Los alimentos de IV gama llevan años en los supermercados españoles, concretamente desde 1989, aunque los estadounidenses ya los consumían en la década de los años 70. Probablemente, el lector de este artículo lleve años comprando productos de este tipo sin saber realmente qué son. 

Aunque su nombre pueda sonar rimbombante, no vienen de otra dimensión, ni son esos sobres extraños que comen los astronautas en el espacio. "Son productos vegetales, frutas y hortalizas frescos sin tratamiento térmico, preparados, lavados y envasados. Han podido ser objeto de troceado, corte o cualquier otra operación relacionada a la integridad del producto y están listos para consumir o cocinar", explica José Luis Bernal, ingeniero agrícola y coautor de La cuarta gama: La nueva cosecha de nuestros campos a EL ESPAÑOL. 

La denominación de IV gama responde a una progresión de la evolución de los alimentos: La I gama son los productos frescos, la II son las conservas, la III son los congelados y la V son productos frescos que han sufrido un ligero tratamiento térmico.

Así, el público está acostumbrado a comprar la lechuga preparada, la fruta cortada e incluso los champiñones laminados. Esta forma de consumo surge como respuesta a una demanda de los consumidores, que tienen poco tiempo para cocinar pero no quieren caer en la típica comida rápida, que no es sana.

Bernal apunta a la comodidad como una de las ventajas, ya que "son productos listos para consumir". "La comodidad y la rapidez son un plus en una sociedad que anda falta de tiempo", sentencia.

Riesgos de los productos de IV gama 

Por su parte, Iñaki Elío, director del Grado de Nutrición Humana y Dietética de la Universidad Europea del Atlántico, explica que "podemos encontrar situaciones de riesgo si durante su transporte o almacenamiento no se mantiene la cadena de frío; o si se consumen pasada su fecha de caducidad. Cabe recordar que son productos perecederos". 

Así, hace referencia al estudio Riesgo de intoxicación alimentaria por salmonela en las bolsas de ensalada abiertas, publicado en la revista Applied and Environmental Microbiology. Una de las conclusiones es que la intoxicación por salmonela sucede cuando se abren las bolsas y se pierde la protección de la atmósfera modificada, permitiendo el crecimiento de esta bacteria anaerobia.

En este sentido, señala que únicamente el 7% de las intoxicaciones alimentarias que se producen son de origen vegetal, siendo las de origen animal el 93% restante. "Con una correcta conservación y manipulación de los alimentos de IV gama, podemos estar tranquilos a la hora de consumirlos", añade. 

Además, el director aconseja que "para evitar una intoxicación alimentaria, el consumidor debe comprobar que el alimento se encuentra en nevera, que su fecha de caducidad no ha vencido y una vez abierta la bolsa se conserve en frío, consumiendo el producto de forma inmediata".

Asimismo, destaca como desventajas una probable pérdida de sabor; que se envase más de la que se va a comer, con el problema de desperdiciar el resto; y las emisiones de CO2 por el transporte.

A pesar de los riesgos, Elío explica que "en lo referente a propiedades nutricionales y seguridad alimentaria" una ensalada casera y una del supermercado "son igualmente recomendables".

Coste medioambiental 

Una de las críticas a los productos de IV gama es el aumento del volumen de material de envasado y las emisiones de CO2 para el mantenimiento del frío a lo largo de todo su proceso, relata el profesor.

"Cabe destacar que la industria alimentaria se encuentra en una búsqueda continua para poder reducir el coste energético a lo largo de su proceso de conservación y encontrar materiales para su conservación con menor impacto para el medio ambiente", añade.

[Más información: Los secretos del hummus del 'súper': por qué no deberías consumirlo a diario]

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