Panorámica balneario de Alange y pueblo, Badajoz.
Las termas romanas mejor conservadas de Extremadura: aguas a 28º, del siglo III d. C. y Patrimonio de la Humanidad
Este balneario cuenta con aguas medicinales que brotan de forma natural y actúan como relajante muscular.
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Imagina sumergirte en aguas templadas mientras el silencio y la piedra antigua envuelven cada instante. El vapor asciende lentamente, la luz se refleja sobre el agua y, por el momento, todo parece detenido, como si el tiempo hubiera aprendido a descansar allí.
Entre termas históricas y un paisaje sereno, la sensación no es solo de calma, sino de continuidad. Siglos atrás, otras mismas personas buscaron en estas aguas refugio, descanso y bienestar.
Ese lugar del que hablamos es el Balneario de Alange, un enclave termal donde historia, agua y tranquilidad se funden en una experiencia profundamente relajante y evocadora.
Este conjunto termal situado a solo 20 km de Mérida es uno de los más singulares de España porque une casi dos mil años de historia con una actividad turística y de salud plenamente vigente.
Aunque su origen se remonta a la época romana y ha atravesado etapas de abandono y recuperación, hoy combina patrimonio arqueológico con arquitectura y servicios de bienestar.
La historia del balneario comienza en la Antigüedad, cuando los romanos aprovecharon un manantial de aguas mineromedicinales en el entorno de la actual Alange, muy cerca de Mérida.
Ya en el siglo III d. C., existía allí un complejo termal en el que su uso estaba ligado tanto al descanso como a fines curativos.
Tras la decadencia del Imperio romano, el lugar no desapareció, pero sí perdió protagonismo. Durante la etapa árabe continuó la tradición termal. Más adelante, el balneario cayó en el olvido durante siglos, hasta que a finales del siglo XVIII se comenzaron nuevas iniciativas para recuperar las termas.
La gran transformación llegó en el siglo XIX. En 1863, el balneario salió a subasta y su comprador integró nuevas instalaciones como jardines, bañeras de mármol italiano, piscinas sobre el manantial y galerías de duchas.
Alange fue y sigue siendo, un lugar único, con aguas que curan y un legado que sigue fluyendo, literalmente, más de 2.000 años después.
Entre columnas de mármol y bóvedas semicirculares, el pasado y el presente se sumergen en las mismas termas: las del balneario de Alange, el único de España reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Aguas medicinales
Las aguas mineromedicinales de Alange brotan de forma natural a unos 28º y están catalogadas como sulfatadas, cálcicas y magnésicas, además de contener trazas de radón, un gas noble que, en dosis terapéuticas, actúa como relajante muscular y sedante del sistema nervioso.
Indicadas para el tratamiento de dolencias reumáticas, afecciones dermatológicas, respiratorias o simplemente para combatir el estrés crónico, las aguas de Alange son el alma del complejo.
Si visitas este balneario también podrás acudir a su hotel Varinia Serena o al Gran Hotel Aqualange. Sin embargo, si no quieres pasar la noche siempre podrás disfrutar de una de sus apuestas más populares. Su programa "Tardes de baño" te permitirá disfrutar por 35 euros de almuerzo y acceso a las instalaciones termales.
Lo más valioso de este lugar es que no es una ruina aislada ni un simple spa moderno. Es un lugar donde se puede leer la historia completa del termalismo en España.
Esa mezcla de pasado y presente explica por qué sigue atrayendo tanto a quienes buscan patrimonio como a quienes buscan salud y descanso. En Alange, el agua no solo ha curado y relajado a generaciones de visitantes; también ha conservado viva la memoria histórica de Extremadura.