Olivier Bonnassies (izquierda) y Michel-Yves Bolloré (derecha).

Olivier Bonnassies (izquierda) y Michel-Yves Bolloré (derecha). Laura Mateo EL ESPAÑOL

Investigación

El libro que ha sacudido Francia: "Hemos probado que Dios existe y ser ateo es lo irracional"

"El materialismo ateo es una creencia irracional e insostenible" / "La ciencia nació en un mundo cristiano, y puso a Europa a la delantera" / "Muchos cristianos, por timidez o miedo, no se atreven a mezclar Dios y ciencia" / "La muerte del Universo es una certeza científica. El Sol se apagará".

21 octubre, 2023 02:58

Al presentar en Madrid su libro Dios. La ciencia. Las pruebas, Michel-Yves Bolloré (1945) y Olivier Bonnassies (1966) sonríen como dos chiquillos traviesos que pretendían agitar un avispero y han logrado su objetivo. Publicado en octubre de 2021 en Francia, ha desatado una controversia que arrastra por igual a laicos y creyentes con su provocativa premisa: no sólo se puede probar científicamente la existencia de Dios, sino que es la única opción racional para explicar el origen del Universo. Con esos mimbres, han vendido ya más de 250.000 ejemplares.

Es además el primer libro de Bolloré, ingeniero informático de formación y empresario de éxito vinculado a una gran familia industrial bretona. Tampoco oculta su pertenencia al Opus Dei. Bonnassies, formado en la Politécnica de París, en Comercio y en Teología, es escritor y empresario, y cofundador de la web de información cristiana Aleteia. Cuestionados por múltiples frentes -han sido acusados hasta de concordismo, un intento de volver a poner a la ciencia bajo la tutela de la Iglesia-, nada altera su predisposición cordial y dialogante

El tomo arranca efectivamente con una premisa intelectual irrefutable: los grandes científicos que han escrutado el Universo, de Einstein a Hawking pasando por Feynman o Penrose, han tenido que plantearse en algún momento la hipótesis de un dios creador. Así lo recoge un florilegio de un centenar de citas escritas por su propia mano. La polémica asoma realmente en la segunda parte, cuando se presenta bajo la lente de la demostración científica a Jesucristo, las verdades reveladas de la Biblia o el milagro de Fátima. Impertérritos, ellos abrazan la controversia: han venido a debatirlo todo, afirman, e incluso a "divertirse" en el proceso.

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Dios. La ciencia. Las pruebas. ¿Lo que afirma el libro desde el título es que han probado científicamente la existencia de Dios?

Michel-Yves Bolloré: Sí, por completo, si nos atenemos a la definición de "prueba". Hablamos de elementos materiales o intelectuales que confirman una tesis. No hay que confundirlo con una demostración matemática.

Lo comparan a una investigación policial, reuniendo pruebas que sostengan sólidamente la hipótesis de un dios creador al inicio del Universo.

Olivier Bonnassies: ¡Es exactamente así! Es una investigación sobre una única cuestión muy limitada: ¿Dios existe o no? Abrimos una docena de expedientes que no atañen solo a la ciencia, sino a los dominios de la racionalidad. Y nuestra conclusión es convincente porque converge todo un ramillete de pruebas.

El aspecto problemático, sin embargo, es que falta la evidencia final: no se puede aspirar a una prueba física y tangible de Dios en el Universo.

M.B.: Efectivamente, al lector le queda por hacer el salto final. Es como el jurado en un proceso, debe decirse: aquí están todas las pruebas, convergen hacia un mismo punto y debo tomar una decisión sobre la conclusión.

¿A quién va destinado este libro? ¿Al creyente que se afirma como persona racional y de ciencia, o al ateo materialista al que se quiere hacer dudar?

M.B.: Cuestionarse la existencia de Dios es algo muy importante. Todo el mundo debería hacerse esa pregunta al menos una vez en la vida. Este libro está destinado a todo el mundo, para que tengan a mano material sobre el que reflexionar y decidirse.

O.B.: Es exactamente así. En el mundo hay gente muy inteligente que cree y otra tanta muy inteligente que no. ¿Y yo, con mi pequeño cerebro, cómo podría alcanzar una certeza cuando tantos dudan? Pero somos como Newton: caminamos a hombros de gigantes. El mundo no es el mismo desde Copérnico ni desde Einstein, desde las leyes de la cosmología y el reglaje del Universo. Lo que queremos decirle a la gente es que esta cuestión presuntamente indescifrable no es indescifrable en absoluto.

Todos los padres de la física, resaltan, han tenido que plantearse la hipótesis del creador. Feynman habló de la 'mano de Dios' tras las leyes universales.

M.B.: Con Copérnico, Galileo, Newton, Darwin, etc., parecía que íbamos a ser capaces de explicar el mundo sin Dios. Pero a lo largo del siglo XX, hasta los científicos que no son creyentes se han dado cuenta de que eso es imposible. La revolución es que el materialismo ateo se está convirtiendo en una creencia irracional e insostenible.

