El cáñamo acompañó a la humanidad durante prácticamente toda su historia por sus muchas virtudes y sus múltiples usos. Hay referencias de su explotación en China que datan de hace unos 8.000 años y en España se cultivó durante varios siglos; de hecho, las velas de las carabelas con las que Cristóbal Colón llegó a América estaban confeccionadas con sus fibras. Fue a partir de 1930 cuando su cultivo se torció al surgir las primeras prohibiciones relacionadas con la expansión del consumo de la marihuana porque ambos forman parte de la misma planta: el Cannabis. Pero la marihuana más de moda no es para colocarse y, además de su uso textil y estupefaciente, se obtienen de ella biocombustibles, materiales de bioconstrucción, celulosa y el alimento que nos ha traído hasta aquí: sus semillas.

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Con un sabor que recuerda a las pipas de girasol, su altísimo perfil nutricional hacen de las semillas de cáñamo todo un superalimento. Son ricas en proteínas —suponen nada menos que el 23% de su composición—, ácidos esenciales, vitaminas y enzimas, con pocos azúcares y sin grasas saturadas ni almidones. Contienen todos los aminoácidos esenciales que precisa el organismo para formar proteínas y reparar tejidos, así que son especialmente recomendables para las personas que llevan una dieta vegana. Además, su alto contenido en vitaminas A, C y E le otorgan propiedades antoxidantes que luchan contra los radicales libres y frenan el envejecimiento de las células.

Entre sus propiedades también hay que resaltar su contenido en ácidos esenciales como el omega 3 y el omega 6, muy importantes para velar por la salud cardiovascular. De hecho, las semillas de cáñano son todo un torrente de beneficios para el corazón también por constituir un gran aporte de fibra: el 43% de su composición total. Esta sustancia no está valorada solamente por regular el tránsito intestinal y tener un efecto saciante que ayuda en las dietas de adelgazamiento; según la Fundación Española de Corazón nos ayuda a vivir más y mejor puesto que se asocia con la reducción de la mortalidad por enfermedad cardiovascular, respiratoria y cáncer. Asimismo, protegen el sistema óseo al ser ricas en fósforo y calcio.

Valor nutricional de las semillas de cáñamo

El valor nutricional por 100 gramos de semillas de cáñamo es el siguiente:

Calorías: 580 kcal

Hidratos de carbono: 6,7 g

Proteínas: 25 g

Fibra: 35 g

Grasas totales: 45 g

Fósforo: 820 mg

Calcio: 170 mg

Hierro: 18 mg

¿Es seguro tomar cáñamo?

Ingerir semillas de cannabis podría parece una costumbre más propia de las personas con adición a las sustancias estupefacientes, pero nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que el cáñamo nutricional, en cualquiera de las formas en las que se comercializa, lleva tomándose siglos con total normalidad porque no posee las características psicotrópicas de algunos de los componentes de la marihuana. Eso sí, si las consumes podrías dar positivo en un control de drogas.

Su consumo —desaconsejado para personas con intolerancia o en el caso de embarazado y lactancia al no haber evidencias suficientes— es totalmente seguro y está regulado. De hecho, el que se comercializa como alimento no puede contener más de un 0,2% del canabinoide psicotrópico THC que sí está en la marihuana en un 30% y es responsable de sus efectos. Por otro lado, la cantidad diaria de semillas de cáñamo que está recomendada va de los 30 a un máximo de 40 gramos repartidos a lo largo del día.

Cómo tomar semillas de cáñamo

Las semillas de cáñamo pueden encontrarse en tiendas especializadas en diferenes formatos: enteras (también llamadas cañamones), crudas, tostadas, sin cáscara o molidas en polvo. Estas últimas quizás sean las más fáciles de incorporar a una dieta porque pueden añadirse a todo tipo de alimentos como un suplemento. Su sabor es suave, de modo que no interviene en el del resto de condimentos. 

En el mercado también encontramos aceite de cáñamo, que conserva valores muy altos de omega 3 y se puede usar para aliñar, además de leche de cáñamo que se emplea como cualquier otra bebida vegetal. Las semillas ofrecen una gran variedad de posibilidades, pero las más sencillas pasan por añadirlas para enriquecer tus ensaladas, mezclar con los cereales o el yogur, así como incorporarlas a masas.

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