Artuo Valls

Artuo Valls GIM / GTRES

Corazón

El restaurante madrileño donde Arturo Valls es cliente habitual: "Las grandes estrellas de la carta son los callos y las cañas bien tiradas"

El presentador valenciano cambia los destinos exóticos para desconectar en sus tabernas centenarias de confianza.

Más información: Roberto Leal, 47 años: "Desayuno un mollete de Antequera o tostadas de pan de espelta con aceite, tomate y jamón".

Publicada

Lejos de los destinos exóticos, las playas paradisíacas de arena fina o las exclusivas villas blindadas a los curiosos, hay famosos que encuentran la paz en el bullicio de un buen barrio.

Este es el caso de Arturo Valls. El carismático actor, humorista y presentador no necesita coger un vuelo transoceánico para desconectar del frenético ritmo televisivo. Su refugio personal tiene acento castizo, aroma a guiso tradicional y está escondido en el laberinto de calles históricas de La Latina.

Para entender el profundo arraigo del valenciano a este rincón de Madrid hay que viajar en el tiempo. Fue en este céntrico y vibrante barrio donde un jovencísimo Valls comenzó a forjar su leyenda en la televisión nacional como en el atrevido reportero de Caiga quien caiga.

Entre grabaciones, micrófonos y carreras detrás de los políticos, descubrió un ecosistema urbano que terminó convirtiéndose en su hogar y en su balneario particular.

Cuando el presentador busca esa sensación de desconexión y familiaridad, lejos de los focos y los platós, sus pasos le llevan siempre a la misma dirección, el número 2 de la calle del Águila.

Allí se erige Viuda de Vacas, una taberna tradicional que ostenta el codiciado Solete de la Guía Repsol. Este rincón centenario es el lugar que Valls corona sin titubeos como su refugio favorito de toda la ciudad, un espacio donde puede relajarse y ser simplemente Arturo.

El encanto del local reside en su autenticidad intacta. No es un establecimiento de vanguardia ni un espacio minimalista de diseño. Es pura historia viva de la gastronomía de la capital. El propio presentador confiesa con nostalgia que sentarse en una de sus mesas es un verdadero viaje emocional.

Cruzar sus puertas le evoca directamente sus primeros compases en la ciudad, transportándole a una época de juventud, de sueño por cumplir y de "esos domingos soleados repletos de gente y con cañas bien tiradas".

Pero la experiencia en este templo culinario no se entiende sin entregarse a su recetario. Como detalla el actor, "las grandes estrellas de la carta son los callos a la madrileña".

Este guiso, elaborado a fuego muy lento, con la untuosidad perfecta y el mimo heredado de las cocineras de antaño, se ha posicionado como el indudable buque insignia del local.

Es un bocado humilde pero soberbio, que el presentador saborea sin prisa y que no cambiaría por la propuesta del restaurante más caro del mundo.

El mapa de los tesoros personales del humorista en La Latina guarda otra parada obligatoria. A escasos metros de allí, en la pintoresca calle de Tabernillas, emerge La Copita Asturiana, otro de sus innegociables oasis de barrio.

Valls describe este mítico establecimiento con enorme cariño, definiéndole como "un sitio emblemático" que invariablemente le despierta "muy buenos recuerdos".

El restaurante favorito de Arturo Valls

En este segundo local, el menú abraza la contundencia del norte: la fabada y su generoso cachopo son la receta secreta del presentador para recargar energías.

En una industria donde el postureo suele dictar los destinos vacacionales de las celebrities, el valenciano es una maravillosa anomalía. Arturo Valls nos demuestra que el verdadero lujo contemporáneo puede ser algo tan cotidiano como fundirse entre el bullicio de La Latina.

El eco de las risas un domingo por la mañana, la maestría de un camarero y el sabor inconfundible de unos buenos callos compartidos con amigos. Un rincón de Madrid que, tras décadas de éxito, sigue siendo su ancla para ser inmensamente feliz.