Es un mantra que se repite casi desde el inicio de la epidemia: los niños enferman de Covid-19, la enfermedad producida por el nuevo coronavirus Sars CoV-2 muchos menos que los adultos, como se demostró el pasado 28 de febrero en la revista New England Journal of Medicine, que analizaba datos de 1.099 pacientes chinos de COVID-19 y cifraba en el 0,9% el porcentaje de afectados menores de 15 años. Esta idea, tranquilizadora sobre todo para las familias, venía acompañada de otra más preocupante: a pesar de eso, los menores sí que son transmisores de la enfermedad.

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Pero en la última semana -antes, por supuesto, en la consultas de pediatría de atención primaria y en las de dermatología- se empezó a escuchar hablar de un nuevo síntoma de COVID-19 en niños y adolescentes. El mensaje, difundido por la vía menos fiable actualmente para informarse sobre la infección, el WhatsApp, venía acompañado de fotos de pies supuestamente infantiles con lesiones variables en la piel. 

"Por favor revisar [sic] las manos y los pies de vuestros hijos... (niños y adolescentes) Parece que están desarrollando una patología diferente a la de los adultos. Es para informar de que pueden contagiar y para hacer las pruebas serológicas", rezaba un mensaje que, como todos los bulos, no tenía la fuente identificada -o variaba según el grupo donde se hubiera mandado-. 

Sin embargo, este bulo tenía algo de distinto y era un fondo de verdad. Como explica a EL ESPAÑOL la dermatóloga del Hospital Universitario de Móstoles, Cristina Galván, sí es cierto que los dermatólogos llevan tiempo viendo un aumento de ciertas alteraciones en la piel en pacientes supuestamente no infectados y también en hospitalizados con COVID-19. 

"Estamos ante una enfermedad completamente nueva que está causando un enorme problema de salud pública", señala Galván que apunta que en este contexto "lo último que preocupa" hasta ahora era que aparecieran en la piel "unas manchitas"

Sin embargo, a medida que avanza la pandemia esta especialista empezó a valorar que quizás las afectaciones en la piel sí tenían que analizarse. "Lo que diferencia a la piel de otros órganos es que es lo que yo llamo el 'órgano consejero' porque te puede dar datos de una situación con sólo mirar al paciente", apunta. 

La primera vez que se relacionó el COVID-19 y los síntomas en la piel fue en Tailandia, un paciente en el que se le sospechaba dengue precisamente por sus lesiones en la piel, pero que resultó ser positivo a coronavirus. 

En un principio, podía padecer un caso anecdótico, pero pronto empezaron a llegar más. "Hasta ahora los estudios son pocos y, sobre todo, poco ilustrados", señala Galván que cree firmemente en que la ciencia "se ha de hacer con datos" y no basándose en anécdotas y redes sociales. "Tiene que haber un protocolo serio para analizar lo que está pasando, hay que generar evidencia científica", comenta Galván. 

Por esta razón, la dermatóloga es la autora -junto con otros dos especialistas- de un estudio que se ha bautizado como COVID-piel y que ya ha sido autorizado por las agencias y comités éticos correspondientes y en el que están trabajando muchos dermatólogos de toda España. Hasta el 16 de abril y "a toda velocidad" están recogiendo todo tipo de datos, porque buscan que sirva "al paciente que vendrá mañana". 

Esto tiene una importante implicación: casos que hasta ahora podrían estar pasando desapercibidos podrían estar diseminando la enfermedad. Por eso es importante el estudio, apoyado por la Academia Española de Dermatología y su Unidad de Investigación.

Por poner un ejemplo práctico, esto tendría implicaciones para la salud pública. Si cuando empiecen las anunciadas, aunque no concretadas, medidas de desescalaje se permite salir a la calle a personas asintomáticas, es posible que alguien con una lesión cutánea considerara que es apto para salir. En caso de que los estudios  llegaran a la conclusión de que cierta lesión cutánea es una manifestación de COVID-19,  no lo sería, ya que correríamos el riesgo de que transmitiera la infección que padece sin saberlo

Lo que de momento se está recogiendo es, como mínimo, curioso. Las lesiones que se están observando en la piel son muy distintas y van desde erupciones urticarianas a eritemas multiformes, vesículas, púrpuras y lesiones similares a perniosis, término conocido popularmente como sabañones. "Normalmente aparecen en personas susceptibles y cuando hace mucho frío, pero estamos viendo que las presentan numerosos jóvenes que ni las habían presentado nunca ni se han sometido a bajas temperaturas", comenta. 

Eso sí, Galván deja muy claro que no hay que "asustarse", pero es importante estudiarlo. La razón es clara: mientras no termine el ensayo clínico, se trata sólo de sospechas. "Estos casos, sin síntomas guía de COVID-19, que sólo presentan lesiones sospechosas en la piel, no están incluidos en los protocolos actuales para someter al paciente a un test diagnóstico del coronavirus. Cuando, por algún, motivo, se les ha hecho el test, unos han dado positivo y otros no". 

Pero el mensaje principal no cambia: el COVID-19  sigue siendo una enfermedad especialmente grave en personas mayores y con comorbilidades. Pero, al igual que se hace ahora con la mayoría de casos leves -que se diagnostican como COVID-19 por los síntomas, sin necesidad de hacer la prueba -, quizás tengan que entrar en esta ecuación las lesiones de la piel. 

Nadie pide que los padres de los niños con problema cutáneos de aparición reciente corran ahora a los ambulatorios o los hospitales, o demanden la prueba. Todo lo contrario. "Aconsejamos que consulten por vía telemática a su médico, pediatra o dermatólogo sólo si una lesión cutánea les parece preocupante, como harían en tiempos preCOVID", comenta Galván, que ha recibido centenares de mensajes desde que se extendió la información sobre el nuevo síntoma.

Se trata de conocer más a un virus que no deja de sorprendernos y la aparición de síntomas nuevos es una de sus características. Lo que queda claro es que todavía queda mucho por saber del nuevo coronavirus y, como afirma el dicho bien conocido, para derrotar al enemigo hay que conocerlo