La visita anual al dentista no es una experiencia agradable para casi nadie, sobre todo si el especialista descubre algún diente dañado por las bacterias, un trastorno que se conoce como caries dental y que es de los más frecuentes en el ser humano.

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El remedio actual para las caries es limpiar de microorganismos la cavidad que se ha formado en la pieza, reemplazar el tejido perdido con cemento, resina u otros materiales y sellar el agujero para que el daño no se repita. Es un procedimiento rudimentario y, si no se aplica anestesia, es doloroso.

Por esta razón, un estudio publicado en la última edición de Scientific Reports podría suponer una muy buena noticia para la humanidad y una muy mala para los bolsillos de los dentistas, a pesar de ser dentista su principal autor, el investigador del Dental Institute del Kings College de Londres Paul Sharpe.

El trabajo ha demostrado que colocar en el agujero de la caries una esponja biodegradable impregnada con una pequeña cantidad de un fármaco, una molécula de la familia de los antagonistas de GSK-3, logra que los dientes se regeneren por sí solos de forma natural. Adiós a la anestesia, a los taladros y al sillón del dentista.

Proceso de reparación natural de dientes de ratones. Scientific Reports

El problema, sin embargo, es que este milagro no se ha obrado en personas todavía, sino en ratones. Según detallan los autores, el mecanismo de acción detrás de este inesperado crecimiento, está en la movilización de células madre residentes en el nervio del diente.

El tratamiento presenta varias ventajas sobre las opciones actuales para las caries. Además de evitar los empastes, la regeneración sería más completa y la cavidad bucal no contaría con ningún elemento extraño.

Por si fuera poco, explica Sharpe a EL ESPAÑOL, se trata de una "molécula pequeña y muy barata de producir". Sin embargo, el experto reconoce que "con suerte" los ensayos en humanos empezarán en 2018. "Siendo realistas habrá que esperar entre tres y cinco años", añade a este diario.

Se da la circunstancia de que los antagonistas de GSK-3 se probaron inicialmente como tratamiento para el alzhéimer, pero sin éxito. Ahora podrían tener una buena vida y el agradecimiento eterno de millones de personas.