O.B.: La ciencia siempre se ha basado en el principio de causalidad, y ahora hay consenso en que el Universo tuvo un origen. ¿Y cuál es la causa original, qué permite el reglaje que hace que el mundo funcione? En ese momento, la física se desborda y entra en el dominio de la metafísica. 

El autor Olivier Bonnassies durante la conversación.

El autor Olivier Bonnassies durante la conversación. Laura Mateo EL ESPAÑOL

¿Ese mismo dios en el origen del Universo es el Dios de la Biblia?

M.B.: Nuestro libro no habla de eso. Nuestra cuestión es la existencia del 'relojero', como decía Voltaire, tras este reloj hermoso, extremadamente complejo y maravilloso.

Pero hay varios capítulos dedicados al Antiguo Testamento, la figura de Jesucristo, la creación de Israel, el milagro de Fátima...

O.B.: Bueno, sí, lo que hemos querido es mostrar que todos los saberes y dominios del conocimiento convergen: no puede ser que la ciencia física concluya que Dios existe y la filosofía no lo haga. Queríamos plantear que un mundo sin Dios no permite resolver los grandes enigmas. Son enigmas más bien cristianos, lo reconozco.

M.B.: Me parece muy interesante nuestro prefacio del Nobel Robert W. Wilson, un gran sabio que explica que él, cuando era joven y creía en un Universo estable, eterno e infinito, era ateo. Con la evidencia de la expansión del Universo, se vuelve agnóstico, no creyente. Pero porque solo se fija en un ámbito del conocimiento: él mismo reconoce que, visto desde el Génesis de la Biblia, 'encaja' perfectamente. 

¿Trazar una línea desde el dios creador del Big Bang al de la religión es una forma de refutar el relativismo? ¿Tiene un sentido moral el Universo?

M.B.: Esa es la parte polémica, hay gente que no soporta que la ciencia venga a hablar de Dios. No conoce la historia del origen de la teoría del Big Bang. En el siglo XX, investigadores muy jóvenes, sin dinero, fueron perseguidos, encarcelados y fusilados porque habían descubiero que el Universo tuvo un origen y se expande. Se volvieron peligrosos para el materialismo de Hitler, Stalin y Mao Zedong.

El propio Einstein, muy espiritual, tuvo grandes prejuicios contra esta teoría antes de aceptarla. ¿Son los prejuicios un obstáculo para la ciencia?

M.B.: Siempre lo han sido. La gente reacciona de forma emocional frente a la cuestión de Dios. Hay una cita del premio Nobel George Wald: "No quiero creer en Dios, por lo tanto, elijo creer en lo que sé científicamente imposible". Por mucho que lo enfoquemos de forma racional, nos topamos con personas pasionales y que tristemente se pueden sentir frustradas por un libro así.

¿Qué dirían a los científicos que recelan de la hipótesis deísta porque temen un intento por parte de la Iglesia de retomar el control del conocimiento?

M.B.: Bueno, mucha gente tiene reacciones negativas porque asocian la idea de Dios a las prohibiciones, temen que vaya a limitar su libertad. Y no es para nada el caso.

O.B.: La Iglesia no tiene nada que ver. Son los propios sabios que, sin ser en muchos casos en absoluto católicos convencidos, llegan a un momento en el que plantean: "¡Guau! ¡Aquí tenemos un problema!".

El autor Michel-Yves Bolloré durante la conversación.

El autor Michel-Yves Bolloré durante la conversación. Laura Mateo EL ESPAÑOL

No obstante, ha habido tensiones en países que han equiparado tesis como el 'Diseño Inteligente' con la Teoría de la Evolución en la escuela.

M.B.: No entramos en absoluto en cuestiones escolares. Lo principal es que cualquiera pueda decidir libremente, con todo el conocimiento a su disposición.

O.B: Hay dos defectos frente al conocimiento científico. El primero es el creacionismo: leer la Biblia a tu manera y negar las evidencias. Eso es un error y no es razonable. Pero tampoco es razonable lo segundo: admitir que hay casualidades que el azar no puede explicar y seguir insistiendo en el ateísmo. Pensemos en los hebreos. Un pueblo pequeño sin los avances de las grandes civilizaciones. Pero ya sabían que el Sol y la Luna no eran dioses sino 'luminarias', es decir, astros. Que el Universo había sido creado y tendría fin. Que la humanidad descendía de un ancestro único. Así, hasta diez puntos que han sido confirmados por la cosmología y la antropología.

M.B.: Los ateos dirán que son casualidades. Pero si llegas a un casino y ganas una vez a la ruleta, y luego otra, y luego otra, seis veces consecutivas: ¡nadie creerá que ha sido suerte! ¡El dueño vendrá con sus matones a retorcerte el pescuezo!

Pero existe el riesgo del revisionismo: contaríamos la leyenda del tipo que ganó seis veces consecutivas olvidando que quizás perdió otras 50 antes.

M.B.: Es posible, matemáticamente...

