Ricardo Ortiz, extorero malagueño.

Ricardo Ortiz, extorero malagueño. EFE

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De su vínculo con Joselito a la cárcel: así fue la vida de Ricardo Ortiz, el torero fallecido tras ser embestido en La Malagueta

Este viernes, 3 de abril, el exmatador ha fallecido en la Plaza de Toros de La Malagueta tras una cogida mientras ejercía sus labores de corralero.

Más información: Un toro mata al extorero malagueño Ricardo Ortiz en la plaza de toros La Malagueta este Viernes Santo: era corralero

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La tarde de este Viernes Santo en Málaga ha quedado marcada por la tragedia en la plaza de toros de La Malagueta: el extorero de toros Ricardo Ortiz ha fallecido tras sufrir una grave cogida.

Este hecho ha sucedido por parte de uno de los toros de la Corrida Picassiana, un festejo previsto dentro del programa taurino de este Sábado Santo, 4 de abril.

Ortiz, que en la actualidad trabajaba en Lances de Futuro desempeñando labores en los corrales del coso malagueño, fue alcanzado por el animal en un percance que resultó mortal pese a la rápida intervención de los equipos de asistencia.

La noticia ha conmocionado al mundo taurino y a la ciudad de Málaga, especialmente por tratarse de un hombre profundamente vinculado a su plaza, tanto en su etapa como torero como en sus últimos años de vida profesional.

El torero Ricardo Ortiz en una imagen de archivo del 10 de agosto de 2003.

El torero Ricardo Ortiz en una imagen de archivo del 10 de agosto de 2003. EFE

Su fallecimiento se produce en pleno corazón de la Semana Santa malagueña, un contexto especialmente simbólico para una figura que, además, mantenía una estrecha relación con la devoción local.

Hijo del matador y banderillero Manolo Ortiz, Ricardo creció rodeado de capotes y muletas. Su vocación se despertó a edades muy tempranas, hasta el punto de que las crónicas familiares recuerdan cómo el mismo día de su Primera Comunión ya se puso delante de una becerra, anticipando una vida marcada por la tauromaquia.

Su formación se consolidó en la Escuela de Tauromaquia de Málaga, donde comenzó a definir un estilo propio que pronto encontró eco en los ruedos.

Su carrera como matador dio un salto definitivo en noviembre de 1994, cuando tomó la alternativa en la plaza de Iñaquito, en Quito.

Joselito ejerció de padrino y Juan de la Cruz de testigo, en una tarde en la que lidió toros de Campo Bravo. Vestido de rosa palo y plata, Ortiz logró cortar una oreja al toro, un debut que apuntaba a una trayectoria prometedora.

Durante los años siguientes, su carrera fue en ascenso. La temporada 2000 se convirtió en uno de sus grandes momentos, con 21 corridas toreadas y 26 orejas cortadas.

Ricardo Ortiz, extorero malagueño.

Ricardo Ortiz, extorero malagueño. EFE

En la Feria de Málaga dejó además una huella especial, siendo distinguido entre los mejores matadores, consolidando su nombre entre los diestros destacados del momento.

Sin embargo, su vida no estuvo exenta de episodios difíciles. En 2003 sufrió una cornada de extrema gravedad en Barcelona que estuvo a punto de costarle la vida.

Su recuperación fue rápida y ejemplar, regresando a los ruedos ese mismo verano en Málaga, aunque su actividad profesional comenzó a diluirse con el paso de los años.

Su paso por prisión

Pero el golpe más duro de su trayectoria llegó fuera del albero, cuando con 27 años fue detenido por tenencia de drogas.

La Guardia Civil interceptó el vehículo en el que viajaba junto a un banderillero por una de las carreteras nacionales que atraviesan la ciudad, donde encontraron 200 gramos de cocaína ocultos en la carátula de una cinta de casete.

El episodio le supuso una condena y su ingreso en prisión durante siete meses, un periodo que marcó profundamente su vida.

Años más tarde, el propio Ortiz reflexionaba sobre aquel momento en una entrevista concedida a MundoToro. "Uno siempre se plantea muchas cosas, sobre todo cuando tiene tanto tiempo para pensar. Yo nací torero y vivo para el toro y por el toro", confesaba entonces.

También reconocía el impacto emocional de aquella etapa: "La vida te da y también te quita, el tiempo da y quita razones" afirmaba, recordando tanto el apoyo recibido como las decepciones vividas.

En sus últimos años, ya alejado de la primera línea del toreo, Ortiz continuó ligado al mundo taurino desde otras funciones.

En Málaga, donde era muy querido, también se le recuerda por su vinculación con la devoción a Nuestro Padre Jesús Cautivo, llegando a ejercer como hombre de trono. Por ello, que su fallecimiento haya sido durante la Semana Santa, toma aún más protagonismo.

Su muerte cierra una vida intensa, marcada por el triunfo, la caída y la fidelidad absoluta a una vocación que le acompañó hasta el final.