Amaia y Rosa, en la gala especial que hicieron entre OT1 y OT 2017.

Amaia y Rosa, en la gala especial que hicieron entre OT1 y OT 2017.

Corazón LA VIDA DESPUÉS DE LA ACADEMIA

Evitemos que Amaia se convierta en otra Rosa de España

Sus muletillas preferidas, "buah", "gracias", "perdón", "no sé qué decir", no dejan ver el discurso rebelde y auténtico que ha demostrado la ganadora en la academia. En estos tiempos, necesita unas clases de comunicación como el comer.

Amaia ha ganado justamente Operación Triunfo. Es ganadora desde la Gala 3, y lo sabe. Se ha dicho de ella que detiene el tiempo cuando canta, que te transporta donde quiere, que te envuelve, te embruja, te hace olvidarte de todas tus preocupaciones por unos minutos (y eso, en los tiempos que corren, es lo más grande que puede hacer un artista).

El problema es que los artistas no solo cantan. También expresan lo que sienten, lo que quieren de la vida, lo que les gusta y lo que no... con palabras. La gente está deseando saber qué le pasa por esa cabeza a esta artistaza sin que suene en pentagramas.

Pero es imposible. No hila palabras, frena los pensamientos, por pereza o por inconsistencia, y sobre todo se esconde detrás de muletillas que no le hacen ningún bien. Que hoy hacen gracia pero que pueden ser una desgracia para una artista. Si no, que se lo digan a Rosa.

A su favor está que es una chica muy joven, inteligente y con mucho margen de mejora aunque viendo lo que sigue siendo 'Rosa de España', bien harían sus padres o sus consejeros o ella misma en tomárselo muy en serio y obligarla a clases de comunicación y expresión, entre grabación y grabación de un hit tras otro, que seguro hará.

Y es que los éxitos no sólo hay que conseguirlos también hay que compartirlos y saber contarlos para que calen en la gente y lo hagan propio.

La gala final de Operación Triunfo demostró que Rosa López (37) no sabe hablar tres frases seguidas con sentido sin liarse, liarla o interrumpir el mensaje. Como jurado intentó hablar del final de la canción de Aitana pero sólo fue una suma de muletillas que daban vueltas sobre sí mismas para acabar con un "es que yo, madre mía", "bueno, ya está, no me enrollo" o "Aitana, espartana" que seguro que lo traía preparada de casa por si se quedaba atascada y que aún sigo buscándole el sentido.

A la hora de dar el premio fue peor, que si lo digo, que si no, que si miro, que si yo también quiero... Nadie duda de su humanidad y de lo artista que era, es y seguirá siendo... ¡pero es que no se le entiende nada! Y hasta el mensaje más profundo se escurre cuando balbucea y dice "¡bueno, déjalo!" y pierde su sitio.

Por Dios que Amaia no se mire en ese espejo aunque tenga ya ciertos reflejos. Tras el discurso de Miriam y las gracias de Aitana (de la misma edad que ella), una artista como ella no se puede quedar en un 'gracias', 'buah', 'no sé qué decir', 'es que no me lo creo'...

Y eso que lo habían ensayado en la Academia con la periodista Mónica Touron que les venía advirtiendo de que hay que preparse para el mundo real (ya sea elefantes o yorskshire).

Lo peor (o tal vez lo mejor) es que, como se ha visto en el 24 horas, cuando Amaia se arranca a hablar tiene mensajes profundos, con potencia y reivindicativos, con argumentos valientes y con unos valores que la engrandecen aún más. Así que hay esperanzas de que una vez se quite la presión de ser Amaia de España o del Universo (una auténtica horterada porque cuando más vale es cuando es de verdad Amaia) sea capaz de dar una entrevista, participar en un reportaje o hablar en un TV show sin capote ni muletas... "Más ella que nunca", como reza su canción de Rozalén, pero que se le entienda.

En la rueda de prensa después del triunfo volvió a demostrar que lo suyo no es falta de ideas sino seguridad en la expresión. Sintió "vergüenza ajena" al decir "Viva San Fermín" como le pedía un medio navarro y casi no le salió el grito.. que es sólo un grito que habrá hecho, seguro, años y años en su Pamplona natal.

Es cierto que en el cara a cara gana, se siente menos presionada y es capaz de hablar hasta de su relación con Alfred, que "no necesita etiquetas" y que "es lo que se ve". Buen discurso... cuando se cuenta.

Por ahora, para el Festival de Eurovisión tiene cobertura, y de las mejores de la Academia, porque Alfred sabe lo que quiere decir y lo dice de una forma tan educada y elegante. Siempre bien argumentado y con respeto. Tiene su verdad y la sabe contar.

Lo de Rosa ya no tiene cura. Se la quiere como es. Y eso es subida a un escenario y cantando... no más...

Por favor, Amaia, tú tienes muchas cosas que decir, representas a una generación de mujeres jóvenes, preparadas, con capacidad de liderazgo y que marcan sus límites más allá del universo conocido... sólo déjanos que lo sepamos. Por favor, habla.

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