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Seguro que en alguna ocasión se te ha antojado una tortilla de patatas para cenar, pero estabas tan cansado que decidiste dejarlo para la próxima.

Para resolver ese antojo por todo lo alto, el chef Jesús Sánchez tiene la solución con esta elegante tortilla de patata que se hace en tiempo récord.

Una versión que, salvando las distancias, recuerda un poco a los pasteles de tortillas que estaban de moda en los ochenta y a las tortillas rellenas de Santander, esas que por encima llevan una mezcla de bonito y mayonesa y se cubren con una finísima tortilla de huevo.

El chef, propietario del Cenador de Amós (tres estrellas Michelin y una Estrella Verde en Villaverde de Pontones, Cantabria), también famoso por su inseparable gorra, compartió la receta en su perfil de Instagram dentro de la serie que titula #RecetasConLaGorra.

Una tortilla de patata sin esfuerzo

En esta receta, el chef navarro-cántabro se replantea la tortilla de patata para hacer una versión más rápida, pero muy resultona y muy elegante a la hora de presentarla en el plato.

En vez de la cebolla pochada, que necesita tiempo y fuego lento, el chef apuesta por un puñado de cebollino picado que se añade en crudo al batido de huevo. El cebollino aporta ese toque como a cebolla sin necesidad de sofrito, pero sin el punto desagradable que tendría añadir cebolla cruda.

Con la patata toma un atajo que es recurrente en muchos grandes chefs españoles. Esta de Jesús Sánchez es una tortilla de patatas de bolsa, un truco que ya le hemos visto aplicar a José Andrés o al mismísimo Ferran Adrià, que fue quien la puso de moda.

Los guisantes lágrima

Los guisantes lágrima que emplea el chef para dar el toque final a su tortilla son guisantes recolectados muy pronto, cuando aún son diminutos y tienen forma de gota, de ahí su nombre.

Se les llama "el caviar vegetal" porque su piel fina y crujiente estalla en el paladar y libera un dulzor delicado. Su temporada es brevísima, apenas unas semanas de primavera, y su recolección, totalmente manual y muy exigente, explica que sean uno de los productos más caros y buscados de la alta cocina del norte.

Fuera de esas pocas semanas es difícil encontrarlos, pero una buena alternativa son unos espárragos trigueros troceados, que aportan también ese toque vegetal y crujiente y combinan de maravilla con los espárragos blancos en conserva.

Tendríamos una tortilla con dúo de espárragos, igual de vistosa y disponible durante todo el año.

Ingredientes

Ingredientes

  • Huevos, 4 ud
  • Patatas fritas de bolsa, 100 g
  • Espárragos blancos gruesos en conserva, 4 ud
  • Guisantes lágrima, 40 g, o 4 espárragos trigueros finos troceados
  • Cebollino picado, 2 cucharadas
  • Aceite de oliva virgen extra, 2 cucharadas
  • Mayonesa, 1 cucharada
  • Sal, 1 pizca

Paso 1

Reservamos las yemas de los espárragos blancos y cortamos en resto en daditos pequeños.

Paso 2

Batimos los huevos en un bol amplio.

Paso 3

Añadimos las patatas fritas de bolsa y las machacamos ligeramente sobre el huevo para romperlas y que se mezclen mejor.

Paso 4

Incorporamos el cebollino picado y mezclamos bien.

Paso 5

Calentamos el aceite en una sartén y cuajamos la tortilla al punto que más nos guste.

Paso 6

Salteamos brevemente los guisantes lágrima y los daditos de espárrago para que queden crujientes.

Paso 7

Coronamos la tortilla con el salteado, las yemas de espárrago y la mayonesa. Servimos inmediatamente.

Más formas de tunear una tortilla de patatas

La tortilla de patata admite tantas versiones como despensas existen, y la propuesta de Jesús Sánchez es solo un primer paso hacia un universo mucho más amplio.

Una de las variantes más clásicas es la que incorpora chorizo, cuyo pimentón tiñe el huevo y aporta un punto graso y ahumado que la hace irresistible.

En la misma línea, la morcilla de Burgos, desmenuzada y salteada con su arroz y su cebolla, aporta un sabor intenso que casa muy bien con un huevo poco cuajado.

Quienes quieran una tortilla con sabor a mar tienen en el bacalao a su gran aliado. Una tortilla con migas de bacalao desalado, o directamente con una brandada suave integrada en el batido, resulta cremosa y elegante, especialmente si se acompaña de pimientos del piquillo asados que aportan dulzor y color.

También triunfan las gambas al ajillo, servidas sobre una tortilla ya hecha, que aportan un toque picante y una textura fina, o las conservas de atún y bonito, que se usan en las tortillas rellenas santanderinas cubiertas de mayonesa.

El reino vegetal ofrece opciones tan resultonas como el calabacín, que puede mezclarse con la patata para hacer una tortilla más ligera y, además, aporta jugosidad, o los boletus y otras setas de temporada, que llenan la tortilla de umami y le dan un toque otoñal.

Los pimientos verdes fritos, los ajetes tiernos y las alcachofas confitadas son otras incorporaciones clásicas que juegan con el amargor y el dulzor sin necesidad de grandes fuegos artificiales.

Para las ocasiones especiales, el lujo llega de la mano de la trufa negra rallada sobre la tortilla aún caliente, un truco sencillísimo que perfuma el plato entero con muy poca cantidad.

La cecina de León y el jamón ibérico, añadidos en el último momento por encima para que su grasa se funda con el calor residual, son otro tuneo infalible para una tortilla de día de fiesta.

Mirando al Mediterráneo, unos trocitos diminutos de sobrasada, mezclados con la patata caliente y el huevo, le dan a la tortilla un contrapunto goloso difícil de olvidar.

Al final, tunear una tortilla no es más que atreverse a mirar lo que hay en la nevera.