Cuando Miguel Servet llegó a Ginebra, sólo pretendía pasar inadvertido en su camino hacia Italia, donde esperaba encontrar mayor tolerancia religiosa, pero cometió un error. Tenía curiosidad por escuchar el sermón de Juan Calvino, uno de los padres de la Reforma Protestante, así que acudió a su iglesia. Allí fue reconocido y arrestado y poco más de dos meses más tarde fue quemado vivo en la hoguera junto a sus libros. Era el 27 de octubre de 1553 y para algunos aquel fue el inicio del debate que condujo al reconocimiento de la libertad de pensamiento y de la libre expresión de las ideas. Aunque cultivó muchos saberes, Servet destacó en medicina y en teología hasta que la segunda acabó con él.

No están muy claros ni el lugar ni la fecha en que llegó al mundo, aunque probablemente fue en Villanueva de Sigena (Huesca) en 1509 o en 1511. Hijo de un notario y descendiente de una familia judeoconversa por parte de madre, destacó desde pequeño en el dominio del latín, el griego y el hebreo y se convirtió en pupilo de Juan de Quintana, un fraile que llegó a ser confesor y consejero de Carlos V.

Con estos contactos, comienza a viajar por Europa como parte del séquito imperial, entra en contacto con las ideas de la Reforma y cuando aún ronda los 20 años empieza a liarla al publicar De Trinitatis Erroribus (De los errores acerca de la Trinidad). Sí, un jovenzuelo se atreve a negar el dogma de que Dios es único y existe a la vez como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Tanto católicos como protestantes se escandalizan y la Inquisición comienza a perseguirle.

Por eso, se marcha a Lyon, adopta una nueva identidad como Michel de Villeneuve y se pone a trabajar en una imprenta. En esta etapa comienza a interesarse por la medicina, tanto que decide matricularse en 1537 en la Universidad de París para estudiar esta disciplina.

De nuevo allí destaca rápidamente como alumno y como profesor y de nuevo se ve envuelto en polémicas, una de ellas por defender la idea de que las estrellas influyen en los acontecimientos futuros, lo que hace que sea procesado por el Parlamento de París. La astronomía, la meteorología, las matemáticas, la geografía y la física, entre otras materias, también se encuentran entre sus intereses.

Aunque el campo de la medicina seguía dominado por las viejas enseñanzas del griego Galeno, comienzan a despuntar ideas sobre la necesidad de experimentar, que darían paso a la Revolución Científica moderna. Servet, en compañía de Andrés Vesalio, considerado después el padre de la anatomía moderna, disecciona cadáveres y realiza descubrimientos interesantes que no dejaría por escrito hasta tiempo más tarde.

El recorrido de la sangre

Fue ya en 1553 y dentro del libro Christianismi Restitutio (Restitución del Cristianismo) cuando publica su gran hallazgo científico, la circulación menor de la sangre, es decir, el recorrido que hace entre el corazón y los pulmones. Era la primera vez que se describía en Occidente, aunque el árabe Ibn Nafis ya lo había descubierto en el siglo XIII.

La tradición hebrea decía que el alma se encuentra en la sangre, pero la Biblia remite a que fue inyectada por Dios al hombre a través de la respiración. Al comprender que el corazón impulsa la sangre para que se oxigene en los pulmones, el aragonés no sólo está hablando de medicina, sino que le da a un sentido teológico a su hallazgo científico.

Sin embargo, Christianismi Restitutio es una obra anónima y, como su título indica, está dedicada fundamentalmente a cuestiones religiosas, un nuevo caramelo para la Inquisición porque, entre otras cosas, abogaba por que el bautismo se realizara en una edad adulta, cuando las personas fuesen maduras y con capacidad de elegir.

Desde hacía años, Servet se había estado carteando con Calvino, pero sus ideas eran muy dispares y la relación se volvió cada vez más tensa, así que es probable que fuese el propio teólogo protestante quien reveló la identidad del autor de la obra. La Inquisición de Lyon recibió aquellas cartas como prueba y el aragonés fue arrestado en Viena, pero logró escapar.

Juicio y muerte

Años atrás, el enfado de Calvino con Servet ya era tan monumental que advirtió que si pasaba por Ginebra no saldría vivo de ella. Inesperadamente, ahora tenía la oportunidad de cumplir su palabra porque en su huída el aragonés se metió en la boca del lobo. Fue acusado de herejía por dos motivos principales, la negación de la Trinidad y su defensa del bautismo adulto, y el juicio se convirtió en un encendido debate teológico.

El erudito español pensaba que tenía opciones de defenderse e incluso pidió que se encarcelara a Calvino por presentar acusaciones falsas contra él, pero al final acabó sentenciado a la hoguera. Tuvo la oportunidad de salvar su vida renunciando a sus ideas, pero rechazó hacerlo y terminó reducido a cenizas.

Aunque en un primer momento los líderes protestantes aprobaron la ejecución, muy pronto el rechazo fue generalizado. Sólo dos meses después Calvino tuvo que abandonar Ginebra por ello. Entre los protestantes el castigo de la herejía con la muerte se puso en cuestión. Servet había hecho una importante aportación a la medicina, pero su muerte hizo una mucho más trascendental para la libertad.

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