aquellos que hayan vivido la época dorada de TVE en los años ochenta, rememorarán un programa muy especial al escuchar la frase "¡A jugar!". La repetía constantemente Joaquín Prat cada vez que la cadena pública emitía El Precio Justo, un programa en el que, para ganar, los concursantes debían acertar -o acercarse más que sus oponentes- al precio que valía cada premio que se exponía.

200 personas eran elegidas para formar parte del público y, de ellos, el azar decidía quiénes formarían parte de los nueve concursantes de cada programa. Así comenzaba una hora y media de programa en el que concursantes y espectadores se lamían los labios con premios que, para la época, eran inaccesibles.

Joaquín Prat en 'El Precio Justo'

Joaquín Prat en 'El Precio Justo' TVE

Algunos podían ganar un bonsái, un abrigo, un teclado o una maleta. Pero otros podían adquirir "un fantástico vehículo", "millones de pesetas" o "unos prismáticos para poder ver mejor en el viaje a Roma que acababan de ganar". Con este tipo de frases hiperbólicas, un narrador de voz omnisciente -Primitivo Rojas-, generaba la expectación necesaria para hacer las delicias de los contendientes y conseguir que lo dieran todo a la hora de concursar. "Darlo todo", por decir algo... ya que si algo tenía de curioso este formato es que no había que saber ni de ciencias, ni de letras, ni de absolutamente nada. Acertar era pleno azar. El incremento del valor de los premios era paralelo a las audiencias del programa que, en no mucho tiempo, logró grandes cifras.

Comenzó a emitirse el dos de enero de 1989. Cabe recordar que el concurso llegaba después de que España se hubiera deleitado ya con varias ediciones del Un, Dos, Tres... Esto perjudicó de alguna manera la sorpresa del espectador, que ya venía muy aprendido de un programa que aún hoy se entiende como un hito de la televisión del entretenimiento en España. El Precio Justo, efectivamente, no era el Un, Dos, Tres..., pero sí logró mantenerse en el prime time de los lunes hasta 1993, con algún que otro parón de por medio. Pasó por varios presentadores, entre los que destaca Carlos Lozano. Y una de sus azafatas fue, por cierto, su exmujer, Mónica Hoyos.

Carlos Lozano y Mónica Hoyos en 'El Precio Justo'

Carlos Lozano y Mónica Hoyos en 'El Precio Justo' TVE

El concurso fue una adaptación del que ya se había emitido en Estados Unidos, The Price Is Right en su edición más castiza, también en cuanto a sus azafatas. Chicas jóvenes, modelos y resplandecientes eran las encargadas de mostrar los regalos y hacerlos mucho más apetecibles. Si hacía falta restregarse en ellos, lo hacían. Eso sí, por aquella época hablar de "feminismo" era algo totalmente impensable. 

Para quien se lo haya preguntado, Joaquín Prat -padre- pasó el relevo profesional a Joaquín Prat -hijo-. Este joven, que por aquel entonces tenía 13 años, cuenta hoy en día que recuerda las largas jornadas de grabación de su padre, que no le permitían verle en todo el día. Hasta el punto de que cuando llegaba a casa, "lo único que quería era tener un bocadillo de tortilla francesa y un yogur esperándole", ha contado en entrevistas, "porque, claro, ya estábamos todos dormidos, incluso mi madre". 

El legado de programas como El Precio Justo ha llegado hasta nuestros días con concursos similares, pero quizá no tan azarosos como lo era este. Podríamos hablar de formatos como ¡Allá Tú!, ¿Quién Quiere Ser Millonario? o el actual El Concurso del Año... aunque en ninguno de ellos entra tan en juego el azar como en El Precio Justo. Cabe preguntarse qué pasaría si un programa de tal éxito hace cuarenta años, se emitiera en nuestros días. Puede que con el disparo capitalista en el que vivimos, fuera mucho más sencillo acertar lo que vale el último iPhone que una barra de pan. 

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