Un rumor recorrió los pasillos atestados de la Cumbre del Clima de Madrid (COP25) en las primeras horas del martes: los caminos de la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, y la joven activista sueca, Greta Thunberg, se habrían cruzado por fin. Ambas habrían posado juntas para la foto más deseada por el Gobierno de Pedro Sánchez. Pero pasaban las horas y la fotografía no aparecía. Finalmente, la delegación española en la COP25 ponía fin al espejismo con ironía: "Nos habríamos enterado de algo así".

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Efectivamente, ambas compartían protagonismo a la misma hora: Ribera inauguraba junto a Alejandro Sanz y la presidenta de la COP25, la chilena Carolina Schmidt, el tramo de Alto Nivel de la Cumbre, en el que se pronuncian las autoridades. Thunberg, por su parte, presentaba el segmento de ciencia climática en el que rehusó hablar: "Yo no soy científica. Necesitamos escuchar a los científicos". Acto seguido, la ecologista adolescente se escabullía sin un acercamiento, sin un gesto, sin tan siquiera reconocer el esfuerzo del Gobierno de España por involucrarse en la cumbre.

Es el enésimo desplante a la mano tendida desde Moncloa, que comenzó hace más de un mes cuando la propia Ribera le ofreció a través de Twitter la ayuda de España para que viajase de un modo sostenible a través del Atlántico. Thunberg ignoró el tuit y prefirió embarcarse con una familia de youtubers australianos. Pero hubo más ofertas de ayuda que no fueron tan publicitadas como en las redes sociales. "Se le ofrecieron muchas cosas", confirman fuentes del Gobierno a EL ESPAÑOL, tales como alojamiento y recepciones, que rechazaron. También se ofreció desde Interior un servicio de protección a su llegada y durante su estancia, según otra fuente oficial.

Greta y su padre sí se encontraron con el alcalde de Lisboa, Fernando Medina, al pisar tierra en Portugal, y la joven puedo realizar una calmada rueda de prensa pese al cansancio de la odisea, arropada por sus compañeros de Extinction Rebellion y bajo un sol radiante. Su llegada a España, en cambio, fue caótica, un maremágnum en la que la única representación oficial fue la de la Policía Nacional que evitó una estampida. Ese mismo día, la activista tuvo que abandonar la marcha por el Clima ante la "masiva afluencia" de personas que le impedían avanzar y ponían en riesgo su seguridad

Esta serie de desencuentros se explican por un sencilla razón: los Thunberg han rechazado informar al Gobierno de sus planes, lo que ha impedido organizar mejor los actos. Sí han mantenido el contacto con la organización de la COP25, ya que Greta es panelista, pero incluso en este contexto se ha demostrado impredecible. La joven tenía previsto participar en el evento de Niños y Jóvenes frente al Cambio Climático organizado por UNICEF y el Ministerio de Educación, pero no apareció, dejando plantada a la ministra Isabel Celáa. Un nuevo desaire.

Los guiños no correspondidos

Lo cierto es que desde Moncloa se ha tratado de simpatizar con Greta Thunberg y el movimiento juvenil Fridays for future en reiteradas ocasiones. En el discurso inaugural de la Cumbre, Pedro Sánchez saludaba a los "millones de voces enteras de una generación de jóvenes que se niega a callar ante la degradación del planeta" y los reconocía "no como apéndice de esta cumbre, sino como actores cruciales que son". El presidente del Gobierno en funciones afectaba humildad ante los activistas juveniles: "Nuestro deber es escuchar su mensaje". 

Mucho más directas eran sus ministras. "El mensaje de Greta es muy bueno porque lo quiere trasladar a todo el mundo y por eso genera tanta atención", valoraba Ribera. "Los países del mundo tienen que escuchar el mensaje que los jóvenes nos están transmitiendo, desde pueblos, ciudades y la mitad del océano Atlántico", declaraba en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros la portavoz del Gobierno y segunda ministra plantada, Celáa. Una reciente encuesta indica que un 96% de los españoles considera el cambio climático una realidad "irrefutable" y un 65% pide legislar al respecto; Sánchez, con un Ministerio enfocado en el Cambio Climático, ha realizado una apuesta fuerte por el "voto verde".

Sin embargo, Greta no ha recogido el guante. "Los líderes políticos nos están traicionando y no vamos a dejar que se salgan con la suya, decimos 'basta ya'. El cambio viene, os guste o no", clamaba en la marcha climática. Harta de su papel de icono al que todos quieren arrimarse con intereses espúreos, ya son dos convocatorias en las que ha declinado hablar en favor primero de los jóvenes activistas indígenas y de los científicos en segundo lugar. Su intervención de más alto nivel tiene lugar en el plenario sobre Emergencia Climática del miércoles por la mañana; el Gobierno, resignado, ha dejado de buscar la foto y lo fía a la distribución de los asientos.