Si hablásemos de la espirulina hace apenas cuatro años tendríamos que recurrir a Google para saber que se trata de una especie de alga que se obtiene a partir de las especies Arthrospira platensis y Arthrospira maxima, dos cianobacterias conocidas como algas azules que, en principio, estaban incluidas en el género Spirulina, que sigue siendo el nombre empleado para denominar a este superalimento que de un tiempo a esta parte se ha ganado un hueco en las despensas de todas aquellas personas a las que les gusta cuidarse. De hecho, aunque su fama le haya hecho perder credibilidad, es uno de los 50 alimentos que mejoran nuestra salud.

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La espirulina contiene un alto porcentaje de proteínas de alta calidad, ácidos graos omega 3 y vitaminas, además de 26 veces más calcio que la leche. Su peculiar sabor hace que sea aconsejable mezclarla en leche o batidos, aunque también la podemos consumir en cápsulas. Los orígenes de la extracción de esta alga hay que ir a buscarlos a las orillas del lago Chad, en África, donde la denominan dihé y la empezaron a explotar comercialmente en 2007. Fue Francia la pionera de su cultivo en Europa hace dos décadas. Según los datos del Ministerio de Agricultura apareció en España en 2017 y un año más tarde ya se extrajeron 0,648 toneladas, así que su producción en nuestro país es relativamente nueva.

Lo cierto es que son muchas las ventajas de comer algas, sobre todo para aquellas personas que quieran perder peso porque su fibra ayuda a crear sensación de saciedad con poco valor calórico y, además, mejora la salud intestinal porque proporcionan mucha fibra prebiótica. Es un alimento muy nutritivo que contienen grandes cantidades de antioxidantes, perfecto para regular la glucosa en la sangre y proteger la salud cardiovascular. No obstante, aunque la espirulina haya sonado como uno de los alimentos que fortalece el sistema inmune para combatir el coronavirus, lo cierto es que se trata de una falacia y así lo ha reconocido la Academia Española de Nutrición y Dietética y el Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas-Nutricionistas en un documento reciente.

Y es que la popularidad de la espirulina ha sido contraproducente, en muchas ocasiones, a la hora de adjudicarle propiedades casi mágicas porque, si bien es cierto que cumple todos los parámetros para ser un superalimento, no hay estudios que evidencien ninguna de las propiedades curativas o de mejora que se le suelen asociar contra la obesidad, la diabetes, la anemia o las úlceras intestinales. Conviene tener en cuenta, además, que su alto nivel de fenilamina puede ser perjudicial para pacientes con fenilcetonuria (alteración congénita del metabolismo). No es recomendable tampoco para las que tomen medicamentos que puedan incrementar el riesgo de hemorragia, las mujeres embarazadas o lactantes, las que padezcan hiperuricemia, hipertiroidismo, enfermedades hepáticas o patologías autoinmunes.

Valor nutricional de la espirulina

El valor nutricional por 100 gramos de espirulina es el siguiente:

Calorías: 290 kcal

Grasas totales: 5,38 g 

Hidratos de carbono: 23,9 g

Proteínas: 57,47 g

Manganeso: 1.900 mg

Potasio: 1.363 mg

Sodio: 1.048

Magnesio: 195 mg

Fósforo: 118 mg

Calcio: 120 mg

Cómo elegir la mejor espirulina

Hay varios factores a tener en cuenta a la hora de seleccionar en el mercado la espirulina de mayor calidad:

-Color. Tiene que ser de un intenso verde oscuro, una característica que denota que no ha sufrido oxidación al aire.

-Olor. Tiene que tener un olor suave característico puesto que si desprende un aroma intenso también habría estado expuesta a oxidación. 

-Origen. El país de producción, el método, las condiciones de cultivo o la cepa de espirulina cultivada aportarán información sobre la sostenibilidad del producto, los contaminantes a los que pudo estar expuesto o su pureza.

-Pureza. Una mayoría de marcas usan aditivos, normalmente las industriales, mientras que la producción artesanal no suele incluirlos y, por lo tanto, la espirulina está menos degradada y mantiene sus propiedades. 

-Medio y método de cultivo. La calidad del agua es primordial para asegurar una calidad óptima. Tiene que estar filtrada adecuadamente y con parámetros controlados. Además, la infraestructura también influye a la hora de estar libre de contaminación exterior en áreas protegidas o no.

-Procesado. Este es uno de los parámetros más importantes, puesto que el secado industrial se realiza a 180 º destruyendo nutrientes y en las producciones artesanales se hacen a 40 o 60 º, muchas veces sirviéndose de la energía solar y conservando así más propiedades.

-Precio. El precio, como suele ser habitual, nos da una idea de su calidad puesto que las producciones industriales comercializan a precios más bajos, pero generalmente también una espirulina de menos calidad.

Cómo tomar la espirulina

La espirulina puede consumirse tanto en cápsulas como en polvo. Si escogemos el primer formato, tendremos que seguir las instrucciones del productor, pero si preferimos incorporarla a nuestros platos, tendremos que tener en cuenta que la cantidad adecuada para una persona es de 3 a 5 gramos diarios. Si empezamos una dieta continuada, será normal que en los primeros días duela un poco la cabeza y nos sintamos más deshidratados, con lo que conviene beber más agua de lo normal. 

Podemos espolvorear espirulina en todo tipo de masas para hornear, tanto saladas como dulces, y también en cremas, purés, revueltos, batidos e incluso platos de pasta, como estas ensaladas saludables para alimentarnos bien en verano. Las tortitas con la tonalidad verde azulada del alga son un clásico de los desayunos de Instagram.

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