Aline Griffith, III condesa de Romanones, en una fotografía de archivo. Gtres
El misterio de las esmeraldas de la condesa de Romanones que adquirió Corinna Larsen y el histórico destino de su título
Hace unos días se hizo público que la empresaria alemana había vendido siete lotes de joyas. Entre ellos, una polémica pulsera que le regaló Juan Carlos I.
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El pasado 11 de junio la empresaria Corinna Larsen (62 años) hizo tabla rasa, cerró un capítulo clave de su trayectoria vital, dejó atrás el último vestigio que la unía al rey emérito Juan Carlos I (88). A día de hoy, entre ellos, ya no queda nada. En todo caso, la volubilidad de los recuerdos.
La consultora vendió, a través de una casa de subastas inglesa, siete lotes de joyas -cinco son regalos del padre de Felipe VI (58) y los otros dos, del Sultán de Omán-. Entre las alhajas, estaba una pulsera que le regaló el que fue jefe de Estado de España durante 39 años.
Se trata de una joya de diez diamantes talla esmeralda montados en platino, con la que la examante del emérito posó en la portada de la revista ¡HOLA! Hoy, esa exclusiva pieza ya no es de la propiedad de Larsen, a cambio de 117.000 euros.
La III condesa de Romanones, en una imagen de archivo.
La razón de Corinna para desprenderse de esos lotes es un auténtico misterio, pero bien se puede colegir que la alemana ha hecho borrón y cuenta nueva. Le ha dicho adiós a ese pasado y a las -algunas nefastas- connotaciones que ha tenido en su vida, contado por ella misma.
Esta venta ha hecho que resucite una historia añeja, con las joyas como protagonistas: la que vincula a Corinna zu Sayn-Wittgenstein con Aline Griffith, condesa viuda de Romanones. La espía, allá por el año 2011, también se deshizo de gran parte de su colección privada.
En aquel entonces, Corinna fue una de sus principales compradoras. Entre las preseas que adquirió, vía subasta, la alemana existen unas esmeraldas de las que nada se sabe. Poquísimas personas conocen su paradero, tan sólo es un hecho que Larsen no se ha desprendido de ellas.
Las tendría a buen recaudo. Para entender esta historia hay que comenzar por el principio. Aline Griffith llegó a Madrid en 1944, con apenas 21 años, en un contexto internacional convulso.
La Segunda Guerra Mundial se encontraba en una fase decisiva, y España, aunque oficialmente neutral, era un hervidero de espías.
Griffith no era una turista más: había sido reclutada por la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), el embrión de la futura CIA, con la misión de vigilar las actividades nazis en territorio español.
Bajo la apariencia de una joven estadounidense culta y bien relacionada, Aline se integró rápidamente en los círculos sociales madrileños.
Aline Griffith en una imagen tomada hace un tiempo. Gtres
Lo que encontró fue una ciudad empobrecida por la posguerra, pero sorprendentemente activa en lo social. Cumplió con eficacia su labor de espionaje, pero su vida dio un giro decisivo cuando conoció a Luis Figueroa, conde de Quintanilla y de Romanones.
Perteneciente a una de las familias más influyentes de la aristocracia española, era considerado uno de los solteros más codiciados del momento. Se casaron en 1947, entroncando así la vieja nobleza europea y la emergente influencia estadounidense tras la guerra.
Convertida en condesa de Romanones, Aline Griffith pasó a desempeñar un papel central en la vida social madrileña de las décadas de los cincuenta y sesenta.
Su elegancia, su dominio de varios idiomas y su capacidad para moverse en distintos entornos la convirtieron en una de las grandes anfitrionas de su tiempo. Sus fiestas eran célebres, y su figura, siempre impecable, destacaba tanto por su estilo como por el misterio que la rodeaba.
A diferencia de otras aristócratas, Aline no abandonó completamente su vínculo con los servicios de inteligencia estadounidenses. Durante años continuó enviando informes, aprovechando su acceso privilegiado a círculos políticos y sociales.
Esa doble vida -espía y socialité- alimentó una leyenda que ella misma contribuyó a construir en sus memorias. Uno de los elementos más llamativos de su imagen pública fue su extraordinaria colección de joyas.
