La mayoría de nosotros compramos especias por encima de nuestras posibilidades. No porque sean caras —de hecho, son bastante baratas—, sino porque casi todos estos botes terminan por caducar en nuestras estanterías. Cuando estamos en el supermercado nos imaginamos realizando exóticas recetas, pero pocas veces superamos el orégano, el tomillo o la pimienta. ¿Estos ingredientes se ponen malos o pierden cualidades? ¿Cuándo deberíamos deshacernos de ellos?

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Aunque puedan parecer ingredientes insignificantes, las especias pueden aportar muchos beneficios a nuestros platos. En primer lugar, las especias potencian el sabor de las comidas y, por tanto, nos ayudan a reducir la cantidad total de sal que empleamos. En consecuencia, se reduce el riesgo de hipertensión y el de sufrir enfermedades cardiovasculares. Pero, además, las especias contienen nutrientes —sobre todo, minerales y vitaminas— y contribuyen a conservar algunos alimentos.

Según este estudio publicado en Journal of AOAC international, ciertas hierbas que se utilizan como especias como el clavo, la cúrcuma, el romero, la salvia y la canela han demostrado tener propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. La misma investigación encontró que el consumo frecuente de comidas especiadas se relaciona con un menor riesgo de sufrir complicaciones al sufrir una enfermedad respiratoria o cardiovascular.

La mayoría de las especias son plantas que han sido desecadas. Al prescindir del agua que componía estos vegetales, la proliferación en ellas de microorganismos que las echen a perder es menos probable. De hecho, el término caducar no es el más apropiado para referirse al deterioro de las especias porque no llegan a estar en mal estado.

La vida de una especia

Según el portal norteamericano Healthline, las primeras especias que suelen echarse a perder son las hierbas desecadas. En este sentido, el orégano, el romero, el cilantro, la menta, la salvia, la albahaca, el tomillo, las hojas de laurel, el eneldo, el perejil y la mejorana pueden permanecer en nuestras estanterías entre 1 y 3 años sin perder sus características ni echarse a perder.

El mismo sitio web explica que las especias machacadas o en polvo pueden permanecer entre nosotros un poco más de tiempo. El ajo, la canela, la cúrcuma, el chile, el cardamomo, el pimentón, el jengibre y la pimienta de Jamaica pueden quedarse en nuestras despensas durante un período comprendido entre los 2 y los 3 años

Por último, también existen algunas especias que permanecen íntegras, es decir, no se machacan ni desecan. Este tipo de especias es el más duradero de todos y está compuesto por productos habituales como las semillas de mostaza, la canela en rama, el clavo, los granos de pimienta, las semillas de comino, la nuez moscada y otras menos frecuentes como las semillas de alcaravea y las semillas de hinojo. Todas ellas pueden utilizarse hasta 4 años después de haberlas comprado.

Una especia eterna

De todas las especias que existen sólo hay una que se puede conservar en nuestras casas eternamente. La sal es el condimento por excelencia que utilizamos en todas nuestras recetas y nunca se echa a perder. Irónicamente, es la especia que se gasta con más rapidez en nuestras cocinas y, por tanto, nunca llega a durar demasiado en nuestras despensas.

Las especias, en realidad, no caducan nunca. Lo que sí que hacen es perder sus propiedades organolépticas. Estas son el olor, el sabor, la textura y el color. Es decir, con el tiempo estos ingredientes van perdiendo su capacidad para aumentar el sabor de los platos, el principal objetivo por el cual se emplean en la cocina. Se vuelven insípidos y no tienen aroma, pero no pueden hacernos enfermar.

Por esta razón, nunca encontraremos una fecha de caducidad en los envases de estos productos sino una sugerencia de consumo preferente. El mejor momento para desechar esas especias que se amontonan en tu despensa es cuando ya no aportan nada a tus recetas.