Pablo Carbonell y su hija Mafalda, dos actores de éxito.

Pablo Carbonell y su hija Mafalda, dos actores de éxito.

Famosos SITUACIONES MUY TENSAS

El día que Pablo Carbonell perdió los nervios por 'salvar' a su hija: "Un fan la agarró del cuello"

La pequeña Mafalda sigue los pasos profesionales de su padre y está logrando grandes éxitos en el mundo del cine, y eso le da mucho miedo al consagrado actor.

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Pablo Carbonell (57 años) lleva toda una vida en la pequeña y gran pantalla. Cantante, humorista, escritor, director... y ahora, 'padre de' Mafalda,... es una de nuestras celebridades a la que conocimos en La bola de cristal junto a Alaska (56) y cantando con Los toreros muertos y sus canciones de letra con más argumento de lo que parecían a priori. Y no ha parado de trabajar desde entonces. Hace tan solo unos días estaba inaugurando la temporada de Halloween en PortAventura World junto a su mujer María Arellano y su hija Mafalda (9), y después se fue a dar un concierto en Tarragona.

Carbonell está en el punto de mira ya que todo lo que toca su hija pequeña se convierte en éxito. Mafalda -que nada más nacer fue diagnósticada de artrogriposis múltiple congénita- ha conseguido arrastrar a miles de niñas y de niños desde el Club Houdini a sus películas con grandes directores de cine como Álex de la Iglesia (53) o Juanma Bajo Ulloa (52). Nada tiene que ver estos tiempos de generación Z, con los que él vivió cuando empezó en plena movida de los 80... Pero, ¿cómo es como padre? ¿Cómo lleva que su hija sea toda una celebrity infantil que se ha ganado el cariño no solo de los niños sino de los padres?... Él mismo lo cuenta.

Pablo Carbonell, sonriente junto a su hija, Mafalda, en un photocall de RTVE.

Pablo Carbonell, sonriente junto a su hija, Mafalda, en un photocall de RTVE.

¿Cómo lleva lo de la fama?

Bien. Creo que el mejor ejemplo que he escuchado en el start system sobre cómo afrontar esta realidad, de qué es lo que pasa cuando haces un trabajo que te obliga a la exposición pública, se la escuché a Jorge Sanz (50). Le veo parándose a hacerse una foto, súper sonriente, le veo parándose a firmar un autógrafo, encantado, y le dije 'Oye, qué bien llevas esto' y dice: 'Sí, a mí me encanta' y yo pensaba que me lo estaba diciendo irónicamente y continúa: 'Hasta que llega el 501'. Haces 500 fotos, 500 autógrafos, estás estupendo y llega el 501, que te dice 'Me han dicho que tú eres famoso, fírmame aquí que me ha dicho mi novia que tú eres famoso' y te da una servilleta y casi te pide que vayas tú a buscar el boli. Y de repente la montas y te vas del pueblo con una fama de borde acojonante.

Estos días estaba en PortAventura con mi familia para ver Halloween y la presentación de su pasaje La Isla Maldita y me hice un montón de fotos hasta que llegó una tía diciendo '¡Eh, no te hagas el loco que te he reconocido!'. Entonces dices: 'Esta persona ¿de qué zoo se ha escapado?'... Interrumpe a mi mujer, agarra a mi hija por el cuello y te juro que estuve a punto de llamar a un guardia para que me parara, porque yo la iba a tirar a un estanque. Cuando la gente es educada es un placer, pero cuando la gente es una indocumentada que no sabe por donde pisa, pues claro... lo tenemos que aguantar.

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Los lokis

Una publicación compartida de Mafalda Carbonell Arellano❤️ (@mafaldaca_) el 13 Ago, 2016 a las 8:36 PDT

Es un rostro conocido que cae bien, pueden decir que 'qué gracioso este Pablo', pero es de los que no cae incómodo...

Tengo mucha suerte, me llevo bien con casi todo el mundo. Tengo cierta patente de loco. La gente piensa que estoy tronado, no me importa que lo digan porque los locos me parecen seres maravillosos y seres muy libres, como dicen en Alicia en el País de las maravillas... bailan, son alegres... Yo soy un loco muy especial, porque a mí me gusta madrugar para viajar, lo hago y me gusta, mirar por la ventana de los trenes me gusta... En general hago lo que me gusta y loco tan loco no estoy. Yo he decidido que voy a trabajar con la cabeza y con la punta de los dedos la guitarra y el ordenador. También tengo que decir que soy un inútil total, declarado por el Estado, como por ejemplo para el servicio militar. Pero subirme al escenario y bailar estrambóticamente, escribir canciones a priori directamente gilipollas o escribir libros absurdos es un territorio donde yo me he podido desarrollar.

