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En cualquier cocina profesional del mundo es habitual encontrar, al menos, un cuchillo japonés. Su extraordinaria capacidad de corte, la precisión de sus hojas y el cuidado artesanal con el que se elaboran los han convertido en herramientas de culto para chefs y aficionados. Pero detrás de su prestigio no solo hay una cuestión técnica: existe una tradición centenaria que ha sabido preservar un oficio donde la excelencia sigue siendo el objetivo último.

La primera explicación de su calidad reside en una palabra japonesa difícil de traducir: shokunin. Este término hace referencia al maestro artesano, pero también a una forma de entender el trabajo basada en la dedicación absoluta, la mejora constante y el respeto por los materiales. En Japón, la figura del shokunin sigue ocupando un lugar central, algo que ha permitido conservar técnicas de forja que en muchos otros países fueron sustituidas hace décadas por procesos completamente industrializados.

El espíritu del shokunin implica aprender un oficio durante años, repitiendo los mismos gestos hasta alcanzar la perfección. La tradición se transmite de maestro a aprendiz (deshi), garantizando que el conocimiento acumulado durante generaciones no desaparezca. A ello se suma una actitud de permanente inconformismo: el artesano nunca considera terminada su evolución y busca mejorar cada pieza que fabrica.

El preciso afilado del cuchillo japonés.

El preciso afilado del cuchillo japonés. Yuki Sugiura

De espada a cuchillo

La historia de estos cuchillos está estrechamente ligada a la legendaria fabricación de espadas japonesas. Con el fin del periodo feudal y la llegada de la era Meiji, muchos maestros espaderos trasladaron sus conocimientos a la elaboración de cuchillos de cocina. Esa herencia sigue presente hoy en técnicas como el endurecimiento diferencial de la hoja (yaki ire), que permite combinar un filo extremadamente duro con una estructura resistente y flexible.

En cuanto a la selección de materiales, sigue predominando el uso de aceros con un alto contenido en carbono (como las variantes shirogami y aogami), los cuales permiten alcanzar una dureza extrema y un filo incomparablemente agudo.

La anatomía de un cuchillo japonés.

La anatomía de un cuchillo japonés. Yuki Sugiura

A ello se suman otros elementos fundamentales, como la geometría del filo, el equilibrio del cuchillo, el tipo de amolado y los acabados manuales. El resultado son herramientas que permiten realizar cortes extremadamente precisos, reducen el esfuerzo durante el trabajo y respetan mejor la textura de los alimentos, una cualidad especialmente valorada en la cocina japonesa.

Por otra parte, en lugar de usar una sola pieza de metal, muchos cuchillos japoneses emplean una construcción de tres capas llamada san mai. Esta técnica introduce un núcleo de acero extremadamente duro (que proporciona el filo) entre dos capas exteriores de acero más blando o inoxidable. El revestimiento exterior protege la hoja y absorbe los impactos, permitiendo que el núcleo mantenga su dureza sin quebrarse

Un cuchillo japonés.

Un cuchillo japonés. Yuki Sugiura

Aunque la demanda internacional no ha dejado de crecer, muchas de las principales regiones cuchilleras del país mantienen intacta su identidad. Localidades como Sakai, Echizen, Sanjo, Seki o Tosa continúan siendo referentes de una tradición donde pequeños talleres familiares trabajan junto a maestros artesanos reconocidos oficialmente por el Gobierno japonés como guardianes de este patrimonio.

Precisamente ese universo artesanal es el protagonista de Anatomía del cuchillo japonés. La guía de la cultura y el oficio de la forja, publicada por la editorial Cinco Tintas. Escrito por Helen Symonds y Tom Saunders, el volumen ofrece un recorrido por la historia, las técnicas de fabricación, los distintos tipos de acero y las principales escuelas de cuchillería japonesa, además de explicar el mantenimiento y el afilado de estas piezas.

'Anatomía del cuchillo japonés' (Cinco Tintas).

'Anatomía del cuchillo japonés' (Cinco Tintas). Cinco Tintas

Más allá de su utilidad en la cocina, los cuchillos japoneses representan una filosofía de trabajo donde tradición, innovación y respeto por el oficio conviven en equilibrio. Esa combinación de conocimiento transmitido durante siglos, precisión técnica y obsesión por la mejora continua explica por qué siguen siendo considerados, por cocineros de todo el mundo, como algunas de las mejores herramientas de corte jamás fabricadas.