La cooperativa manchega El Progreso, con sede en Villarrubia de los Ojos (Ciudad Real), ha puesto en marcha un proyecto ecológico para dar una nueva vida al orujo de uva y transformarlo en pienso animal. La iniciativa se enmarca en la economía circular y busca convertir un subproducto de la bodega en un recurso útil para la alimentación ganadera.
El orujo, para quien lo desconozca, es el conjunto de pieles, pepitas y raspones que queda tras el prensado de la uva en bodega. Hasta ahora, este material tenía una salida limitada, pero ellos pretenden estudiar su valor nutritivo y comprobar en qué condiciones puede incorporarse a la dieta animal con garantías, hasta convertirse en un pienso estandarizado y comercializable.
La clave del plan está en aprovechar un residuo abundante del sector vitivinícola y reducir su impacto ambiental. En vez de tratarlo como desecho, la cooperativa quiere reconvertirlo en una materia prima con utilidad económica y alimentaria.
Esta iniciativa no se desarrolla en solitario. Según ha informado la cooperativa en un comunicado de prensa, trabajan junto con la Universidad de Orihuela, Cooperativas Agroalimentarias de Castilla-La Mancha, la cooperativa Alimer, los laboratorios Agrama y la cooperativa San Isidro de Requena.
Dichas entidades están revisando las primeras fases del proyecto, analizando muestras y estudiando posibles aplicaciones del orujo en distintos tipos de alimentación ganadera. El objetivo es valorar su viabilidad técnica y su posible salida al mercado.
El proyecto encaja de lleno en la lógica de la economía circular: aprovechar mejor los recursos, generar menos residuos y abrir nuevas vías de negocio a partir de subproductos agrícolas. También puede ayudar a reducir costes y a mejorar la sostenibilidad tanto de la bodega como del sector ganadero.
Bodegas El Progreso.
Así, la propuesta conectaría dos sectores muy presentes en Castilla-La Mancha: el vitivinícola y el agroganadero. Si prospera, el orujo dejaría de ser un residuo secundario para convertirse en un ingrediente con valor añadido.
También refuerza la imagen de la bodega como agente innovador y comprometido con la sostenibilidad. En un contexto en el que cada vez se valora más el aprovechamiento integral de los recursos, iniciativas como esta tienen un fuerte componente ambiental y estratégico.
No es la primera vez que se plantea el uso de orujo de uva como alimento para ganado, pero El Progreso está tratando de profesionalizar y estandarizar una práctica que, hasta ahora, sólo se conocía en ámbitos científicos y explotaciones ganaderas puntuales.
