En la mayoría de las neveras de España, de forma esporádica o continuada, encontraremos yogures desnatados. El llamativo eslogan "bajo en grasa" o "sin grasa" suele captar fácilmente la atención del consumidor. De hecho, en la otra cara de la moneda, leer "yogur natural" suele sonar a insípido o incluso calórico.

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Pero nada más lejos de la realidad: los mensajes de marketing alimentario suelen tratar de esconder aspectos desfavorables del producto a cambio de promocionar una "ventaja", como sería en este caso la eliminación de la grasa -la nata de la leche- y su potencial calórico.

Hoy veremos cuatro motivos por los que, en realidad, el yogur natural es mejor opción que cualquier desnatado. Incluso sin saborizantes de por medio.

La nata no es el problema

Hasta el año 1977, la grasa no era vista como un problema en la dieta. Sin embargo, en aquella época el gobierno de los Estados Unidos inició una campaña para impulsar las dietas bajas en grasa para enfrentarse al incipiente problema de obesidad, dando lugar a una fabricación masiva de productos desnatados en la década de 1980. Y el resto de países occidentales se fueron uniendo a la moda posteriormente.

Sin embargo, y a pesar de que hoy en día las guías clínicas siguen aconsejando limitar el consumo de grasas en general, y grasas saturadas en particular, los estudios al respecto están empezando a descartar la idea de que los productos lácteos enteros puedan ser un problema real. De hecho, algunos trabajos recientes sugieren incluso un efecto protector.

Por otro lado, los yogures desnatados o bajos en grasa tienden a contener más azúcar que los yogures naturales, con el objetivo de mejorar su sabor, lo que a su vez sería un problema: habría menos calorías en comparación, pero el exceso de azúcar sería más un perjuicio que un beneficio.

Menos azúcar en sangre

El exceso de azúcar agregado en los yogures desnatados puede acarrear problemas. El azúcar añadido puede en ocasiones llegar a duplicar el contenido de azúcar presente de forma natural en un yogur típico, y también tendrá más potencial para provocar "picos" de azúcar en sangre.

Estos aumentos de azúcar o glucemia sanguíneos se han relacionado con aumento de apetito, y mayor consumo calórico total al final del día.

Aún así, cabe recordar que un yogur natural no está completamente libre de azúcares, ya que la leche contiene lactosa. Sin embargo, un yogur natural no debería necesitar otros azúcares añadidos, al contrario que la mayoría de yogures desnatados. Especialmente aquellos con sabores, que tienden a ser los que más azúcar añadido contienen.

Es más saciante

Por su parte, la grasa del yogur natural -especialmente la del yogur griego- supone el aporte de un macronutriente que es conocido por su mayor potencial saciante que el azúcar, el cual suele consumirse en exceso incluso de forma involuntaria por su elevada palatabilidad.

Así mismo, la combinación de las proteínas de la leche y la grasa natural del yogur aumentarán más si cabe el potencial saciante del mismo.

El yogur desnatado, al carecer de grasa o contenerla en una cantidad muy limitada, sumándole la presencia de azúcares añadidos, no solo es menos saciante en comparación, sino que puede aumentar la tendencia a consumir otros alimentos y aumentar así el consumo calórico diario total de forma involuntaria.

Tiene mejor sabor

Para finalizar, y contrariamente a lo que se suele pensar, el yogur natural tiene mejor sabor que los yogures desnatados. Estos últimos necesitan o bien azúcar añadido, o edulcorantes o saborizantes artificiales para resultar sabrosos.

Tanto el yogur natural como el yogur desnatado contienen casi los mismos nutrientes, a excepción de la grasa: misma cantidad o similar de proteínas y probióticos. Sin embargo, la grasa presente de forma natural sería la que daría sabor a este alimento, además de otorgar una cremosidad adicional al mismo.