Iñigo Onieva y Tamara Falcó en un montaje de JALEOS.

Iñigo Onieva y Tamara Falcó en un montaje de JALEOS.

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Ni Rusia ni Tailandia: el refugio de Iñigo Onieva y Tamara Falcó está en esta ciudad de Asia y es Patrimonio de la Humanidad

El matrimonio desconecta en la antigua capital de Japón entre jardines zen, templos milenarios y paseos tranquilos, alejados de la exposición habitual.

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Tras unos meses de intensa exposición mediática y viajes de lujo alrededor del mundo, Tamara Falcó (44 años) e Íñigo Onieva (36) han optado por desaparecer, al menos de forma temporal, en un destino que combina espiritualidad, historia y una calma casi mística.

El matrimonio ha puesto rumbo a Kioto, antigua capital de Japón, dejando atrás la Provenza francesa o las playas de México que en otras ocasiones habían protagonizado sus escapadas.

A diferencia de otras escapadas marcadas por el lujo y la exposición pública, esta visita a la antigua capital nipona se ha caracterizado por la cotidianeidad.

A través de sus redes, ambos han compartido instantes alejados de los eventos sociales, mostrándose como dos turistas más que buscan paz entre jardines zen y la arquitectura milenaria que define la ciudad. Kioto se convierte así en un paréntesis de silencio frente a la intensidad mediática que suelen rodearles.

El epicentro de esta experiencia ha sido el templo Kiyomizu-dera, uno de los enclaves más emblemáticos de Japón. Este lugar, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, parece suspendido en el tiempo y ofrece una de las vistas más impresionantes de Kioto.

Su famosa terraza de madera, construida sin un solo clavo y sostenida por enormes pilares, es una proeza de la arquitectura tradicional japonesa que sigue sorprendiendo siglos después.

Más allá de su valor arquitectónico, el templo también arrastra una curiosa expresión popular en Japón: "saltar de la plataforma de Kiyomizu", equivalente a nuestro "tirarse a la piscina", utilizada para referirse a decisiones importantes en la vida.

En este escenario cargado de simbolismo, la pareja ha encontrado un refugio que combina espiritualidad, historia y desconexión absoluta. Kioto, con sus más de 2.000 templos y santuarios, se confirma como el bálsamo perfecto antes de regresar a sus compromisos en España.

El templo Kiyomizu-dera en Kioto, Japón.

El templo Kiyomizu-dera en Kioto, Japón. Instagram

Durante su estancia, la pareja también ha aprovechado para explorar la gastronomía local y los barrios tradicionales de la ciudad, alejándose de cualquier despliegue de lujo evidente.

La elección de Kioto no parece casual: frente al ritmo frenético de otras capitales europeas, la antigua ciudad japonesa ofrece una privacidad difícil de encontrar en otros destinos.

Entre paseos tranquilos, rituales de té y la contemplación de sus templos centenarios, Tamara Falcó e Íñigo Onieva han encontrado un equilibrio inesperado que refuerza su faceta más discreta. Un viaje que, más que una escapada, se percibe como una pausa necesaria antes de retomar sus compromisos en España.