Ana Belén Ropero Lara Fernando Borrás Rocher Marta Beltrá García-Calvo

Cada vez disponemos de más alimentos ecológicos (eco, orgánicos o bio) a nuestro alcance. En general, percibimos que llevar ese adjetivo los hace más beneficiosos para la salud que los convencionales. Pero ¿es en realidad ecológico sinónimo de saludable?

De manera muy simplificada, la producción ecológica tiene como principal objetivo producir alimentos a partir de sustancias y procesos naturales, prescindiendo de productos químicos.

Lo ecológico está de moda entre quienes se preocupan por la salud y pueden permitírselo. De hecho, el mercado de este tipo de productos está en alza y su crecimiento parece imparable.

Fruta, verdura y cereales son ya habituales entre los alimentos ecológicos. Cada vez es mayor la presencia también de productos procesados. Entre ellos nos podemos encontrar galletas, cereales de desayuno, tortitas de cereales, pan tostado, así como bebidas, “yogures” y postres vegetales.

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Medio ambiente y salud

La preocupación por el medio ambiente y el bienestar de los animales son dos de las principales razones esgrimidas para elegir alimentos ecológicos, pero también lo es la salud.

A estos alimentos se les suele atribuir menor riesgo de cáncer. Pero además, el consumidor cree que tienen menos grasa y calorías que los convencionales, así como mayor contenido de fibra.

No están claros los beneficios

Sin embargo, los posibles beneficios para la salud de los alimentos ecológicos están aún en estudio. Los ensayos clínicos realizados a corto plazo no han dado resultados favorables. Y tampoco disponemos de estudios a largo plazo.

Es cierto que los alimentos ecológicos están asociados a menor incidencia de varias patologías como infertilidad, alergias, síndrome metabólico o diabetes tipo 2. Algunos investigadores apuntan a que la ausencia de pesticidas y el menor contenido de metales pesados podría estar detrás de estos beneficios.

Pero también podrían deberse a que los consumidores de productos ecológicos suelen seguir una dieta y un estilo de vida más saludables, tienen un índice de masa corporal menor y son más activos físicamente.

El tema de las diferencias nutricionales es aún controvertido. Algunos estudios muestran que los cultivos ecológicos tienen más antioxidantes, minerales y vitaminas. Sin embargo, otros trabajos no han encontrado diferencias y hay serias dudas respecto a la importancia nutricional de las diferencias encontradas.

¿Son saludables?

En base a nuestros propios resultados, la respuesta es que, en conjunto, no lo son. Un 80% de los más de 1 800 productos procesados “eco” que hemos analizado no se pueden considerar saludables. De hecho, casi el 60 % de los productos son altos en azúcares libres y el 41 % contienen demasiada grasa.

Al comparar con los productos convencionales, los ecológicos presentan algunas mejoras nutricionales. Sin embargo, son tan pequeñas que resultan irrelevantes.

Lo que sí hemos observado es que, para algunos tipos de alimentos, hay mayor oferta de la versión saludable en la alternativa ecológica. Por ejemplo, los cereales de desayuno que como ingredientes solo tienen cereales suelen ser ecológicos y son saludables. Por el contrario, en las versiones convencionales abundan los azúcares, la sal y las grasas añadidos.

No le ocurre lo mismo a las galletas orgánicas, que suelen ser productos de gran aporte calórico, con muchos azúcares añadidos y grasa. El pan tostado y productos similares están muy cargados de sal, ecológicos o no. Y los azúcares que aportan todas las bebidas, los “yogures” y los postres vegetales son, en su mayoría libres.

Declaraciones nutricionales y fortificación

Si ya de por sí los alimentos ecológicos se perciben como saludables, el uso de reclamos publicitarios del tipo “sin azúcar”, “con fibra” o similares puede potenciar esta impresión. Son las denominadas declaraciones nutricionales, y es curioso observar que los productos ecológicos utilizan estos reclamos con mayor frecuencia que los convencionales.

Una de las estrategias para hacer al producto más atractivo es la fortificación o adición de vitaminas y minerales. Pero no es el caso de los ecológicos, ya que apenas están suplementados con vitaminas. En cuanto a minerales, solo lo están algunas bebidas vegetales ecológicas, con calcio y en menor proporción que las convencionales.

Esta escasa fortificación con vitaminas y minerales de las bebidas, los “yogures” y los postres vegetales es importante, porque pretenden sustituir a los lácteos. Sin embargo, si no se suplementan no pueden cubrir las mismas necesidades nutricionales que estos.

En conclusión, desde el punto de vista nutricional, los productos procesados ecológicos no son saludables por el mero hecho de incorporar las etiquetas eco, orgánico o bio. Como con cualquier otro producto, antes de comprarlo hay que fijarse en los ingredientes y leer la información nutricional del paquete.

* Ana Belén Ropero Lara es profesora titular de Nutrición y Bromatología, y Directora del proyecto BADALI, web de Nutrición. Instituto de Bioingeniería, Universidad Miguel Hernández.

* Marta Beltrá García-Calvo es profesora de Nutrición y Bromatología. Colaboradora del proyecto BADALI, web de Nutrición. Instituto de Bioingeniería, Universidad Miguel Hernández.

* Fernando Borrás Rocher es profesor de Bioestadística de la Facultad Medicina, Universidad Miguel Hernández.

** Este artículo se publicó originalmente en The Conversation.