O.B.:... salvo que, para ganar seis veces seguidas, ¡hay que jugar muchísimas más veces que 50!

¿No podrían esos azares explicarse sin Dios a medida que los modelos científicos evolucionan y conocemos nuevas leyes del Universo?

O.B.: Stephen Hawking creía en que alcanzaríamos una 'Teoría del Todo' según la cual entenderíamos mejor el reglaje del Universo y llegaríamos a esas constantes automáticamente. Su discípulo, muy ateo, ha publicado sus últimos escritos antes de morir. ¡Y resulta que daba la Teoría del Todo por imposible! Ahora ha pasado a una teoría delirante según la cual serían nuestros pensamientos de ahora los que están en el origen del Universo en el pasado. 

M.B.: Lo que usted plantea es que un día descubriremos una ley que constriñe a la gravedad a tener un valor de 6,7 en lugar de por ejemplo 6,68. Una desviación tan pequeña entre la fuerza de la gravedad y la fuerza nuclear fuerte implicaría que no estuviéramos aquí, porque haría imposible que una estrella como el sol brillase diez mil millones de años. La posibilidad de que ese reglaje ocurriera de casualidad es de una sobre 10 elevado a potencia 229. La cuestión es enorme, y muchos cristianos en Europa, por timidez o miedo a la polémica, no se atreven a mezclar Dios y ciencia.

O.B.: Podemos ir más allá. El único caso en el que la Iglesia -o la fe- han tenido un problema con la ciencia fue el de Galileo. Giordano Bruno fue ejecutado, y no fue buena idea, pero no fue por sus teorías científicas sobre la pluralidad de los mundos habitables. Y sobre los errores que se cometieron con Galileo podríamos hablar largo y tendido, pero él se basó en Copérnico, que era un monje polaco. ¡La ciencia nació en un mundo cristiano, y por eso Colón y Vasco de Gama comprobaron en el siglo XV y XVI que Europa había tomado la delantera tecnológica! 

Los autores, Michel-Yves Bolloré y Olivier Bonnassies, en Madrid.

Los autores, Michel-Yves Bolloré y Olivier Bonnassies, en Madrid. Laura Mateo EL ESPAÑOL

Dedican un capítulo a refutar una hipótesis muy en boga, incluso en la ficción: el de un multiverso infinito.

O.B.: Cuando te das cuenta que el reglaje del Universo no puede ser fruto del azar, hay solo dos opciones. Que hay un dios artesano que todo lo ha medido, como dice la Biblia, o un espíritu superior infinitamente inteligente como decía Einstein. Si niegas esto, tiene que concebir que hay una 'máquina que crea universos' en alguna parte. El 80% de los cosmólogos está trabajando en la Teoría de las Cuerdas, que calcula que la cantidad de universos paralelos es de diez elevado a potencia 500. ¡Es una cifra superior a las partículas que existen en nuesto Universo! La llaman la 'Teoría Desesperada', porque no aporta la menor prueba. En el fondo, los que se dicen no creyentes son materialistas que creen ciegamente en lo increíble.

Volviendo a Voltaire: si este Universo es el único y "mejor de los posibles", ¿es verosímil que los humanos estemos solos? ¿Somos una especie elegida?

M.B: Los cristianos no tienen ningún problema con la posibilidad de que existan otros planetas habitados. Yo tiendo a pensar que no, Olivier que sí.

O.B.: Es posible que la Tierra sea extremadamente privilegiada. Pero siguiendo la tesis de nuestro libro, la huella de Dios en el reglaje se extiende a la biología. El ADN es un lenguaje que nació perfecto hace 3,8 miles de millones de años, con una densidad de información incomparable a nada que la humanidad haya conseguido replicar. Es una tecnología inconcebible que ya está implícita en las leyes del Universo, y no hay motivo por el que no exista en otros lugares si se dan las circunstancias correctas.

Y si el Universo es único y se dirige a su fin: ¿cuál es el sentido de la existencia? ¿Una vida más allá de la vida?

M.B.: La muerte térmica del Universo es una certeza científica. El Sol se apagará como un bidón de hidrógeno dentro de cinco mil millones de años. Todas las estrellas se extinguirán una tras otra. ¿Qué pasará entonces? Einstein demostró que la materia de nuestro Universo es el espacio-tiempo, y ambos tuvieron un origen. Su causa, por tanto, no es ni material, ni espacial ni temporal: es la potencia que todo lo crea. Es la misma definición de Dios. Y si podemos interactuar con esta identidad que existe más allá del tiempo, podemos concebir efectivamente una vida eterna.

O.B.: A título personal, efectivamente, nosotros creemos que tenemos un alma, que hay una vida tras la vida y que hay que concebir el Universo como un gran escenario teatral en el que entras y sales. Habíamos pensado incluir un capítulo en el libro sobre las experiencias cercanas a la muerte. Podríamos haber sumado otras 12 a las 12 pruebas sobre la existencia de Dios. Pero como decía Michel: ¡si hay gente que sigue sin convencerse con 12, no lo hará con 24!