Vista general de las aguas turquesas de la isla del Espalmador.

Vista general de las aguas turquesas de la isla del Espalmador. iStock

Corazón

La isla poco masificada y donde se come el mejor arroz: arena fina, aguas muy transparentes y con acceso restringido

Este refugio de aguas turquesas es el destino perfecto donde Ana Torroja encontró su "paraíso perdido".

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Entre Ibiza y Formentera, flotando en un punto intermedio del Mediterráneo, aparece Espalmador. Una isla pequeña, casi intacta, deshabitada en su mayor parte y envuelta en una majestuosa belleza.

Con su arena fina, aguas muy transparentes y acceso restringido, esta isla representa una de las imágenes más puras del litoral balear. Parece hecha para el descanso, el silencio y para mirar al futuro sin prisas.

También llamada S'Espalmador, se encuentra al norte de Formentera y forma parte del entorno protegido del Parque Natural de Ses Salines de Ibiza y Formentera desde 1980.

Vista general de la playa del Espalmador.

Vista general de la playa del Espalmador. iStock

Su posición geográfica explica buena parte de su personalidad. Está lo bastante cerca de Formentera para contemplarla desde la costa, pero las corrientes y el carácter protegido del entorno la mantienen en una especie de aislamiento natural.

La isla tiene dimensiones reducidas, de unos 3 kilómetros de largo y unos 800 metros de ancho, lo que la convierte en un islote más que en una gran isla. Esto refuerza su sensación de intimidad; sin carreteras, ni núcleos urbanos ni un paisaje alterado por las construcciones.

Lo que domina es el mar, la arena y una vegetación mediterránea baja, resistente y sobria.

Sus aguas, de una transparencia casi irreal, descansan sobre un fondo de posidonia oceánica, el organismo vivo más grande del mundo y responsable del característico color turquesa que define a las Islas Baleares.

Espalmador fue durante décadas una finca privada y, en 2018, pasó a manos de una familia luxemburguesa.

Qué ver en la isla

Vista general de las aguas turquesas de la isla del Espalmador.

Vista general de las aguas turquesas de la isla del Espalmador. iStock

Aunque no cuenta con un casco histórico propiamente dicho, sí conserva varios elementos que forman parte de su pequeño patrimonio.

Destaca un faro, una pequeña capilla y una torre de defensa del siglo XVIII, tres construcciones discretas que recuerdan que incluso los lugares más aislados tuvieron usos estratégicos y religiosos.

El gran atractivo, sin embargo, está en sus espacios abiertos. La playa de S'Alga es la más conocida y la puerta de entrada habitual a la isla. Es un arenal limpio, de arena muy fina y color claro, con un aspecto muy luminoso que se mezcla con aguas poco profundas y turquesas.

Hacia el norte aparecen otras zonas como Sa Torreta y Cala Bosch, más pequeñas y algo más resguardadas, que conservan la misma esencia.

Sus playas con gran encanto han sido refugio para muchos artistas. Concretamente para Ana Torroja, que descubrió la isla "en los años 70, cuando era absolutamente virgen".

"Iba con mi familia y nos sentíamos como Robinsones porque estábamos completamente solos en la isla. La orilla era de color rosa por los trocitos de coral que quedaban en la arena".

La imagen por excelencia es la de un litoral limpio, casi geométrico, donde el color del agua cambia constantemente según la luz del día. En días tranquilos, el mar adquiere un tono que va del azul pálido al turquesa intenso, con una transparencia que permite ver el fondo a simple vista.

Ese paisaje, además, suele venir acompañado de una sensación de calma. Aunque en verano llegan barcos y excursiones, Espalmador sigue siendo una isla poco masificada en comparación con otros destinos baleares.

Playa de Espalmador, en Formentera.

Playa de Espalmador, en Formentera. Google Earth.

Uno de sus elementos más famosos es su laguna de barro, convertida durante años en una atracción. Hoy en día, el baño no es recomendable tanto por motivos de conservación como por la presencia de fauna y el riesgo sanitario.

Ecosistema virgen y protegido

Su acceso está restringido y, en la práctica, la única forma de llegar es en barco. Se puede realizar mediante embarcaciones privadas o a través del servicio de "Bahía", un barco que sale regularmente desde el puerto de La Savina y realiza una parada en la playa de Ses Illetes, antes de cruzar a Espalmador.

Hablar de Espalmador, también lleva inevitablemente a hablar de su comida. La isla en sí no tiene una oferta gastronómica estable, ni una estructura de restaurantes, pero su nombre suele aparecer asociado al arroz.

Cuando se habla del "arroz de Espalmador", se está hablando de una experiencia ligada al entorno. Comer un arroz frente a estas aguas, con el mar abierto alrededor, el barco quieto y el paisaje como escenario principal.

Así, visitar Espalmador es un ejercicio de respeto y deleite para los sentidos para todos aquellos que buscan naturaleza en estado salvaje y la calma más absoluta.