Inés Domecq mantiene un fuerte vínculo con su tierra natal, Jerez de la Frontera (Cádiz). Montaje de EL ESPAÑOL.
El pueblo español en el que se refugia Inés Domecq: bodegas, alcázar del siglo XII y declarada Conjunto Histórico-Artístico
La aristócrata, casada con Javier Martínez de Irujo, guarda un vínculo especial con una de las localidades más monumentales de la provincia de Cádiz.
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En el mapa de la elegancia española, pocos nombres resuenan con tanta fuerza como el de Inés Domecq. La diseñadora y aristócrata, considerada una de las mujeres más elegantes del país, tiene en Jerez de la Frontera su refugio predilecto.
La diseñadora, fundadora de la firma IQ Collection, vive en Madrid con su marido, Javier Martínez de Irujo y Hohenlohe-Langenburg (45 años), -marqués de Almenara y nieto de la duquesa de Alba-, y sus dos hijos, Sol y Alfonso.
Aunque reside en la capital, mantiene un fuerte vínculo con su tierra natal, Jerez de la Frontera (Cádiz), donde reside la mayor parte de su familia y suele pasar tiempo, además de frecuentar Sotogrande en verano.
Catedral de Jerez. @turismojerez
Para Inés Domecq, Jerez de la Frontera no es solo su cuna: es el escenario donde forjó grandes momentos de su infancia y su adolescencia.
"Jerez ha sido y sigue siendo mi casa", ha afirmado la diseñadora, empresaria y aristócrata en el Diario de Jerez. "Siempre hay una parada obligada en casa de mis padres, donde se reúne toda la familia".
Con una población de aproximadamente 213.000 habitantes, Jerez se erige como la quinta ciudad más poblada de Andalucía.
Su centro histórico, declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1971, es un laberinto de piedra y cal donde el pasado almohade se da la mano con el barroco más exuberante.
Vistas panorámicas del Alcázar y la Catedral de Jerez. @turismojerez
El epicentro de este retiro es el Alcázar de Jerez. Esta fortaleza del siglo XII, una de las pocas edificaciones almohades que se conservan casi intactas en la península, ofrece a la diseñadora un entorno de paz entre sus jardines y su mezquita reconvertida.
A pocos pasos, la Catedral de San Salvador, con su amalgama de estilos, -en la que convergen el gótico, el barroco y el neoclásico-, es una joya del siglo XVII.
Construida sobre los restos de la Mezquita Mayor de Jerez, el templo funciona como un museo de primer orden. Su interior custodia tesoros artísticos como La Virgen Niña de Zurbarán.
Su torre campanario -exenta del edificio principal- ofrece una de las panorámicas más bellas de la ciudad. En ella, el blanco de las casas tradicionales se funde con el verdor de las viñas cercanas.
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Otro de los lugares de visita obligada es la Cartuja de Santa María de la Defensión, que se encuentra al sur de la ciudad. Este conjunto, considerado el monumento de mayor valor artístico de la provincia de Cádiz, fue fundado en el siglo XV.
Su estilo arquitectónico inicial se corresponde con el gótico tardío y deslumbra por su espectacular fachada renacentista, obra de Andrés de Ribera, y su sereno claustro.
En su interior, el silencio y la arquitectura se funden en un entorno que durante siglos custodió los famosos caballos cartujanos, cuya estirpe se preservó gracias al celo de los monjes, añadiendo una capa más de misticismo y nobleza al patrimonio jerezano.
De entre las 85 iglesias que hay en Jerez cabe destacar una que guarda un especial valor para la empresaria. Se trata de la iglesia de Santo Domingo. "Es muy significativa para mí: allí me casé hace ya 17 años. Volver siempre es emocionante", ha confesado.
Catedrales del vino
Hablar de Jerez y de los Domecq es hablar de las "Catedrales del Vino". Como se sabe, la ciudad es mundialmente famosa por sus bodegas icónicas, estructuras de techos altos y arcos infinitos donde el aire huele a amontillado y palo cortado.
Firmas como González Byass, Lustau o las históricas bodegas vinculadas a su propio linaje, no son solo centros de producción: ejercen como verdaderos templos arquitectónicos. En ellos, la marquesa se siente como en casa.
Y es que Inés Domecq, hija de Humberto Domecq Ybarra y María Jesús Fernández Govantes, es miembro de una dinastía vinculada históricamente a la cría de caballos, el rejoneo y el vino de Jerez.
Bodegas como la de Álvaro Domecq le evocan estampas del pasado. "Me recuerda a reuniones familiares, a celebraciones llenas de arte y cante", confesó la aristócrata en el citado diario.
"Belleza, arte y tradición"
Más allá de los muros de palacio, Jerez ofrece experiencias que cautivan los sentidos. Ejemplo de ello lo encontramos en la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre. Es el hogar de los mejores caballos andaluces, cuyo baile es un símbolo de la ciudad.
Aquí también es posible disfrutar del más puro arte flamenco. Barrios como San Miguel y Santiago son la cuna del cante hondo, donde el arte fluye de manera natural en cada esquina.
El refugio de Domecq se completa con la visita a los tabancos, antiguos despachos de vino donde se degusta el fino directamente de la bota, acompañando la gastronomía local basada, entre otros platos tradicionales, en el rabo de toro y las berzas jerezanas.
Inés Domecq. GTRES
Jerez de la Frontera representa para Inés Domecq un ecosistema familiar donde se reencuentra con sus raíces cada vez que lo visita.
Enamorada de su ciudad, no duda en ensalzar sus cualidades. Tal y como destacó en Diario de Jerez en agosto de 2025, el municipio "es una mezcla de belleza, verdad, arte y tradición. Aquí la gente vive con un compás interior que se nota en todo: en cómo se habla, en cómo se baila, en cómo se celebra. Para mí, Jerez es raíz".
"Es el lugar que me conecta con lo que soy, con mi historia familiar y también con mi inspiración creativa. Jerez es un sitio para vivir despacio, y ojalá poder envejecer aquí, disfrutando de lo sencillo", zanja.