Luis Alfonso de Borbón junto a su mujer, Margarita Vargas, en un acto público reciente.
La batalla de Luis Alfonso de Borbón por el eventual trono de Francia: su pugna de décadas con un conde y un Napoleón
Horas atrás, el duque se ha pronunciado tras las protestas en el país galo contra el aumento del coste de la vida y el deterioro de los servicios públicos.
Más información: Luis Alfonso de Borbón y su giro 'royal 2.0': de su nueva web como "príncipe" a su puesto en una sociedad para aristócratas
Desde el pasado sábado, 17 de octubre, Francia atraviesa una grave crisis social alimentada por el encarecimiento de la vida, la pérdida de poder adquisitivo y el deterioro de los servicios públicos, especialmente de la educación. Las calles del país han sido tomadas.
Lo que empezó como protestas estudiantiles por la falta de profesores y malas condiciones en los institutos se ha extendido a sindicatos, trabajadores, agricultores y sectores vinculados a los “chalecos amarillos" -un movimiento de protesta francés surgido en 2018-.
Las manifestaciones han derivado en enfrentamientos, incendios y saqueos en enclaves estratégicos como París, Marsella, Lyon, Limoges, Lille y Burdeos, reflejando una profunda crisis de confianza en las instituciones y en la capacidad del Gobierno de Emmanuel Macron (48).
Ante la magnitud de los acontecimientos, España vive el trance del país galo muy de cerca. Una de las figuras mediáticas que no ha dudado en tomar partido ha sido Luis Alfonso de Borbón (52), hijo de Alfonso de Borbón y Dampierre, duque de Cádiz, y de Carmen Martínez-Bordiú (75).
El aristócrata, a quien sus partidarios legitiman como la cabeza de la eventual e hipotética Casa Real de Francia -el país opera bajo una república-, ha publicado un comunicado en el que denuncia la deriva del Estado y muestra su solidaridad con los ciudadanos y las fuerzas del orden.
"Llegan imágenes de desolación: me siento indignado. Estas escenas de violencia son insoportables. Han eclipsado las reivindicaciones legítimas, impiden que la mayoría se exprese y hacen olvidar las verdaderas razones de un profundo malestar social", arranca la misiva.
"Venimos constatando que numerosos movimientos sociales están gangrenados y parasitados por grupos terroristas. Estas bandas aterrorizan a la población y a los representantes del orden porque han comprendido que nuestro Estado es débil", continúa el aristócrata.
Luis Alfonso de Borbón y Margarita Vargas.
Abunda De Borbón y califica la falta de efectivos policiales como "una gran falta de previsión por parte de las autoridades o, lo que sería aún peor, una auténtica claudicación de los responsables políticos, que se negarían a garantizar la seguridad de los franceses".
El pronunciamiento de Luis Alfonso sobre la actualidad política francesa devuelve a la superficie una contienda atávica sobre quién representa legítimamente a la Corona en una República que guillotinó a un rey, envió al exilio a sus sucesores y coronó a un emperador.
En la Francia del siglo XXI coexisten tres corrientes dinásticas con sus respectivos pretendientes enzarzados en un litigio histórico. Los defensores de la pretensión legitimista de Luis Alfonso de Borbón argumentan que su derecho arranca en 1933.
Ese año, Don Jaime de Borbón -abuelo de Luis Alfonso- renunció a sus derechos a la Corona de España debido a su sordomudez, extremo que jamás afectó a los derechos al trono de Francia que le correspondían como primogénito de la rama mayor de los Borbones, descendiente de Luis XIV.
Por esta razón, sus leales lo consideran rey de derecho, recordando que el dictador Francisco Franco ratificó en su día el título de Duque de Cádiz con tratamiento de Alteza Real para Alfonso de Borbón por su condición de Duque de Anjou.
Jean de Orléans, conde de París, junto a Luis Alfonso de Borbón.
Un título que los Orléans intentaron litigar en los tribunales civiles franceses sin obtener la razón. En el extremo opuesto a la rama legitimista se sitúa el frente orleanista encabezado por Jean d'Orléans, conde de París y reconocido como el legítimo Juan IV.
