El príncipe Guillermo.
El príncipe Guillermo habla de salud mental horas después de que Harry revelara sus ataques de pánico y su depresión
Ambos han abordado sus heridas más íntimas: el heredero, la importancia de escuchar; su hermano, el profundo bache tras su mudanza a Canadá.
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Dos testimonios distintos. Y una misma cuestión: el precio de callar el dolor. Es el eje central de las palabras que han vertido públicamente los dos hijos del rey Carlos III (77 años).
El pasado viernes, 9 de octubre, con apenas unas horas de diferencia, los príncipes Guillermo (44) y Harry (42) han vuelto a hablar públicamente de salud mental.
Ambos han puesto el foco en el sufrimiento emocional, aunque desde lugares muy distintos: el heredero al trono británico ha defendido la escucha y la prevención del suicidio; su hermano menor ha relatado los ataques de pánico, la depresión y el duelo que han condicionado buena parte de su vida.
Guillermo ha elegido una entrevista exclusiva con Daily Express, concedida con motivo del Día Mundial de la Salud Mental. Harry, por su parte, ha participado en una conversación con la neurocientífica Mary-Frances O'Connor, especializada en el estudio del duelo, dentro de Redefining Grief: Building Resilience Through Loss, un curso de 20 lecciones de la plataforma MasterClass.
El príncipe Guillermo, en el Día de la Memoria. GTRES
Sus declaraciones no responden a una iniciativa coordinada. Pero su proximidad temporal dibuja una imagen poco habitual: la de dos hermanos distanciados que, desde posiciones personales e institucionales muy diferentes, coinciden en abordar sin rodeos una materia durante décadas relegada a los márgenes de la conversación pública.
Guillermo reivindica el poder de escuchar
El príncipe de Gales ha escogido un mensaje directo. "No siempre sabemos lo que alguien esconde en su interior", ha declarado al Daily Express. Detenerse, interesarse por otra persona y escuchar sin juzgar puede tener, a su juicio, un efecto mucho mayor del que imaginamos.
"Tomarse el tiempo para interesarse, escuchar y mostrar amabilidad puede marcar una diferencia mayor de la que solemos creer", insiste.
Guillermo insiste en la importancia de preguntar si alguien está bien, concederle espacio para hablar y recordarle que no tiene por qué afrontar sus dificultades en soledad.
"A veces, una simple conversación es donde nace la esperanza. Los momentos que más importan suelen ser los más sencillos: preguntar cómo está alguien, escuchar sin juzgar y recordarle que no está solo. Los pequeños gestos de amabilidad pueden tener un impacto extraordinario", subraya.
El futuro rey quiere, además, que la atención psicológica reciba la misma consideración que la salud física. Para ello, respalda diferentes organizaciones e iniciativas, muchas de ellas vinculadas a la Fundación Real y a los esfuerzos por articular una red nacional de prevención del suicidio.
Uno de los ejemplos más destacados de su compromiso es James' Place, una organización benéfica que ofrece atención gratuita a hombres que atraviesan crisis suicidas. Desde 2018, sus centros han atendido a más de 6.000 hombres.
Harry se sincera sobre su duelo
A miles de kilómetros de esa agenda institucional, el príncipe Harry ha puesto palabras a una experiencia mucho más personal. La muerte de su madre, Diana de Gales, el 31 de agosto de 1997, en un accidente de tráfico en París, sigue atravesando su relato vital casi treinta años después.
En su conversación con Mary-Frances O'Connor, el duque de Sussex reconoce que pasó cerca de dos décadas sin llorar por Diana. Era aún pequeño cuando perdió a su madre y, según explica, no encontró un espacio en el que pudiera derrumbarse y empezar a procesar lo sucedido.
"Era un niño de 12 años sin permiso para derrumbarse y sin un plan para sanar", recuerda.
Su testimonio revela hasta qué punto el duelo quedó suspendido durante su infancia y juventud. Harry admite que llegó a olvidar el sonido de la voz y la risa de Diana. En su proceso terapéutico, un especialista le recomendó buscar el perfume que ella utilizaba. El olor actuó como un estímulo capaz de reactivar recuerdos que parecían inaccesibles.
