Vista de Pasaia.

Vista de Pasaia.

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El pueblo marinero declarado Conjunto Histórico con casas-puente del siglo XVI entre mar y montaña: perfecto para una escapada

En este lugar está la casa de Víctor Hugo, una vivienda de estilo popular del siglo XVII en la que se alojó.

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El lugar que vamos a descubrir hoy es, en realidad, una joya que esconde en su interior un mundo aparte. Entre montañas estrechas el mar intenta colarse formando un canal natural. Las casas se alinean junto al agua, casi tocándola, creando una estampa íntima donde todo gira en torno al puerto y su ritmo pausado.

Las calles, tranquilas y recogidas, invitan a caminar sin prisa mientras el sonido de las barcas y el vaivén del agua acompañan a cada paso. Hay algo profundamente auténtica en su atmósfera, con sus casas de colores y balcones que miran al mar.

Ese lugar es Pasaia, un rincón donde la esencia marinera se conserva intacta y donde la vida transcurre entre agua, historia y calma.

Pasaia, Gipuzkoa, País Vasco

Pasaia, Gipuzkoa, País Vasco iStock

Esta villa marinera, que también se conoce por su nombre en español Paisajes, se encuentra en la costa de Gipuzkoa, en el País Vasco.

Habitado por 16.000 personas según el último registro del INE, se divide en cuatro barrios; San Juan, San Pedro, Antxo y Trintxerpe, todos ellos encajonados alrededor de una bahía natural.

A primera vista, es uno de esos pueblos que parecen sacados de cuento. Casas de pescadores apretadas entre el mar Cantábrico y el monte, un puerto con historia de navegantes, faros que parecen pequeños castillos y un fascinante casco histórico.

Pasajes es un pueblo que siempre ha vivido de cara al mar, junto al puerto. Posee cerca de ocho siglos de vida marítima documentada. Ya desde la Edad Media participó en la navegación comercial con Europa y, en los siglos XVI y XVIII se convirtió en base de embarcaciones que llegaron incluso a América.

Su casco histórico es uno de los núcleos históricos más peculiares de la costa vasca. Sus casas de pescadoras, muchas de los siglos XVI y XVIII, se sitúan en fila muy pegadas unas a otras, con fachadas estrechas y altas, balcones de madera y ventanas que dan directamente a la ría.

La explicación a que las casas estén tan pegadas es porque el pueblo se construyó tan apretado entre el mar y el monte, con muy poco suelo libre para extenderse.

Casas en Pasaia, Gipuzkoa, País Vasco

Casas en Pasaia, Gipuzkoa, País Vasco iStock

En esas condiciones, la única forma para hacer sitio para calles, escaleras y muelles era aprovechar al máximo cada metro cuadrado. Por ello, lo más característico son sus casas-puente: edificios construidos de forma que en vez de rodear la calle o las escaleras, abren unos arcos bajo la propia casa para que el paso circule por debajo.

En la calle principal de Donibane, estos arcos dan un aire casi medieval, como si el suelo y el tránsito de personas y carros pasaran literalmente por debajo de las viviendas.

Entre sus edificios históricos destacan algunos ejemplos muy significativos de la arquitectura civil y marinera de distintas épocas:

El Palacio de los Villaviciosa es uno de los edificios más señoriales del casco antiguo. Datada a finales del siglo XVI, es una construcción renacentista con una fachada de piedra de calidad. Su volumen y sobriedad lo convierten en un referente visual dentro del entramado de casas de pescadores, marcando la presencia de la nobleza marinera en este puerto comercial.

La Casa de Carpín, por el contrario, es un ejemplo de vivienda marinera popular del siglo XVIII, concebida para un pescador. La característica más llamativa es el gran arco abierto en la parte baja del edificio.

Otra hito singular es la Casa de Víctor Hugo, una vivienda de estilo popular del siglo XVII con un valor histórico muy especial. Fue en el año 1843 cuando el escritor se alojó en este edificio. Hoy, la casa se conserva como testimonio físico de ese paso ilustre por Pasaia.

Todo su centro histórico está declarado Bien de Interés Cultural en categoría de Conjunto Histórico, reflejo del valor patrimonial y la identidad que aún se respira en cada uno de sus rincones.

Enfrente, en el otro margen de la ría, se encuentra Pasai San Pedro, un barrio de carácter más activo y central en la vida portuaria. Aquí está el muelle pesquero, donde amarran las barcas y donde se conservan tradiciones vivas de la pesca y la talla artesanal.

El casco histórico de San Pedro, igualmente protegido, muestra una iglesia parroquial barroca del siglo XVIII, diversas casonas de mareantes que se asoman a la ría y restos arquitectónicos en el cementerio que representan testimonios de fe y tradición religiosa de los pescadores y marineros que han vivido en la villa.

Si visitas este pueblo no puedes olvidarte de visitar el Faro de la Plata, situado sobre un acantilado que se eleva más de 150 metros frente a la bocana de la ría. Se dice que parece un pequeño castillo almenado, ofreciendo una de las vistas panorámicas más completas del puerto.

Pasaia es, sin duda, un tesoro de paisaje, urbanismo y memoria colectiva entre el mar y el monte.