En una época en la que la ostentación formaba parte del lenguaje de la élite, Aline reunió piezas de gran valor: esmeraldas, diamantes, rubíes, perlas y relojes históricos. Su colección competía en brillo con la de Carmen Polo, esposa de Francisco Franco, y se convirtió en una referencia.
Sin embargo, con el paso del tiempo, la propia Aline reconoció que aquella época de grandes joyas estaba llegando a su fin.
La noble en una fotografía de archivo. Gtres
El cambio de mentalidad en las nuevas generaciones, la transformación de la sociedad española y su propia experiencia personal influyeron en su decisión de desprenderse de buena parte de su colección. Un robo sufrido en su residencia terminó de convencerla.
"Prefiero el dinero", llegó a afirmar con pragmatismo. No se trataba solo de una cuestión económica, sino de una visión más moderna del patrimonio. Decidió vender una parte significativa de sus joyas y repartir el resto entre sus herederos.
El momento clave llegó en 2011, cuando Sotheby’s organizó en Ginebra una subasta histórica con piezas de la condesa de Romanones. La venta atrajo la atención de coleccionistas de todo el mundo.
Entre las piezas destacaban un conjunto de esmeraldas y diamantes de los años sesenta, un collar de rubíes convertible en broche diseñado por Luis Gil, una sortija de gran valor y diversos accesorios de lujo.
Los precios alcanzados confirmaron el interés del mercado: más de 330.000 dólares por el conjunto de esmeraldas, cerca de 160.000 por el collar de rubíes, 135.000 por una sortija y cifras igualmente destacadas por otras piezas.
El reloj de diamantes que había pertenecido a Wallis Simpson superó los 300.000 dólares, convirtiéndose en uno de los lotes más comentados.
Lulu Figueroa Domecq.
Como es habitual en este tipo de operaciones, los compradores permanecieron en el anonimato. Sin embargo, una imagen cambiaría esa discreción. Poco después de la subasta, Corinna zu Sayn-Wittgenstein apareció en una fotografía luciendo las esmeraldas de Aline Griffith.
La imagen no pasó inadvertida. En aquel momento, Corinna ya era conocida por su cercanía al rey Juan Carlos I, aunque la naturaleza exacta de su relación era objeto de especulación.
El hecho de que portara una de las piezas más emblemáticas de la condesa de Romanones alimentó todo tipo de interpretaciones. ¿Había adquirido la joya por su cuenta? ¿Se trataba de un regalo? ¿Intervenía el monarca en la operación?
Aline, lejos de mostrar incomodidad, reaccionó con naturalidad. En declaraciones a El Mundo, aseguró que desconocía quiénes eran los nuevos propietarios de las piezas, pero expresó su satisfacción al ver que, al menos en el caso de Corinna, las joyas eran bien lucidas.
"Con que las cuiden y las luzcan tan bien como Corinna, es suficiente", afirmó. Sin duda, estas esmeraldas deben ser muy especiales para Corinna, pues las guarda con un cuidado excepcional.
Quién ostenta hoy el condado
En otro orden de cosas, el año pasado aconteció un importante cambio en el destino del condado de Romanones.
Hasta entonces, esta distinción la ostentaba Álvaro de Figueroa y Griffith, IV conde de Romanones, vástago de Aline Griffith, pero éste perdió la vida.
Tras esto, el histórico título nobiliario ha pasado a manos de la hija de Álvaro, Cristina Figueroa Domecq, quien se ha convertido oficialmente en la V condesa de Romanones.
La sucesión, tramitada conforme a la normativa vigente sobre grandezas y títulos del Reino, supuso un relevo significativo dentro de una de las familias más conocidas de la aristocracia española, estrechamente vinculada a la figura de Aline, la viuda de Romanones.
Cristina Figueroa Domecq, además de heredera del condado, desarrolla una sólida trayectoria académica. Es profesora del Departamento de Economía de la Empresa en la Universidad Rey Juan Carlos, donde imparte docencia e impulsa líneas de investigación.
Con su nombramiento, Cristina ha hecho historia al erigirse como la primera mujer en ostentar el título de condesa de Romanones en los 132 años de existencia del condado.