"Rociar el perfume de mi madre fue como derribar ciertos ladrillos para poder ver a través de ellos y que ciertos recuerdos y experiencias comenzaran a aflorar".
A esa dificultad se sumó otra: la culpa de seguir viviendo con normalidad. Harry llegó a creer que ser feliz sin su madre equivalía, de algún modo, a traicionarla.
La terapia le ayudó a comprender que el sufrimiento permanente no era una medida del amor que sentía por ella. Entender que Diana habría querido verlo feliz supuso, según confiesa, un cambio decisivo en su manera de afrontar la pérdida: "Eso supuso un cambio mental enorme para mí. Me liberó y me dio una perspectiva de la vida completamente diferente".
El príncipe Harry, en Afganistán, en 2013.
Ataques de pánico bajo el uniforme de príncipe
El relato del duque va más allá de la muerte de Diana. También aborda la presión de sus compromisos institucionales y el efecto que tenían sobre él las apariciones públicas. Harry asegura que llegó a sufrir ataques de pánico y que vestirse con camisa y corbata podía provocarle una sensación de asfixia.
"Soy un príncipe, por Dios, pero aun así estaba de luto y no tenía dónde canalizar esos sentimientos", explica.
Durante años, el Ejército le proporcionó una estructura. Harry participó en dos misiones en Afganistán y encontró en la vida militar una forma de encontrar un rumbo. Ahora reconoce que aquella intensidad también funcionó como una vía de escape.
El príncipe Harry y su mujer, Meghan Markle.
La "depresión" tras abandonar el Reino Unido
Su confesión más inesperada se refiere, sin embargo, al momento en que abandonó sus principales obligaciones reales junto a Meghan Markle (45). El anuncio del llamado Megxit, el 8 de enero de 2020, abrió una crisis institucional y familiar que culminó con su retirada de la primera línea de la monarquía británica.
Tras trasladarse a Canadá para alejarse de la presión, Harry experimentó una reacción que no esperaba. Al cabo de dos o tres días, cuando descendió la tensión que había acompañado su vida institucional, sufrió una fuerte caída emocional.
"Caí en una depresión durante unas dos semanas", relata. También reconoce que sintió que no podía funcionar sin aquella descarga constante de adrenalina.
Harry introduce ahora otra dimensión: el desplome personal que le produjo dejar de lado, de manera repentina, sus obligaciones como miembro de la realeza.
Después llegaron la entrevista con Oprah Winfrey, la serie documental de Netflix y la publicación de sus memorias, Spare. Aquellas revelaciones hicieron más profundo el distanciamiento con la familia real, especialmente con su padre y su hermano Guillermo.
Pero la nueva conversación, sostiene, se concentra en otro asunto: cómo aprender a vivir con el dolor sin convertirlo en el centro permanente de la propia identidad.
El rey Carlos III (entonces príncipe de Gales), con sus hijos, los príncipes Guillermo y Harry, en Londres en 2019.
Dos hermanos, dos formas de abordar una misma herida
Las intervenciones de Guillermo y Harry no son equivalentes. El príncipe de Gales habla desde su responsabilidad pública y desde una agenda de prevención que busca mejorar el acceso a la ayuda psicológica. El duque de Sussex describe una experiencia personal de duelo, ansiedad y depresión, y el proceso que le permitió empezar a comprender sus emociones.
Guillermo pide que nos detengamos a escuchar. Harry explica qué ocurre cuando ni siquiera uno mismo encuentra la manera de afrontar su dolor. Uno habla de ayudar a los demás; el otro, de lo que le costó aprender a ayudarse a sí mismo.
Sus declaraciones no tienen una estrategia compartida ni permiten hablar de una reconciliación. Pero, durante unas horas, los dos hermanos han coincidido en una idea que trasciende sus diferencias: el sufrimiento emocional no debe tratarse como una debilidad que hay que ocultar.