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Las berenjenas (bien) fritas están buenísimas, eso es indiscutible. Pero quedarse ahí es perderse casi toda la fiesta, porque la versatilidad de esta hortaliza nos ofrece un mundo por descubrir en el que merece la pena adentrarse.

Uno de los mejores destinos posibles está en Sicilia y se llama caponata , un guiso agridulce de verduras que se puede comer templado o frío, que mejora de un día para otro y que es perfecto para tenerlo en la nevera y que nos solucione las cenas.

La receta que os proponemos es de Luis Güell, el cocinero detrás del perfil @almorzandoconluis , una cuenta de Instagram que ronda ya los 300.000 seguidores a base de recetas caseras explicadas sin florituras.

Lo que diferencia la caponata de un pisto español

Hay dos detalles que separan esta versión de cualquier pisto de verduras de los que se preparan en muchas casas en España.

El primero es añadir una pizca de cacao puro en polvo, pero que nadie se asuste pensando en un guiso con sabor a chocolate.

En esa cantidad el cacao no se percibe como tal, sino que sirve para equilibrar la acidez del tomate y darle al guiso un sabor más intenso.

No es una excentricidad moderna. Las cocinas nobles de la isla, herederas de los monsù, los cocineros de formación francesa al servicio de las casas aristocráticas, ya jugaban con el chocolate en preparaciones saladas, y en Sicilia hay tradición chocolatera propia gracias al cacao de Módica.

Si no tienes cacao en polvo sin azúcar, una onza pequeña de chocolate negro del 85 % rallada también sirve para preparar la receta.

La otra gran diferencia es el toque agridulce del final que se consigue mezclando vinagre de vino blanco con azúcar y un poco de tomate concentrado, una mezcla que puedes ahorrarte usando un par de cucharadas de kétchup.

Receta de caponata siciliana

Ingredientes

  • Berenjenas grandes, 2 ud, unos 800 g
  • Aceite de oliva virgen extra, cantidad necesaria para freír y sofreír
  • Cebolla, 1 ud
  • Apio, 3 ramas
  • Tomates cherry, un puñado generoso, unos 200 g
  • Tomate natural triturado, 400 g
  • Piñones, 30 g
  • Pasas, 30 g
  • Aceitunas negras, 60 g
  • Alcaparras, 1 cucharada colmada
  • Cacao puro 100 %, 1 cucharadita
  • Vinagre de vino blanco, 2 cucharadas
  • Azúcar, 1 cucharada
  • Tomate concentrado, 1 cucharada
  • Vino blanco o agua, 2 o 3 cucharadas
  • Albahaca fresca, al gusto
  • Sal, al gusto

Paso 1

Cortamos las berenjenas en cubos regulares, las salamos y las dejamos reposar 10 minutos para que suelten el exceso de agua.

Paso 2

Las freímos en aceite de oliva en dos tandas, sin amontonarlas en la sartén, hasta que estén doradas por fuera. Las escurrimos en un colador grande y las reservamos.

Paso 3

En una sartén aparte tostamos los piñones sin nada de aceite, vigilándolos de cerca para que no se quemen. Los sacamos y reservamos.

Paso 4

En esa misma sartén ponemos aceite de oliva virgen extra y pochamos la cebolla y el apio picados con una pizca de sal, unos 10 minutos, hasta que estén tiernos y translúcidos.

Paso 5

Añadimos los tomates cherry y los dejamos otros 5 minutos, hasta que empiecen a reventar y suelten su jugo.

Paso 6

Si vemos que se ha pegado algo en el fondo, echamos un par de cucharadas de vino blanco o de agua y desglasamos raspando para recuperarlo todo.

Paso 7

Incorporamos las pasas, las aceitunas negras y las alcaparras, y removemos un par de minutos.

Paso 8

Vertemos el tomate triturado y lo dejamos reducir entre 5 y 10 minutos, hasta que esté espeso y haya perdido el agua.

Paso 9

Añadimos la berenjena frita y la integramos con movimientos suaves, con cuidado de no romper los cubos.

Paso 10

Incorporamos la cucharadita de cacao, corregimos de sal y dejamos 5 minutos a fuego bajo para que se termine de cocer todo.

Paso 11

Mezclamos el vinagre con el azúcar y el tomate concentrado hasta que tenga una textura como de kétchup.

Paso 12

Incorporamos la albahaca fresca picada y, ya con el fuego suave, la mezcla anterior. Removemos para que se mezcle todo bien.

Paso 13

Apagamos el fuego y esparcimos por encima los piñones tostados. Se come con pan, y está todavía mejor de un día para otro.

Más recetas con berenjenas para no comerlas siempre fritas

El recetario clásico español más popular ha hecho famosas las berenjenas fritas y las ha relegado a verdura de relleno en pistos improvisados, pero en otros países mediterráneos es protagonista de muchas preparaciones que merece la pena conocer.

Baba ganoush. Un clásico de la cocina de Oriente Medio que se prepara asando la berenjena entera y directamente sobre la llama o bajo el grill, hasta que la piel se ennegrece y la pulpa se queda muy tierna.

Después se pela, se escurre bien el agua que suelta y se tritura con tahini, ajo, zumo de limón y sal. Se sirve en un plato hondo a modo de paté con un chorro de aceite, pimentón y unos granos de granada.

Parmigiana di melanzane. La prima napolitana de la caponata. Las berenjenas se cortan en láminas a lo largo, se salan un rato para que suelten agua y se fríen ligeramente. Aunque hay quien las hace a la plancha o al horno para aligerar el plato, la versión clásica es con la berenjena frita.

Luego se montan en capas alternas con salsa de tomate, albahaca, mozzarella escurrida y parmesano rallado. Finalmente se hornea hasta que se dore, y se deja reposar al menos 15 minutos para que se asiente y no se desmonte al cortarla.

Musaca o moussaka. La versión griega, más contundente. Con capas de berenjena (en rodajas, asadas al horno o fritas) alternadas con un guiso de carne picada de cordero o ternera con tomate, cebolla y un toque de canela.

Todo ello coronado con una bechamel espesa enriquecida con huevo y queso. Se gratina hasta que la superficie queda dorada y firme, y también se debe dejar reposar antes de servirla.

Berenjenas asadas con miso. El nasu dengaku japonés se prepara cortando la berenjena por la mitad a lo largo, marcando la pulpa con cortes en rejilla y asándola hasta que esté tierna.

Después se pincela con una pasta de miso, mirin, sake y un poco de azúcar y se vuelve al calor fuerte un par de minutos, hasta que el glaseado burbujea y brilla y el interior queda cremoso. Se termina con unas cuantas semillas de sésamo tostado por encima.

Escalivada. Berenjena, pimiento rojo y cebolla enteros al horno, sin pelar, a temperatura media y con paciencia, hasta que la piel se arruga y se desprende sola.

Cuando están templadas se pelan, se desmigan con los dedos en tiras y se aliñan con aceite de oliva virgen extra, sal y a veces un poco de ajo. Sobre unas tostadas de pan y con unas anchoas por encima quedan increíbles.