La ciudad romana que puedes recorrer a pie

La ciudad romana que puedes recorrer a pie

Corazón

La ciudad romana que puedes recorrer a pie: no está en Italia, es del siglo II a. C. y conserva intactos 3 magníficos templos

El yacimiento abarca aproximadamente 20 hectáreas y destaca por la monumentalidad de sus construcciones.

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Sbeitla es uno de esos lugares que, cuando llegas, te hacen preguntarte cómo es posible que no salga todos los días en las portadas de viaje.

Una ciudad romana casi entera, en mitad de Túnez, sin masas, sin prisas y con la sensación de estar entrando en un decorado... solo que aquí fue real.

A primera vista, Sbeitla no impresiona por su tamaño, sino por su silencio. No hay filas interminables ni autobuses descargando turistas a contrarreloj.

Aquí el tiempo corre a otra velocidad, la tuya. Caminas por una avenida empedrada y, de repente, se abre el foro, intacto en su geometría, con sus losas heridas pero firmes, como si los comerciantes romanos fueran a volver de un momento a otro.

La ciudad, conocida en la Antigüedad como Sefutela, vivió su gran esplendor entre los siglos I y II d. C., y se nota. No estás ante cuatro piedras sueltas, estás en una trama urbana que todavía se entiende, que se recorre como si hojearas un libro de historia... pero en 3D.

Templos Capitolinos Monumentales de Sufetula

Templos Capitolinos Monumentales de Sufetula

El gran reclamo de Sbeitla es su capitolio y hay razones de sobra. A diferencia de otros enclaves romanos, aquí no hay un solo templo, sino tres, alineados sobre la plataforma que preside el foro.

Subir esa escalinata y girarte hacia la plaza es uno de esos momentos que se quedan en la rutina. Columnas aún en pie, frontones recortados contra el cielo y la sensación de estar en un lugar que, si estuviera en Italia, sería inaccesible por la cantidad de gente.

Es la típica estampa que pide foto de portada. Luz dorada al atardecer, la piedra anaranjada y ninguna cabeza ajena en tu encuadre.

Sbeitla no es solo Roma, también es el eco de todo lo que vino después. Caminando entre las ruinas aparecen las termas, con sus salas diferenciadas y más adelante, las iglesias y pilas bautismales de época bizantina.

Ahí es donde la visita deja de ser solo monumental y se vuelve narrativa, ves cómo la ciudad se transforma, cómo se reutilizan estructuras, cómo sobre una urbe romana se superpone un mundo cristiano que no borra, sino que adapta lo anterior.

Es un yacimiento que se presta a contar historias, del comerciante de aceite que financia edificios, del obispo que manda construir una basílica, del soldado que vigila las murallas cuando el poder de Roma empieza a resquebrajarse.

Templos de Sbeitla

Templos de Sbeitla

Hay una idea que se repite entre los viajeros que alcanzan este rincón del mapa, la autenticidad. Sbeitla ofrece ruinas extraordinariamente bien conservadas, pero sin la escenografía excesiva ni las multitudes que acompañan a otros grandes enclaves romanos del Mediterráneo.

Aquí el visitante marca el ritmo de la visita, se detiene donde quiere, rehace el camino, se sienta en una piedra y observa sin sentirse parte de una cadena turística.

El impacto llega en silencio. Al avanzar entre el foro, las termas y las iglesias, se impone una sensación poco frecuente en destinos arqueológicos de primer nivel, la de estar solo ante una ciudad que aún se puede leer con claridad.

El viajero no solo mira columnas, identifica plazas, pórticos, estancias privadas y espacios de culto y puede imaginar la vida cotidiana que discurrió por esas mismas losas.

Templos de Sbeitla

Templos de Sbeitla

Esa mezcla de monumentalidad y sosiego es uno de sus mayores atractivos. Sbeitla permite algo que en otros lugares es casi un lujo, escuchar el sonido del viento entre las piedras, encuadrar una fotografía sin cabezas ajenas y recorrer un escenario de casi dos mil años sin filtros, sin ruido y sin prisas.

Es, en definitiva, uno de esos destinos que, cuando se cuentan bien, pasan de secreto casi local a objeto de deseo para cualquier amante de la historia y los viajes.