El refugio de Paula Echevarría

El refugio de Paula Echevarría

Corazón

El refugio de Paula Echevarría: pueblo marinero de 7.000 habitantes, iglesia del siglo X e ideal para comer buen pescado

El paraíso marítimo donde la actriz y modelo se esconde del mundo, un pueblo asturiano de acantilados, sidra y su dulce favorito.

Más información: La playa donde desconecta Carlos Franganillo: 22 km de arena fina, aguas cristalinas, Bandera Azul y faro del siglo XIX.

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Paula Echevarría es sinónimo de alfombras rojas y eventos exclusivos. Su vida en Madrid transcurre entre focos, compromisos publicitarios y platós de televisión.

Sin embargo, detrás de la estrella que marca tendencia en cada aparición pública y acumula millones de seguidores en redes sociales, hay una mujer que encuentra la verdadera felicidad en la sencillez de su tierra natal.

Ese lugar no es otro que Candás, una preciosa e histórica villa marinera situada en el Principado de Asturias y capital del concejo de Carreño. Un enclave bañado por la bravura del mar Cantábrico que se ha convertido en el refugio personal, íntimo e innegociable de la actriz.

Allí, lejos del frenético asfalto madrileño y de la constante presión mediática, Paula vuelve a ser simplemente Paula. Es su desconexión absoluta. Resulta de lo más habitual verla durante las vacaciones de verano, Semana Santa o Navidades paseando relajada por sus calles, muchas veces sin una gota de maquillaje, junto a su pareja, el exfutbolista Miguel Torres, y sus dos hijos, Daniella y el pequeño Miki.

Candás no es solo el pueblo que la vio nacer y crecer, es su oasis de paz particular y el hogar de sus padres, a los que visita siempre que su agenda se lo permite. Esta localidad, de unos 7.000 habitantes, conserva intacto su mágico encanto pesquero, con un puerto que invita a perderse durante horas observando el vaivén de las barcas y sintiendo el inconfundible olor a salitre.

Para quienes buscan seguir los pasos de la actriz o planear una escapada de fin de semana, la villa cuenta con paradas obligatorias. El Paseo de San Antonio y su emblemático faro ofrecen unas vistas panorámicas de los acantilados que, literalmente, cortan la respiración.

La iglesia parroquial de San Félix es el epicentro religioso y uno de los edificios más emblemáticos de Candás. Aunque sus primeros orígenes documentados se remontan a un modesto templo prerrománico del siglo X, la imponente estructura actual es el resultado de diversas reformas históricas y de una profunda reconstrucción de estilo neobarroco llevada a cabo a mediados del siglo XX, tras sufrir graves daños durante la Guerra Civil.

Es precisamente en este punto donde la influencer suele fotografiarse al atardecer, regalando a sus fans unas postales de ensueño que se vuelven virales al instante.

Tampoco falta en su ruta habitual la Playa de Palmera, una pequeña pero encantadora cala de arena dorada, ideal para disfrutar de las jornadas estivales en las que el sol cantábrico decide asomarse en todo su esplendor.

Pero si hay algo que atrapa a la protagonista de Velvet de su querido Candás es, sin lugar a dudas, la gastronomía. En este refugio norteño se come y se come maravillosamente bien.

Las tradicionales sidrerías del pueblo son el escenario perfecto para sus interminables reuniones con sus amigas de toda la vida.

Faro de Candás

Faro de Candás

En el apartado más goloso, Candás tiene una seña de identidad inconfundible: las marañuelas. Este dulce tradicional marinero, con forma de nudo y un delicioso sabor a mantequilla cocida y limón, es la gran debilidad confesa de Echevarría.

Cada vez que pisa el pueblo, llevarse unas cajas de las históricas confiterías locales es una liturgia que cumple a rajatabla. Es el entorno ideal para degustar especialidades asturianas como la caldereta de pescados de roca, los fritos de pixín (rape) o el tradicional bonito en rollo, uno de los grandes emblemas culinarios del concejo.

En definitiva, Candás es el ancla que mantiene a Paula Echevarría con los pies en la tierra. Un destino pintoresco, acogedor, sin pretensiones y rebosante de autenticidad donde la actriz demuestra que el verdadero lujo, muchas veces, solo consiste en respirar la brisa del mar frente al mismo puerto que te vio crecer.