Boris Izaguirre en un evento.
Boris Izaguirre, 60 años: "Yo me pasaba las tardes de mi infancia en Caracas viendo telenovelas. No quería jugar al fútbol"
El escritor recuerda que encontró en las protagonistas de las novelas su refugio ante la dislexia y el acoso que sufrió cuando era niño.
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Mientras muchos niños llenaban las calles de Caracas con partidos de fútbol o béisbol, Boris Izaguirre (1965) prefería quedarse en casa, sentado frente al televisor, fascinado por las historias de amor, poder y ambición de las telenovelas venezolanas.
Aquel niño que parecía no encajar en los modelos de masculinidad de la época cumple ahora 60 años convertido en uno de los escritores y comunicadores más reconocidos del panorama hispano.
Y, visto con perspectiva, aquellas tardes frente a la pantalla terminaron marcando su futuro, tal y como él mismo ha llegado a reconocer.
La Caracas de finales de los 60 y de inicios de los 70 era uno de los grandes centros de producción audiovisual de Latinoamérica.
Las cadenas Venevisión y RCTV exportaban telenovelas a medio continente y el melodrama formaba parte de la vida cotidiana de millones de espectadores.
En ese universo creció Boris. "Yo me eduqué viendo la televisión venezolana, que en los 70 era una industria descomunal. Pasaba horas impresionado por el melodrama", llegó a decir durante la presentación de su novela Villa Diamante.
Su fascinación iba mucho más allá del entretenimiento. "A los cuatro años yo ya quería ser una de las señoras ricas y enjoyadas que salían en las telenovelas venezolanas. Mientras los otros niños jugaban al fútbol, yo quería ser la protagonista de la novela", dijo.
Boris Izaguirre en el programa de Telecinco 'Hay una cosa que te quiero decir'.
La infancia de Boris estuvo lejos de ser sencilla. Él mismo ha contado que sufrió dislexia y que aprender le resultó especialmente complicado.
"Mi madre se dio cuenta de que a veces yo me quedaba inmóvil y perdía la orientación. Consiguió un diagnóstico en 1970. Fui un reto aprender cosas continuamente", contó en una ocasión. Por ejemplo, aprendió a leer más tarde que otros niños.
A esas dificultades se sumaban el acoso y la incomprensión por su carácter, su sensibilidad y una personalidad que él mismo definió como "fashionista" en una entrevista en la televisión vasca. "Fue un niño libélula", decía.
En una sociedad donde se esperaba que los niños practicaran deportes y respondieran a unos patrones muy definidos de masculinidad, Boris encontró refugio en su hogar y, especialmente, en su madre, la bailarina Belén Lobo.
"Mi padre simpatizaba mucho con el comunismo y le salió un hijo muy fashionista, que me encantan los millonarios y el capitalismo", decía sobre su progenitor, el crítico de cine Rodolfo Izaguirre.
A pesar de las dificultades, sus padres sacaron adelante tanto a Boris como a sus hermanos, Rhazil, el mayor, y Valentina, la pequeña. "Hicieron tres hijos únicos... Nunca nadie se ha sentido que es más o menos porque todos hemos sido lo más importante".
Con el paso del tiempo, aquel niño que prefería las heroínas de las telenovelas al balón encontró precisamente en esa diferencia su mayor fortaleza.
La sensibilidad que durante años fue motivo de incomprensión terminó convirtiéndose en la base de una trayectoria que lo ha llevado a triunfar como guionista, presentador, escritor y finalista del Premio Planeta.