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Corazón

El rincón perfecto para ir en primavera: castillo medieval del siglo XII y un impresionante mar rosa de melocotoneros

En este lugar podrás viajar en globo aerostático y divisar sus impresionantes campos teñidos de rosa.

Más información: Parece Santorini, pero es España: el pueblo blanco junto al mar con calles empedradas, cúpulas azules y luz infinita

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Como se suele decir, la primavera la sangre altera. Esta época es perfecta para hacer cualquier escapada disfrutando del sol en nuestras pieles. Es mucho más que una estación, es una sacudida emocional y sensorial.

Parece que el buen tiempo es sinónimo de vitalidad y energía, pero también de renacimiento y renovación. Y lo es más en sitios donde los campos florecen transformándose en mares visuales.

Un ejemplo de ello es Aitona, famoso por ser el epicentro del turismo de floración en España y por conservar un rico pasado medieval con paisajes espectaculares.

Aitona en flor

Aitona en flor Wikimedia Commons

Este pequeño municipio de 2.600 habitantes en la comarca del Segrià (Lleida) es un lugar mágico que atrae a miles de visitantes.

El núcleo de Aitona surgió alrededor de un castillo árabe, documentado en el año 1120, que se erige en una colina dominando el pueblo.

Hasta la expulsión de los moriscos en 1610, la mayoría de sus habitantes eran musulmanes. Esto explica el trazado laberíntico del Barrio de la Morería, hoy su casco antiguo.

Si visitas su centro podrás recorrer sus calles estrechas que evocan la Aitona medieval, declaradas Bien Cultural de Interés Local.

Destaca también la Iglesia de San Antolín Martir, del siglo XVIII y de estilo barroco. Cerca se encuentra la Ermita de San Juan de Carratalà, del siglo XIII y del mismo estilo arquitectónico. Posiblemente se construyó sobre una mezquita por los caballeros hospitalarios.

La iglesia de Aitona

La iglesia de Aitona Wikimedia Commons

Aunque si por algo es conocida Aitona es por su espectáculo del mar rosa. Goza de 400 hectáreas de melocotoneros, nectarinos y paraguayos que, de finales de febrero a marzo, tiñen los campos de rosa, atrayendo 20.000 visitas anuales.

Este fenómeno, potenciado por el suelo fértil del río Segre y el clima cálido transforma el paisaje en un "mar rosa" ideal para la fotografía y el senderismo familiar, completando su patrimonio histórico.

Existen rutas para visitar los campos. Estas permiten acceder a parcelas privadas acompañados por agricultores y guías locales. A lo largo del trayecto, los visitantes se sumergen en el ciclo de vida de los frutales, aprenden a diferenciar sus variedades en flor y se deleitan con la belleza de un paisaje que luce en todo su esplendor.

Entre las rutas destaca la del Melocotonero en flor, la más emblemática y con una duración de 90 minutos que explican el ciclo de melocotoneros, paraguayos y nectarinos.

Para los que buscan algo más exclusivo, Fruiturisme Aitona ofrece paseos en globo aerostático sobre los campos, sesiones de yoga entre flores o noches estrelladas con catas de fruta dulce.

Si prefiere autonomía, las rutas por libre son igual de cautivadoras. Destacan la Ruta Serra Brisa, donde tendrás unas vistas panorámicas espectaculares, o la Ruta Árbol Frutal, que puede realizarse en bici o a pie.