Casa Toro se ha hecho un hueco propio frente a la plaza de Las Ventas con una fórmula que combina el carácter de las tabernas madrileñas y el acento de la cocina andaluza.
Al frente está César Molero, también vinculado al cercano El Tentadero, con una propuesta pensada tanto para el encuentro informal como para sentarse sin prisas.
Barra, mesas altas, salón y terraza dan cabida a públicos y momentos muy distintos, desde el aperitivo hasta una comida larga entre amigos.
Salón con zona de semi reservados
El espacio responde a esa misma idea de taberna actual, cálida y sin solemnidades. Su interior recupera códigos reconocibles, con guiños al Madrid más popular y al sur, pero los lleva a un terreno contemporáneo.
La terraza, con vistas a la plaza, y la zona de barra invitan a tomar algo de manera más desenfadada; el salón, por su parte, permite alargar la mesa con algo más de calma.
En la carta aparecen elaboraciones reconocibles, pero tratadas con cuidado: ensaladilla con gambas al ajillo, tomate aliñao, chacinas, torreznos, lingotes de oreja con salsa brava, huevos rotos con migas de rabo de toro y un guiso de rabo que termina doce horas en el horno hasta quedar especialmente meloso.
También hay opciones fuera de carta, como los cucuruchos de gamba cristal, y menús para compartir desde 55 euros con bebida.
Chacinas, lomito y jamón
El rabo de toro es, lógicamente, uno de los reclamos de la casa. Se sirve con patatas fritas y una salsa que pide pan, mientras que la oreja se presenta en dados crujientes por fuera y tiernos por dentro.
Son platos que encajan con ese espíritu de compartir que recorre la propuesta, igual que las gambas, la ensalada de tomate o las chacinas. Para terminar, la torrija pone un cierre clásico a una comida de sabor reconocible.
La bodega acompaña esa vocación de taberna abierta y generosa con referencias de distintas denominaciones de origen, jereces y vermut, además de vinos para disfrutar tanto por copa como en una comida más larga.
En esa selección, hay un vino madrileño que ocupa lugar especial: un tinto procedente de viñedo ecológico elaborado con tempranillo, cabernet sauvignon, syrah y merlot, y criado entre 15 y 18 meses en barricas de roble francés.
Un tinto todoterreno
“Para mí, Licinia es uno de los mejores vinos de Madrid”, explica César Molero. Su elección no responde a un único momento: “Es perfecto tanto para acompañar un picoteo informal en barra como en mesa con algo más contundente”.
En Casa Toro lo sirven tanto en botella como en magnum, una alternativa especialmente atractiva cuando la comida se alarga o la mesa es de las que se juntan para compartir.
Molero lo imagina junto a “una tabla de surtidos ibéricos y una buena carne a la parrilla”. Y resume así lo que busca en la copa: “Me gusta que tiene buen paso en boca y es fresco”.
El vino favorito de Casa Toro
La descripción encaja con el perfil de Licinia: muestra fruta roja madura, fruta negra y monte bajo en nariz; en boca ofrece entrada amplia, acidez integrada, un recorrido largo y notas de cacao.
Esa versatilidad explica que funcione a distintas velocidades dentro del restaurante: puede acompañar un aperitivo de barra, sostener el sabor de una ración de torreznos o ganar protagonismo con un corte de carne.
No necesita una ocasión especial, aunque el formato magnum sí aporta un punto festivo cuando hay brindis y sobremesa. Una botella que ayuda a entender que Madrid también tiene vinos con personalidad propia.
