El tomate frito es una de nuestras salsas favoritas, pero la mayoría de las que se venden en el supermercado no son, precisamente, saludables. Para elaborar esta salsa se necesitan sólo 4 ingredientes: tomate, aceite de oliva virgen extra, una pizca de azúcar y sal. Si la elaboramos en casa puede ser una receta saludable: cuando se cocina con aceite de oliva, el tomate pierde vitamina C, pero aumenta la cantidad de licopeno que el cuerpo puede absorber. El licopeno es uno de los carotenoides que aportan color al tomate y vitamina A. 

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Además, para que nuestra receta sea saludable debemos echar la mínima cantidad de azúcar posible. La principal misión de este ingrediente es restar acidez a esta salsa. Por esta razón, si nos acostumbramos a su sabor natural, cada vez prescindiremos en mayor medida de este producto asociado a la obesidad. En este sentido, los tomates fritos del súper se caracterizan por llevar entre sus ingredientes una alta proporción de azúcares para que su sabor se adecúe al gusto de la mayoría de consumidores.

¿Cuál sería entonces el mejor tomate de bote del supermercado? El tomate triturado, a secas. Ese que lleva sólo tomate y corrector de la acidez. Sin embargo, si su sabor no nos convence en un principio podemos, como se ha dicho antes, sofreírlo en una sartén con aceite de oliva, sal y la menor cantidad posible de azúcar. De esta manera, aprovecharemos los beneficios del tomate sin añadir los peligros de los azúcares añadidos excesivos que caracteriza a los alimentos ultraprocesados.

Pero bueno, si te mantienes fiel al tomate frito de bote, la nutricionista Marián García, más conocida en redes sociales como Boticaria García, propone que nos fijemos en algunos aspectos para llevarnos el mejor a casa. Cuantos menos ingredientes tenga y más se ciña a los ingredientes tradicionales, mejor. Si entre sus componentes no encontramos azúcar, pero sí jarabe de glucosa o de fructosa, hay que saber que, a efectos prácticos, son lo mismo. Por último, debemos comprobar que los azúcares no supongan más de 5 gramos por cada 100 de alimento. Esta es la cantidad de azúcar que la experta considera como aceptable para este tipo de productos.