El conde de París es descendiente directo del hermano de Luis XVI y de Luis Felipe I de Orléans, el último rey que gobernó suelo francés entre 1830 y 1848, y ostenta además linaje de Luis XIV a través de su madre, la duquesa María Teresa de Wurtemberg.
Todo ello lleva a los orleanistas a tachar a la rama española de los Borbones de "usurpadora". Paralelamente, en un plano de menor protagonismo político pero de innegable carga simbólica, figuran los herederos del Imperio napoleónico.
El representante actual de esta rama reside en Londres, Jean-Christophe Napoléon Bonaparte, y está casado con la condesa austríaca Olympia von und zu Arco-Zinneberg, manteniendo viva la memoria del linaje de Bonaparte frente a las pretensiones de las dos casas reales.
En otro orden de cosas, aunque el difunto padre de Jean de Orléans dedicó en su momento duras acusaciones a Luis Alfonso y a su esposa, Margarita Vargas, la relación personal entre ambos rivales se destensó en el año 2010 al fundirse en un abrazo durante una misa en la catedral de Reims.
Un gesto tras el cual el propio Luis Alfonso reconoció que eran "dos primos que pasaban de querellas", si bien ninguno de los dos ha renunciado jamás a sus derechos dinásticos.
Jean-Christophe Napoléon Bonaparte.
En el plano político e ideológico, las diferencias entre ambos contendientes siguen siendo profundas.
Mientras Jean de Orléans encarna la tradición liberal-conservadora, mantiene excelentes relaciones con las instituciones republicanas y ha respaldado abiertamente al presidente Emmanuel Macron, Luis Alfonso cuenta con el apoyo de sectores tradicionalistas y de la derecha católica.
Paradójicamente, la vinculación institucional con la Casa Real española es sustancialmente más fluida en el caso de la familia Orléans que en el del propio Luis Alfonso, a pesar de que este último es primo segundo del rey Felipe VI.
La esposa de Jean, Philomena de Tornos, es nieta de quien fuera secretario de Don Juan de Borbón en el exilio de Estoril, y a su enlace matrimonial acudió la infanta Doña Pilar de Borbón en representación de la familia.
Por el contrario, a la boda de Luis Alfonso en 2004 en la República Dominicana no asistió ningún miembro de la Familia Real española, molesta en aquel momento por las invitaciones cursadas bajo el tratamiento de Duque de Anjou y Alteza Real.
El duque de Anjou demuestra con sus apasionadas intervenciones sobre la crisis social francesa que no piensa abandonar el escaparate político como voz de la dinastía Borbón en el país vecino.
La vida actual de Luis Alfonso
Lejos de este conflicto que, pese al paso del tiempo, sigue más latente que nunca, la vida de Luis Alfonso de Borbón se escribe, salvo excepciones, lejos del primer plano mediático.
Él y su esposa, Margarita, acuden a pocos y contados actos públicos y forman uno de los matrimonios más sólidos.
Son padres de cuatro hijos -Eugenia, los mellizos Luis y Alfonso y Enrique de Jesús-. En la vertiente laboral, tras el reciente cierre de uno de sus negocios en la Milla de Oro de Madrid, Luis Alfonso abrió una página web dedicada a promover el legado de la Casa de Borbón en Francia.
En ella se presenta como "el príncipe Luis de Borbón, duque de Anjou, jefe de la Casa de Borbón", y "sucesor legítimo de los reyes de Francia".
Luis Alfonso de Borbón y su esposa.
A su recién estrenado site, se suma su nuevo puesto en una asociación de carácter nobiliario: ha sido nombrado Consejero Magistral del Real Cuerpo de la Nobleza de Asturias.
De ahora en adelante, Luis Alfonso de Borbón compaginará su actual plaza entre las élites asturianas con su misión como duque de Anjou y heredero del trono de Francia.
Para ello se sirve ya de su propia página web oficial, que lanzó el 2 de diciembre de 2025 bajo el dominio francés louisdebourbon.fr. En ella ensalza sus virtudes como "heredero de una tradición milenaria".
Alguien que "encarna la continuidad de los reyes de Francia y nos recuerda que esta herencia conlleva una responsabilidad: servir al bien común y promover la unidad del país".
Su propósito es convertirse en una autoridad moral sin papel político directo y mantener vivo el principio monárquico como referencia para la identidad y la historia de Francia.