¿Ha pasado de ser Pablo Carbonell a ser 'el padre de Mafalda'?

Lo que más rabia me da es que la gente piense que mi hija es hija de, porque ella ha trabajado con Juanma Bajo Ulloa, Rodrigo Sopeña, con María Ripoll y con Álex de la Iglesia con los cuales yo no he trabajado. Vamos, que alguien piense que yo la he enchufado para trabajar con esas personas cuando no me he enchufado a mí mismo...

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Momentos felices con el papii @pablocarbonelloficial

Una publicación compartida de Mafalda Carbonell Arellano❤️ (@mafaldaca_) el 9 Ago, 2018 a las 11:23 PDT

Con todo lo que lleva en el medio y lo que conoce, ¿no le ha dado respeto que su hija entre en este mundo, pierda su infancia y adolescencia?

Me ha dado miedo, pero, ¿qué sucede? Ahí he tenido que hacer una reflexión bastante seria. Este mundo tiene muchas sombras, Mafalda conoce algunas, porque las ve en mí, algunas tensiones... muchos altibajos y aparte es un mundo que te hace adulto muy rápido. Mafalda ya por sus problemas de movilidad y las operaciones ya se ha hecho una persona tirando a grave, a pesar de que es muy alegre y muy inteligente, pero es muy grave, muy adulto, con 12 años es algo inconcebible el ambiente donde se desenvuelve con una naturalidad pasmante. Meter a mi hija en este mundo en realidad es que no la he metido yo, se ha metido ella. Hicimos un programa llamado 'Jugando con las estrellas' que lo hicieron bastante famosos con sus hijos y Mafalda demostró una vocación tremenda por el medio audiovisual. Cuando ha venido conmigo a los conciertos siempre me ha pedido que la saque y esto lo ha hecho desde que tiene uso de razón. A mí mercadear con mis hijos me parece algo lamentable, pero ella va hacia allá, Mafalda quiere ser artista, tiene un artista dentro, tiene una vocación por comunicar, tiene mucha necesidad expresiva, tiene talento... Entonces ella sabrá, no se lo puedo prohibir, la puedo alentar. Pero la gente que piensa que es hija de y que por ser mi hija le van a abrir las puertas está muy equivocada. En este mundillo no se regala nada ni es un coto exclusivo, la gente está muy equivocada con lo que respecta a mi profesión, o por lo menos en el nivel que yo lo desarrollo. Yo soy un currante en lo mío, yo me he esforzado, yo hago jornadas de 20 horas fácilmente.

Me tengo que poner un chip en la cabeza para ir por ejemplo a un parque de atracciones, como cuando he estado en PortAventura con mi famlia y que me diga no tienes que tocar la guitarra, no tienes que acabar el cuento infantil que quieres hacer para Greenpeace, no tienes por qué revisar el guión de la semana de cine de Valladolid que vas a presentar, no tienes por qué afinar todavía más los diálogos de loa película que vas a dirigir en otoño... Tengo que decirme: "¡No!, disfruta el momento, pasea con tu familia, aguanta a los pesados, sé simpático con la gente agradable que te puedes encontrar". Soy en parte bastante workaholic. Es un anglicismo, alcohólico del trabajo. Me viene bien trabajar.

Y a Mafalda ya se lo he dicho. Sabe que hacer dos películas en el mismo año no significa que al año siguiente vaya a hacer más, esto no es una cosa exponencial. Pueden verte una semana seis millones de personas por la tele y la semana no te ve nadie. Y esto se lo he explicado y creo que lo entiende.

La reflexión más profunda a la que he llegado con el tema de que Mafalda se meta en este mundo, y no sé si es muy válida... bueno, es válida mientras saque buenas notas (dice sonriéndose), que las saca; es que manejar teatro, la música y todo ese tipo de cosas ayudan a las personas a soportarse, a conocerse, a comunicarse, a colaborar, a ser creativos, a tener una opinión... y no me parecen asignaturas que no deban de ser exploradas. Y creo que su desarrollo humano se potencia con estas actividades.

[Más información: La extraña enfermedad que padece Mafalda, la hija de Pablo Carbonell: su dura historia]