En los últimos años, los alimentos vegetarianos y veganos están ganando mucho protagonismo, con la consideración de que, como norma general, son más saludables y sostenibles. De hecho, no hace mucho, incluso la ONU alertó del riesgo para el planeta del excesivo consumo de carne y de que era importante un vuelco en nuestros hábitos alimentarios. Por ello, las cadenas de comida rápida han decidido crear nuevas versiones vegetarianas de muchos de sus productos, como, por ejemplo, las hamburguesas vegetales. Sin embargo, estos productos sustitutivos de la carne no necesariamente son más sanos que su versión cárnica.

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Hoy es común acceder a cualquier cadena de comida rápida y observar que ya existen réplicas de sus recetas tradicionales, pero en las que la carne es sustituida por otros productos de origen vegetal. Esto debe interpretarse como un intento de adaptación al mercado por parte de estas cadenas, con el lanzamiento de productos dirigidos tanto a quienes muestran una mayor preocupación por su hábitos alimentarios como a los consumidores vegetarianos y veganos.

Es cierto que desde una perspectiva comercial esta estrategia puede tener éxito, al dirigirse a todo un sector de potenciales clientes. No obstante, otra cuestión que se plantea es si, en realidad, estas versiones no cárnicas suponen algún tipo de beneficio para la salud en comparación con las originales.

Dos ejemplos de este tipo de productos son los lanzados por sendas compañías: Impossible Foods y Beyond Meat. Su principal particularidad es que su aspecto, su textura e, incluso, su sabor, son muy similares a los de carne. Pero, ¿son más saludables? Todo parece indicar que no.

Para analizar esta situación, podemos acogernos a los datos reflejados en un informe realizado por Barclays Research, de los que se hace eco Business Insider. Según estos, los productos no cárnicos de este tipo de establecimientos son nutricionalmente muy similares a los originales en los que se basan.

Por ejemplo, la Impossible Whopper, basada en el popular Whopper de la cadena Burger King, posee 630 kilocalorías, solo 30 menos que la versión original. Una similitud que se mantiene en relación con otros valores, como en el caso de las grasas (34 gramos - 40 gramos), las grasas saturadas (11 gramos -12 gramos), carbohidratos (58 gramos - 49 gramos), sodio (1.240 mg -980 mg) o proteínas (28 gramos - 25 gramos). El único valor en el que la versión no caŕnica obtiene un resultado notablemente mejor es solo en relación con el colesterol, con 10 miligramos frente a los 90 del plato original. Unos parámetros que se repiten en otras cadenas y con otras marcas, como los productos de Kentucky Fried Chicken, que desde hace algún tiempo está trabajando en esta línea, en colaboración con Beyond Meat.

Esta peculiar similitud encuentra su explicación en el hecho de que con estos productos, las cadenas de comida rápida no quieren reinventar su carta, sino que, muy al contrario, lo que pretenden es realizar una imitación que pueda alcanzar a un mayor número de potenciales clientes. La consecuencia es que ya sean de carne o sin carne, se trata de alimentos procesados, cuya principal característica no es precisamente ser saludables, ya que suelen incorporar altas cantidades de aceites de baja calidad y de sal, tal y como señala el nutricionista Whitney Stuart, lo cual contraviene de forma expresa las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. De hecho, el consumo excesivo de sodio, es decir, de sal, es uno de los principales factores de riesgo evitables asociados a enfermedades cardiovasculares.

La hamburguesa vegana de Burger King.

Un negocio con buena salud

Lo que sí parece que goza de buena salud es el negocio ha generado alrededor de este mercado. Al menos, eso parece a tenor de algunas previsiones, como las que ofrece la consultora Meticulous Research, que pronostica que el mercado global de este tipo de productos alcance casi 11.000 millones de dólares en 2020, lo que significaría una una tasa compuesta anual de 6,7% durante el período desde 2017 a 2022.

Un optimismo en este mercado que es compartido por los analistas de Barclays, que señalan que durante la próxima década el mercado de carne alternativa podrá alcanzar los 140 mil millones de dólares. Un crecimiento que significaría un 19 % con respecto al peso del mercado de productos cárnicos. “Si bien la carne de laboratorio todavía está a varios años de llegar a los supermercados, la proteína de origen vegetal sigue ganando terreno frente a su contraparte de origen animal, y esperamos que esta tendencia continúe en el futuro previsible”, auguran estos expertos.

Por poner solo un ejemplo, Beyond Meat, la empresa que colabora con Kentucky Fried Chicken en el desarrollo de nuevos productos, realizó una muy exitosa salida a bolsa. Y, aunque con algún que otro tropiezo, desde su salida a bolsa el pasado 1 de mayo se cifra en el 500 %, aunque ha alcanzado hasta el 800 % en los momentos más alcistas. A este buen dato bursátil se suma un optimismo sobre las previsiones de futuro. De hecho, para 2019, la empresa prevé superar los 240 millones en ingresos, lo que supondría un crecimiento del 170% respecto al año pasado.

Con estos datos y ante la creciente demanda de este tipo de productos, todo parece indicar que el sector de la carne sin carne va a hacerse con un espacio importante, probablemente en detrimento del sector cárnico tradicional. No obstante, la duda es si ante la evidencia de que su consumo no es más saludable, será capaz de resistir.